Club de Letras UCA (Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras)
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martes, 17 de septiembre de 2019

Sobre las enseñanzas de El Gatopardo


*Sobre las enseñanzas de ElGatopardo.

Respuesta al artículo de D. Antonio E. Rubio Plo publicado en el Real Instituto Elcano el día 08/07/2019 titulado: “El gatopardo para analistas internacionales” a cuyo texto puede accederse en el siguiente enlace:



Foto tomada de la ilustración del propio artículo en la que figura el siguiente texto a pie de foto:

“Foto de la exhibición “Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957): un lettore europeo”. Luchino Visconti dirige a Burt Lancaster y a Claudia Cardinale en la escena del baile en la adaptación cinematográfica de “El gatopardo” (1963). Foto: Carlo Raso (Dominio público)”

Respuesta enviada al autor, sometida a “moderación” y no publicada por el Blog Elcano:

Poner los pies en la tierra sin perder de vista el horizonte mientras se hace camino.
Tal vez sea esa otra de las enseñanzas de El gatopardo.

Tras la lectura del artículo no logro deshacerme de ese conocido regusto de sabor (efectivamente barroco) tan seductor como tópicamente sureño; muchos dirían que realista, justo en el momento en que viene a mi memoria la pregunta que se hace de Isaiah Berlin en El Poder de las ideas:

 “¿Es posible que haya algo erróneo en aquellas teorías que son refutadas de manera tan obstinada por la práctica?”

Al reflexionar sobre las lecciones de El gatopardo e intentar dar respuesta a la pregunta de Berlin, creo que debemos tener en cuenta el hecho constatable de la evolución de las sociedades humanas desde el origen de los tiempos hasta ahora. Obtener esa perspectiva tan amplia quizá nos ayude a ver las cosas con el merecido optimismo alejándonos entonces de aquello que puede entenderse como “el socorrido realismo de los realistas” y que en realidad no deja de ser una figura semántica con la que muchas veces se pretenden justificar actitudes básicamente despiadadas, ruines o crueles.

No hemos de olvidar que el realismo asociado a las bajas pasiones del alma también puede identificarse con el de las más sublimes, pues humanas y reales son ambas categorías. ¿No se trata entonces de una cuestión de elegir?

El análisis que nos presenta el artículo de D. Antonio E. Rubio Plo sobre El gatopardo, es efectivamente el que podría hacerse en una escuela de alta política, aunque no el único, y es aquí donde radica la cuestión central, que a mi modo de ver, reside en la interpretación que podemos hacer de los sucesos que nos rodean en relación con el objetivo que como personas decidamos trazarnos en nuestra vida. Y es que el conocimiento, la educación y la autoestima que tengamos como personas y como pueblo, juegan en este asunto un papel crucial, (valga el ejemplo del El Gatopardo) no nos olvidemos que abandonarse en brazos de un Morfeo siciliano para gozar sin molestias de sus plácidos sueños, normalmente lleva consigo la pérdida de un atributo exclusivamente humano que resulta ser ejercitado por aquellos humanos que mantienen el compromiso de incorporarlo a su modo vida: la libertad. Y, mucho me temo que el ejercicio de la libertad no es precisamente cómodo, e incluso productor de desvelos. Ocurre con la libertad exactamente igual que con el aprendizaje en la escuela, en la universidad y en la vida misma, es decir: que necesita del incómodo y sostenido esfuerzo de estrujarse las meninges.

Pienso que El gatopardo también nos enseña eso.



            Manuel Bellido Milla.

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