Club de Letras UCA (Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras)
Director: Profesor de la UCA Dr. José Antonio Hernández Guerrero
Coordinación del blog:
Antonio Díaz González
Ramón Luque Sánchez

Contacto y envío de textos:
clubdeletras.uca@gmail.com


lunes, 23 de febrero de 2026

Deseo del corazón

 

Deseo del corazón

 

¡Ojalá! que las rutinas se transformen en sorpresas

Que los enfados se tornen sonrisas

Que la tristeza se invierta en esperanza

Que tu cabeza y corazón no discutan

Que el infierno y paraíso que te habitan se unan

para hacer tu vida más llevadera. ¡Ojalá!


© I. Canales

Aceptación antinatural

 

Aceptación antinatural

¡Cuando el dolor desgarra!

 

Ante el profundo dolor que va apareciendo en distintos y escalonados borbotones, velados, enfurecidos en su erupción y expansión, donde la fuerza interna que une en sinergia cuerpo, mente y la parte sutil se va resquebrajando, donde los propios gigantes tectónicos están presentes y se hacen notar a través de los chasquidos intermitentes que impide la audición, donde el intelecto se nubla, apareciendo el voraz automatismo; sale a escena tu propia inercia que trabaja por ti, donde una materia esponjosa, casi opaca, se expande, presionando el cráneo y se adueña del espacio.

 

Y el escozor de la herida continúa llevándote al ahogo que a través de los suspiros te mantiene, donde el dolor asfixia en su lacerante estado.


©Isabel Canales

viernes, 9 de enero de 2026

ELOGIO A LOS LIBROS

 

ELOGIO A LOS LIBROS

Debo ser bastante apasionado, porque creo que por los grandes y aparatosos libros de la antigüedad deben correr ríos de sangre. Los relatos orales son los primigenios libros de la Protohistoria del homo sapiens. Han pasado milenios, desde que los libros se convirtieron en clarines de la Historia, de los atavismos tribales del pasado. Quizás por eso me encantan las historias pasadas. Los relatos de nuestros predecesores, de nuestros ancestros, nos aportan conocimientos semióticos de su idiosincrasia humana. La crueldad y doblez del individuo asocial es minimizada, apaciguada por los escribas de cada siglo, de cada milenio que se va acumulando en la imaginación de lo poético y de lo estrictamente riguroso. Las guerras santas son propaladas por los dioses y sátrapas sanguinarios, que van exterminando culturas ya asentadas en sus territorios. Pero el ave fénix siempre renace de sus coqueteos, envolviendo con rigores a esas almas que cuidan y atesoran los libros que nos enseñan la Historia y los avances de la verdadera Humanidad.

 


Diálogo con un poeta

¿Te imaginas un mundo sin libros?

sería el caos sin receta lírica.

Tú y yo amamos los libros,

nos gustan como huelen,

nos encantan las historias que narran,

exploran nuevos mundos, primigenios lugares.

Los libros son nuestros amigos,

compañeros de alma culta y alegre.

Contienen la historia de nuestras vidas

y también los secretos del mundo.

¿Tú sabes por qué los libros se parecen?

Porque están encuadernados

con la piel de su autor.

Amigo poeta lee, escribe y vive

recuerda que estar vivos

no significa vivir…

Los libros se escriben

 con frases en letras de oro,

y bellas palabras que salen

de nuestros pájaros del sueño.

 

                Vicente Muñoz Jiménez

CUATRO ESTROFAS NAVIDEÑAS

 

CUATRO ESTROFAS NAVIDEÑAS


 

Llega la fiesta NavideÑa

y de todo el mundo se adueÑa

Con ansiedad te evoca,

y debes atemperar tu boca.

 

La Navidad nos regala enseÑas,

y nos seduce a todos con amor,

y a querernos todo el año con primor,

y no sólo en las fiestas NavideÑas.

 

Déjate atrapar por el espíritu que domeÑa

y que tu amor sea tu reseÑa.

¡Deja la ira!, que es hora de amar,

una melodía alegre debe sonar.

 

¡Vamos!, déjate llevar y sueÑa,

que esta fiesta es tu contraseÑa

y todos los años te anima

a querer a esa blanca cigüeÑa.

 

 

***

             Vicente Muñoz Jiménez

 

miércoles, 15 de octubre de 2025

La Polilla, de Isabel Canales

 

La Polilla

 

Como palomilla en vuelo,

me deslicé en tu armario,

me instalé por añoranza,

sin dañar tu suave ropa,

la que guarece y arropa,

ante el frío y su amenaza.

 

La ternura en el recuerdo,

de tu pérdida extrañada,

cuando el destino me pone,

el candil frente a la cara.

 

Sin romper lo que venero,

el destino suave avanza,

me invita a mirar profundo,

sin cegarme la esperanza.

 

Asoma lo adormitado,

su sombra me alumbra,

la terneza va reptando,

el respeto sabio encumbra,

y el anhelo, llama asustado.

 

             Isabel Canales (10-2025)

La Recoleta, de Isabel Canales Martínez

 

“La Recoleta”

 

Llegué a Buenos Aires; iba a visitar a unos amigos que trabajaban en el teatro: Darío era dramaturgo y Stella, actriz. Me recogieron en el aeropuerto y, durante el camino, me explicaron: se ausentarían por dos días porque estaban terminando la temporada fuera de Buenos Aires. Llegamos al portal, subimos al piso, me enseñaron la casa, me asignaron una habitación, entregaron las llaves y se marcharon, no sin antes insistir: "Veas lo que veas, sigue tu ritmo como si nada pasara". Me quedaba sola en una casa desconocida, y cierta inseguridad. Salí a dar un paseo por la ciudad. Estaba en La Recoleta, un barrio precioso con parques, librerías y alguna cafetería con restauración. Al volver, llegué cansada, opté por relajarme en el jacuzzi; mientras estaba tumbada, me pareció ver una sombra negra. Asustada, me fui directamente a dormir. Dormí de forma intermitente. Por la mañana me dirigí a la cocina, donde había una bandeja preparada con vajilla y alimentos. Mientras elegía, volví a ver a la figura de negro, una mujer mayor con moño canoso. La inquietud aumentó. Desayuné en el comedor y, de nuevo, sentí su presencia. Terminé de desayunar, me preparé y salí hacia el puerto, a La Boca.

 

A media tarde, regresé al piso. Sonó el teléfono, pero no lo descolgué. Me fui a la habitación a consultar en los mapas mi recorrido. Oí ruidos en la casa. Quedé inmóvil en el sillón, mirando hacia la puerta, sintiendo que alguien estaba detrás, a punto de entrar. Sentí cómo el miedo se apoderaba de mí, cerré con pestillo y me encerré en la habitación a leer, hasta la mañana siguiente. Decidí tratar de ignorar cualquier situación estresante, pero la ansiedad seguía allí: taquicardia, sudoración, una sensación de desasosiego que no me abandonaba.

 

Durante el desayuno en la cocina, ocurrió lo mismo que el día anterior. Intenté no prestarle atención. Sonó el ascensor que daba al pasillo. Escuché a mis amigos, notaron mi nerviosismo, brevemente les informé, fuimos a la cocina; emitieron un nombre y la presencia apareció. La presencia, sin emitir sonido alguno, ayudó a los propietarios, retirando las maletas y se marchó. La presentaron como la mujer del conserje que trabajaba allí. Cogidos por los hombros entre risas, nos fuimos al salón a tomar un café.


Isabel Canales Martínez

Revista Speculum del Club de Letras UCA, números del año 2025.

 










martes, 14 de octubre de 2025

AQUELLA NOCHE

 

AQUELLA NOCHE

Francisco Herrera López

 

      Quizás no supo lo que hacía, era de noche, o quizás lo llevaba esperando, quería probar si era realmente amor o la llanura del deseo.

     No supo decirse después a ella misma que la mantuvo atada, qué fuerza del destino esperaba, por qué rehuyó acercar su boca a la otra boca que la buscaba para amarla, por qué no humedeció sus labios y los mantuvo quietos, quizás no supo amar.

    Una mano suave, sin apenas rozarla, una débil caricia por toda la cara no sustentaba el amor que deprendía. Trató de sujetarla ella, con tan solo con una palabra. Pero aquella noche no era la noche. Sin saber por qué no era la noche, para calmarse a sí misma tantas veces, se lo dijo, pero la noche no le dejó conciliar el sueño, tal vez esos labios tan cerca la asustaron ¿Era recorrer en la oscuridad sus miedos o desatar una pasión escondida?

       La noche no tuvo piedad con ella, ni con él. La Luna se despidió solitaria, no quiso ser cómplice de su decisión. Él esperaba dormir y no dormía, trató calmar su respiración, pero era como un pequeño volcán donde la lava no aparecía.  Ella tampoco dormía. el sueño no la encontró, sabía que el día siguiente era un misterio como todos los días sin salvación, y que las huellas del día anterior serian un fuego o una  llama sin apagar o peor, una tragedia sin sangre. Tal vez alguna vez se arrepintió, pero aquel deseo jamás volvió a  encontrarlos.

LAS PALABRAS TIENEN CALLES

 LAS PALABRAS TIENEN CALLES

                                             Francisco Herrera López

Ayer no lo creía,

pero sí, tienen las palabras calles,

quizás sin números, como el amor.

Nadie dice te amo en el veintisiete,

pero entiéndeme, sigo sin llamar o clamar…

La palabra es consecuente y rara a la vez

no tiene una guía, a veces labios que engañan

y quieres creer lo que quieres creer

para no irse de vacío y sin consuelo.

 

Leí a Rosales, Luis, y me convencí:

las palabras son calles interminables

que habitamos sin dejar aliento,

vamos pisando lentamente, mascando sonidos,

a veces no le hacemos caso y nos reímos,

quedan perennes y desconsoladas,

se llevan a los incrédulos a pasear en ellas.

Como no tienen nada que decir, las dejan blanqueadas, vírgenes,

ay, de aquellos que se van a las tumbas sin saliva

porque dejaron huérfanos sus labios

y no encontraron la dulzura de la calle del amor

o quizás del desconsuelo o la amargura.

Todo ello va unido a la palabra y sus correspondientes calles,

nos agarramos a cada paso y a cada palabra para remediarnos,

para unir sentimientos y navegar sin destinos.

Así seremos felices y podremos convertir los silencios,

los tristes silencios en recovecos del alma.

Somos perecederos y eso nos importa

sí caemos en la cuenta de que solo vivimos una vez.

 

FHL, mayo 25

lunes, 18 de agosto de 2025

¡Un instante único!

Cuando estás centrado en la vida

en su cotidianidad, en la dedicación,

que supone el vivir y el cuidar,

su comprensión, el estudio y la entrega,

el esfuerzo que conlleva la atención.

 

¡No eres consciente de lo que estás construyendo!

 

Solo después de un largo tiempo, en un instante,

con una sola visión en tecnicolor, ves.

 

Estás en estado retrospectivo inconsciente,

viendo claramente tu corto espacio de vida,

que supone tu existencia en esos años,

sí presente estás en los que tienes cuando lo ves.

 

La multiplicación de imágenes es tridimensional.

Te ayuda a ser consciente, te hace levitar, ausentarte,

verlo desde una perspectiva caleidoscópica.

 

Viajas entre las alas de un alazán, por tu vida.

Un instante inconsciente, vibrante, efímero y volátil es.

Están todos los detalles, todo te es familiar, lo recuerdas,

lo sientes, te cargas de emoción y de agradecimiento.

 


Isabel Canales, agosto, 2025

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