Club de Letras UCA (Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras)
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martes, 1 de octubre de 2019

¿Te estriñe la vida?



Imagen: Grito de Ignatius Farray, 


¿Te estriñe la vida?

He caído en el atrevimiento de analizar el mal ambiente en las redes sociales: los insultos, las descalificaciones, incluso las alegrías ante las desgracias ajenas o los deseos de que éstas se produzcan. Todo un muestrario de consecuencias, en definitiva, del odio al otro. Desafortunadamente, no he tardado ni media hora en recopilar un buen catálogo de insultos, pero, pensándolo bien, he decidido no mostrar nada de eso. Y no lo haré porque enseguida he meditado sobre quienes ejercen esa “libertad de expresión”. Y me he preguntado, más bien os pregunto, señoras y señores insultantes, qué es lo que os mueve a tanta mala baba. Recuerdo una escena, hace ya muchos años, poco tiempo después de la inauguración de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia. Estaba en la cola para comprar las entradas, rodeado de paisaje futurista y de elementos arquitectónicos muy avanzados. El interés del público fue tan grande que se formaron colas para entrar y tardamos más minutos de lo previsto, nada que no se pudiera superar con un poco de paciencia. Sin embargo, el señor que me precedía, ofuscado, no paró de decir en todo momento que “aquellas colas eran tercermundistas”. Ese es el detalle. La forma de percibir lo que nos rodea. Hace poco leí el resultado de un experimento en el que enseñaban un acuario a un grupo de occidentales por un lado y a un grupo de orientales por otro para pedirles luego un análisis de lo que habían visto. Los occidentales coincidían en analizar la jerarquía de los peces, cuáles eran los más fuertes y cuáles los más débiles. Los orientales, en cambio, hacían un planteamiento del equilibrio más complejo en todo el acuario, incluyendo paisaje, flora, colorido, etc. Curioso eso de la mirada ¿verdad? He padecido bastante de la espalda, hace algunos años sobre todo, y en los peores momentos siempre acudió a mi mente una pregunta: ¿Qué me habría pasado con esa dolencia si yo hubiera nacido unos kilómetros más al sur, al otro lado del estrecho? ¿Dónde estaría yo ahora? La mayoría de las veces no caemos en la cuenta de dónde estamos, no reflexionamos sobre nuestro paisaje social, político y cultural. Hay que exigir a nuestros representantes, sí. Y hay que exigir que nuestras instituciones funcionen con honestidad y pensando en la ciudadanía. También. Pero menospreciar nuestra democracia, echar por tierra todo lo que hemos logrado, comparar lo nuestro, nuestras instituciones, nuestro sistema sanitario, y tantas y tantas cosas de nuestra sociedad, con las de otros países tercermundistas es tener una visión muy distorsionada de la realidad. Con demasiada facilidad, cada día más, estamos llegando a valoraciones despectivas y, lo que es más grave, a la descalificación y el odio. Usamos los insultos más extremos con demasiada facilidad. Llamamos fascista y otras lindezas a cualquiera que no coincida con nuestra ideología. Hoy por una señal de tráfico mal colocada, mañana por un letrero en un ayuntamiento, pasado por cualquier pamplina en un centro de salud, y el otro por una idea política o nacionalista de un lado o del otro. ¿Qué nos está pasando? No me gustaría ser pesimista, pero el proceso de aumento del odio y el manejo de las masas a través del mismo fue magistralmente descrito por Manuel Chaves Nogales en algunos de sus libros y relatos. ¿Estamos llegando a eso mismo? Espero que no. Y repito la pregunta a los insultantes: ¿Qué es lo que os mueve a tanta mala baba? ¿Qué os ha pasado en vuestra infancia para que vuestra vida esté tan llena de acritud? ¿No hay nadie que os acaricie de vez en cuando? ¿No habéis descubierto aún la poesía de una puesta de sol o el estremecimiento ante la belleza de una flor? ¿Necesitáis acaso un buen abrazo? ¿Qué os falta para que vuestras neuronas se ocupen en tanta inquina y no de solucionar los problemas por una vía más constructiva, razonable y discreta? ¿Serán los alimentos? ¿Coméis suficiente fruta? ¿Alimentos ricos en fibra? Quizá sea eso, el estreñimiento. O quizá sea la vida, la vida misma la que se os atraganta, la que os estriñe. No os extrañe.



           Antonio Díaz González

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