Club de Letras UCA (Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras)
Director: Profesor de la UCA Dr. José Antonio Hernández Guerrero
Coordinación del blog:
Antonio Díaz González
Ramón Luque Sánchez

Contacto y envío de textos:
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viernes, 11 de enero de 2019

Del esplendente Mar Del perseguido Amor




PRÓLOGO


Hay encuentros fortuitos que sin embargo provocan con el paso de los años intensas historias de amistad y/o de amor. Así se puede calificar la entusiasta relación que Juan R. Mena ha mantenido con la Poesía, así con mayúsculas.  Fue puro azar y muy llamativa la manera en que este isleño universal tuvo conciencia de que existían los poemas y de que estos tenían la facultad de interpretar el mundo y de interpelar al tiempo. El descubrimiento supuso para él un cauce para expresar alegrías y tristezas, derrotas y utopías…

Todo empezó mientras hojeaba uno de los tebeos para señoritas que atesoraba su hermana. Hay que imaginar que ya llevaba dentro una predisposición para lo inmaterial y lo sublime. Lo cierto es que Juan quedó prendido por el ritmo cadencioso que encierra la buena poesía y por la emotividad que es capaz de despertar en el espíritu del lector. A partir de ese momento leyó la obra de los más diversos autores, al tiempo escribía versos sin descanso. La pasión y el deslumbramiento lo acompañaron en esta etapa de su vida.

Debo resaltar el enorme esfuerzo que debió realizar un joven criado en un ambiente humilde en el que los libros de cualquier tipo brillaban por su ausencia. Así era entonces nuestra España, en la que había que buscarse el sustento día a día y en la que no había tiempo para la cultura y mucho menos para la cultura y la poesía.
El descubrimiento de la Literatura despertó la conciencia del poeta llamado Juan R. Mena. Pronto se dio cuenta de que si quería mejorar y evolucionar en su producción literaria solo podía hacerlo a través de las herramientas que le proporcionaría el estudio. Primero estudió Bachillerato y después se licenció en Filología Hispánica. Mientras lo hace va ganando algunos premios literarios y publicando sus primeros libros.

Hay que catalogar la obra poética de Juan R. Mena de ingente, variada y profunda. El motivo de esta grandeza es que no se conformó nunca con transitar los caminos trillados ya por otros. Primero dominó las formas clásicas, como el soneto, el romance o la décima que estaban tan en boga en la España de la posguerra. Quiso más, para ello se alejó de ese clasicismo amanerado y lastrado por la costumbre con la intención de llegar a una nueva poesía. Originalidad en los temas, un lenguaje poético novedoso y la búsqueda de nuevas formas fueron sus metas. Fue así como también se sumergió en la poesía arábigo-andaluza, quería esa sensualidad y armonía que la caracterizan.

Mientras tanto fueron apareciendo algunos de sus más importantes libros, como Sísifo, Prohibido paraíso o Un resplandor enciende hoy mi memoria, por citar algunos de ellos. A destacar La Araucaria, antología poética publicada por el Ayuntamiento de San Fernando y precedida de un profundo estudio de Enrique Montiel.

El libro que estoy presentando, DEL PERSEGUIDO AMOR, DEL IMPOSIBLE MAR…       (Antología poética de mar y amor) es una recopilación de poemas publicados por el autor entre 1980 y 2013. En él hay poemas de obras como Desnuda claridad y Fiebre de verano.

Con esta selección, ha buscado el autor enfrentar dos realidades insondables y convulsas al mismo tiempo: amor y mar (o viceversa), dos conceptos que simbolizan lo infinito e inabarcable, la pasión y la agonía, y también representan una alegoría de la elevación espiritual y esa dulce aspiración, tan humana, de tranquila felicidad mientras soñamos despiertos.

Mar y amor constituyen de este modo dos substancias que se funden en una para conformar un manifiesto de lo que debe ser la poesía, la pasión y la vida. Se convierten así en retratos de lo que es nuestro cambiante planeta y de los sentimientos que alberga nuestro corazón.

Para crear esa etérea y vívida atmósfera, utiliza Juan R. Mena dos recursos. El primero es la apasionada búsqueda de un lenguaje literario de altura: hablo de la metáfora innovadora y de la imagen provocadora y luminosa. Lo consigue con unos textos sublimes, que consiguen enfrentar intelecto y sentimientos, paráfrasis de lo que es la existencia humana.

El otro recurso es la métrica, de la que el autor es  estudioso y maestro. Nada hay en el poemario que suene a improvisación. Huye deliberadamente de esa dictadura del verso libre –rara vez lo utiliza- que tanto está empobreciendo la poesía actual. Son muchos los tipos de versos que utiliza, desde el endecasílabo y el alejandrino hasta un verso de veintidós sílabas, y algunas más –no es verso libre, no, juega con heptasílabos hasta conseguir ritmo y musicalidad-, con ello busca la construcción de inmensas realidades poéticas, como esos mares y amores que trata de delimitar y definir. El lector queda así impresionado, suspendido entre el propio escenario en el que vive y esa otra imagen lírica que emerge ante su intelecto para zarandearlo y abrirle los ojos. Cuando lo hace se encuentra ante una visión distinta del mundo y de las cambiantes formas que lo delimitan, como lo volátil del amor y del perfil de las olas.

De dos maneras nos presenta Juan el mar. Una es cuando lo denomina “el mar”, en masculino. Sus olas y bramidos resuenan en los oídos del lector para romper su tranquilidad, nos presenta entonces a un inmenso océano, que se erige en una latente amenaza, como todo lo que nos supera y nos es desconocido. Nos habla entonces de lo insondable e inabarcable. Distinto es cuando escribe de “la mar”, se refiere ahora a ese otro mar en el que se bañaba cuando era un niño, a esa playa en la que soñaba ser escritor mientras paseaba. Es este un mar femenino, dulce y sereno, casi maternal, alegoría de puerto y camino por el que transitar arrobado por el vuelo de las gaviotas y la belleza de un atardecer.

Igual pasa con el amor, cálido y sosegado unas veces, pero bucólico y dulce cuando mece a los enamorados con la música de lo infinito y la felicidad. El autor desnuda los sentimientos humanos para mostrarnos todo un catálogo de lo que es el enamoramiento y la pasión erótica, que es su culmen.

Significativa es también la forma con la que enaltece el mar y el amor, mientras que el amor está descrito utilizando esencialmente el soneto, con su estructura tan definida y su rima tan musical, para representar el mar utiliza el verso largo, que envuelve todo con sus palabras como si fuesen la espuma de las olas al romper contra un acantilado.
En el fondo, lo que subyace en toda la obra es un diálogo entre el mar, el amado y la amada, capaces entre los tres de crear un atmósfera lírica que estremece y enerva los sentidos al mismo tiempo.

Leer a Juan R. Mena siempre es un deleite, en este caso también es un aprendizaje de lo que es la forma poética y de cómo jugar con las palabras para crear emociones capaces de sorprendernos y estremecernos.



         Ramón Luque Sánchez

lunes, 8 de agosto de 2016

El desván de la memoria. Reseña.

El desván de la memoria, de Mª del Carmen Rodríguez

Reseña
por Juan Mena





Precedido de pensamientos de autores clásicos, una introducción de la autora, un prólogo del profesor de Teoría Literaria de la Universidad de Cádiz José Antonio Hernández Guerrero y un capítulo de agradecimientos de la misma  autora,  así como unas  dedicatorias, los pensamientos se van sucediendo  en un primer  bloque de 600, en forma de dos líneas, una segunda  parte titulada “El tiempo entre  mis manos” y otra final que lleva por título “Otro pensamientos más extensos”.


          Tanto en Occidente como en Oriente, la tradición aforística ha tenido autores  renombrados,  desde  Lao-Tzé  y  Confucio  en  China,  hasta  los Presocráticos  en Grecia y Séneca en Roma, si nos atenemos nada más que al mundo clásico.




            No es nada fácil condensar en dos o tres líneas una idea que ha de tener  una  aquiescencia  universal,  y es  que  no  hay  pensamientos  con marchamo  de  aforismo que  sea  subjetivo,  sino, todo lo contrario, ha de presentar  una  validez  que  convenza  a todos  los individuos,  incluso de civilizaciones  distintas, incluso a gentes de diferentes épocas. Para ello la literatura  gnómica  se  vale  de la concisión. La economía verbal ha de ser rigurosa. Un  pensamiento largo puede parecer que traspone el límite de lo preciso  y entonces no satisface al buen degustador de la sentencia; de ahí que  la  justeza  sea  la  divisa  de  ese  género  literario  colindante  con la filosofía,  pero  no  confundido  con  él.

           Si nos preguntamos sobre qué temas versan los pensamientos de la autora de El desván de la memoria, diríamos que sobre la índole humana, que es también un campo abonado para ese tipo de discurrir por medio de la palabra:

Dicen que la vida es muy injusta,
pero es el hombre quien no hace justicia en ella.

El único derecho humano que se cumple:
el que todo hombre tiene a expresar sus lágrimas.

Sé feliz mientras puedas,
que las desgracias nunca llaman a la puerta.

Los peores momentos de la vida
son los que nos vuelven más humanos.

Sufrir por lo que no se puede evitar,
hace que la vida sea doblemente dura.

Hay que valorar a las personas por lo mejor que tienen; 
así cerraremos los ojos a lo que les falta.

La vida se divide entre el bien y el mal:
el amor y la destrucción van siempre juntos.

              He aquí  una  muestra  de  esos  pensamientos  que  hablan  de la sensibilidad de la autora y, como dice el profesor Hernández Guerrero, es “Una amable invitación para que reflexionemos serenamente sobre nuestro mundo…” De hecho, María del Carmen Rodríguez no hace otra cosa que trasladar a la palabra sus reflexiones acerca de la índole humana tanto en el orden social como en el íntimo, concibiendo el libro, como dice el profesor Hernández  Guerrero,  bajo  la  forma  literaria  de  un  “cuaderno de notas donde  se  recogen  observaciones  y  bocetos  sobre  temas muy diversos”, recordando los consejos,  a modo de proverbios, de Antonio Machado, como recuerda el citado profesor y que ella sintetiza así:

No huyas del fuego que te quema
y te escondas en la solidaridad con otros.
Pon primero en orden la hoguera de tu casa.

El desván de la memoria es un libro que nos despierta pensamientos propios  que quizás  olvidamos  en  el tumulto  de las cosas diarias. Y con repensarlos nos da  la posibilidad  de  meditar sobre sus motivos, tan de la vida  de  cada día. La autora  condensa  en  estos  pensamientos una jugosa experiencia de la vida que la mayoría de la gente descuida y muy pocos son los que hacen honor a esa experiencia y la visten de gala con una escritura sencilla y a la vez profunda como ésta. Sus compañeras y compañeros de la tertulia Río Arillo nos sentimos dichosos de que una de sus miembros deje a los que leyeren esta riqueza de sensibilidad enriquecida por la experiencia en forma de lenguaje.


         Juan Mena

lunes, 22 de junio de 2015

Homenaje a Leopoldo de Luis, Jimena, 5-6-2015


Leopoldo de Luis                    Jimena, cinco de junio de 2015



                                                          
En una de las diversas conversaciones que mantuve con Leopoldo de Luis sobre nuestra común convicción de que la literatura es una manera intensa, profunda, consciente y humana de explicar, de interpretar y de vivir la vida, él me dijo exactamente las siguientes palabras:

Te voy a hacer una confidencia de un hecho que aún no he revelado a nadie. Mi manera de concebir la poesía se la debo a las experiencias hondas que viví en Jimena de la Frontera. Fue allí donde descubrí la relación directa que existe entre la estética, el pensamiento y la vida. Fue allí donde comprendí que
-        los poetas hemos de ser la conciencia de nuestro tiempo,
-        los que hemos de establecer los vínculos de comunicación con nuestros conciudadanos,
-        los que hemos de señalar las vías desde la que se divisan nuevos horizontes para vivir de una manera más consciente.
-        Sí, la poesía es el lenguaje más apropiado para que los seres humanos nos hagamos conscientes de los significados de nuestras vidas.

Yo interpreté que, con estas palabras tan teóricas, Leopoldo de Luis trataba de decirme que era en Jimena donde se había enamorado de la mujer de su vida con la que, después, se casó. Pero él me explicó que, además, quería definir la dimensión existencial, la proyección social y el compromiso vital que contraía al decidir seguir su vocación poeta.

En esas conversaciones, intercambiamos nuestras ideas sobre la influencia en nuestras vidas de las múltiples vivencias desarrolladas en este pueblo fronterizo, asentado sobre la roca firme de su historia milenaria y de sus tradiciones ancestrales. Aquí fuimos protagonistas los dos de unas experiencias hondas que los dos recordábamos con gratitud porque nos habían ayudado de una manera decisiva a contemplar los sucesivos episodios vitales con serenidad y a mirar el futuro con esperanza y con ilusión.

Y es que este pueblo, romano, visigodo, bizantino y musulmán, nos descubrió esos secretos vitales que guarda celosamente en sus entrañas, y nos proporcionó las misteriosas claves de un futuro esperanzado y, también, las explicaciones profundas de nuestras vidas.

Y es que este enclave entre las estribaciones de la Serranía de Ronda y el bullicio de la febril actividad de la Bahía de Algeciras, encrucijada de caminos, un lugar de encuentros, foco de contrastes físicos y de choques culturales, sobre todo, cuando subimos a las alturas de su castillo nazarí, nos hizo posible que contempláramos con serenidad no sólo las violentas alternancias entre las intensas precipitaciones y las pronunciadas sequías, entre la exuberancia de sus naranjales y la desnudez de sus peñas, sino también el permanente contraste en el que se resuelve la vida humana entre la alegría y la tristeza, entre el dolor y el bienestar, entre la abundancia y la escasez y, en resumen, entre la vida y la muerte.

Los dos ámbitos geográficos opuestos –los montes pelados y la densa arboleda del Parque Natural de los Alcornocales, ese último bosque mediterráneo de Europa que es un sorprendente capricho de la Naturaleza, nos ha explicado la biografía y la idiosincrasia de los hijos que aquí han nacido o de los que hemos sido adoptados por vuestra cariñosa acogida.

Es en Jimena donde han nacido los impulsos que nos empujan hacia la búsqueda de la armonía entre aspectos duales de la existencia. Es aquí donde  han germinado los irrefrenables estímulos hacia la convergencia de las fuerzas contrapuestas de la vida humana.

Y es que Jimena es un pueblo viejo, sabio e imaginativo, épico y mítico, acostumbrado a sufrir y a soñar, realista y romántico, amante del silencio y de la intimidad. Si es cierto que sus gentes son desacralizadoras, también es verdad que profesan una ferviente devoción a la Reina de los Ángeles.

Es comprensible que este paisaje tallado con el fino filo de los vientos y con los agudos dientes de la sequía haya favorecido la aparición de gentes despiertas, que están alertas y prontas para la lucha y, al mismo tiempo, propicias para la contemplación serena del discurrir del tiempo, para el disfrute de los cambios, para la creación artística, para la música, para la pintura, para la poesía, para la historia y para la entrega a la meditación, como quien mira el mundo por primera vez.

Fíjense, por ejemplo, cómo Leopoldo de Luis, observador ávido, soñador e idealista que, comprometido con sus gentes y atornillado a su suelo, siempre fue un cultivador de utopías. Dotado de un corazón libre y un poco salvaje, estaba marcado por una permanente búsqueda de sentido en dirección al abismo de la interioridad, por una pasión por el lenguaje, por la tendencia tenaz, incesante y obsesiva, a decir lo inefable, lo que nos toca más a fondo el sentido mismo de nuestra existencia.

Leopoldo de Luis era un hombre sencillo, que aunaba la claridad y la pasión, la moderación clásica y el ímpetu romántico; era una persona inquieta, intuitiva y, sobre todo, buena, que se alimentaba de silencio para escuchar las voces íntimas que le hablaban sobre la vida y que, volviendo de manera permanente a sus orígenes, prefería simplemente, la vida desnuda, sin adornos o, mejor, adornada de la misma desnudez. Esperanzado, nos explicaba con sus versos cómo el amanecer gris de algunos días aciagos se transforma gracias a  la luminosidad del amor.

En su libro Alba del hijo, por ejemplo, recoge el tema que domina su poesía, el dolor del hombre sobre la tierra y su impotencia ante la crueldad de nuestro tiempo. Es el lado desolador de la vida, desde donde se pregunta por la verdad y por la felicidad, acosado por sombra, presagio de la muerte. En otras obras como, por ejemplo, El padre (1954), y El extraño (1955), sigue una línea existencial utiliza la vieja imagen del hombre que vive desterrado del paraíso.



La señal
Mirad los valles claros, los tranquilos
campos de Dios que abril puro hermosea.
Los horizontes donde azules hilos
tejen la luz, como ave que aletea.

Ved los hondos paisajes reflejados
en el humano que por ellos yerra.
Los rostros de los hombres van signados
por la limpia hermosura de la tierra.

Como estos encendidos panoramas
es el hombre, paisaje en carne ardiente.
Como al árbol, el sol dora sus ramas.
Como a la tierra, el aire da en su frente.

Sólo una lumbre extraña hay que rubrica
su mirada y sombría la convierte,
que a un tiempo lo condena y purifica:
es la roja azucena de la muerte.

                              El extraño                                                                                     

      

 José Antonio Hernández Guerrero

domingo, 14 de junio de 2015

Presentación del Acto de Clausura del Club de Letras. Homenaje a Leopoldo de Luís. Jimena de la Frontera, 5 de junio de 2015





¡Qué bonitos textos hemos podido compartir, leer y disfrutar durante este curso!¡Cuántos buenos momentos hemos vivido en San Fernando,  en Algeciras, en Cádiz y Jerez, cuando celebramos el día de las letras, o cuando nos hemos reunido para destacar a escritores de ayer o de hoy que han dejado su grano de arroz en este arrozal literario a través de revistas, tertulias, y de sus  libros!

La revista Speculum ha seguido su trayectoria expresiva abierta a todos los países del mundo. Se edita con formalidad y dedicación compartida, con ilusión y con compromisos de mejora, no solo por el consejo de selección de la revista sino por los participantes y miembros del club a través del esfuerzo formativo individual, actualizando sus lecturas, repensando nuevas expresiones, metáforas y símiles poéticos, en el contenido de sus producciones.

Por otro lado, el club se ha beneficiado de exquisitos textos de reflexión enviados por nuestro profesor que nos sumergen en el análisis de sus contenidos y en el posicionamiento personal. También durante este curso se ha iniciado el blog del club de letras de la UCA de inestimable valor que nos conecta con otros blogs y páginas webs de interés literario.

Tampoco podemos olvidar el capítulo de las reseñas bibliográficas que nos posibilitan el poder compartir los propios descubrimientos literarios.

Si todas estas actividades por sí sola son ricas en aportaciones, actualmente conforman una buena obra sumatoria, con nuevas definiciones del vivir, con testimonios poéticos, con afán de superación personal y literario por un grupo de personas que pertenecen a la provincia de Cádiz y que reconocemos que sin el apoyo ambicioso, estimulador y facilitador de Jose Antonio Hernández no hubiera sido posible, al menos de esta forma.

Y para terminar, una vez hecho éste breve recorrido del curso del Club de las Letras, nos abrimos al poeta y escritor Leopoldo de Luis, a través de la palabra de José Regueira, historiador, farmacéutico, editor, cronista oficial de Jimena, Consejero de número del Instituto de Estudios Campogibraltareños y hombre investigador e inquieto en el conocimiento de la cultura Campogibraltareña.




Este acto de clausura se dedica a Leopoldo de Luis (1918-2003), poeta, ensayista y crítico literario cordobés, de contenido existencialista: “El olor es un hilo de Ariadna que nos lleva de la mano fuera del laberinto".





Leopoldo de Luis, cuyo verdadero nombre es Leopoldo Urrutia, considerado como un valioso representante de la poesía de la post-guerra, un testimonio intencional de la realidad social de su época, en la que nos encontramos con una población abatida y cautiva, explotada por el uso de los prisioneros que hacía la dictadura -los batallones de trabajadores.

Leopoldo de luís nace en una entorno intelectual y su hijo Jorge Urrutia igualmente desarrolla su espíritu inquieto e intelectual. Catedrático y directivo del instituto cervantes. Fue hermanastro de Paco Umbral aunque no coincidan los apellidos. Umbral escribió de él en un artículo en el país:

“Leopoldo de Luis era de ojos pequeños y maliciosos, nariz grande, boca inexistente, rostro un poco rojizo, fácilmente alegrado, subido de color de la risa, y venía de sus oficinas de seguros lleno de versos, de cultura, de conversación, de chistes malos y poemas buenos. Escribía una poesía en la música de Miguel Hernández, hecha de humanidad y socialismo, con gran sentido de verso, gran ductilidad lírica y una melodía grata y honda, monótona y cierta, que daba gran calidad a todo o suyo”.

Su obra es variada. Si escribe poesía, con hondura expresiva y pensamiento sereno, con inquietud existencial, su producción como crítico literario es igualmente sobresaliente. Escribió sobre los poetas de las generaciones del 98, 27 y 36; realizó una antología sobre poesía social 1965 y sobre poesía religiosa, de gran valor histórico y, destaca la recogida  antológica de poemas de su amigo Miguel Hernández. Sin duda, él ha contribuido a que el patrimonio poético perviva y aumente.

Entre sus premios destaco el premio León Felipe a los valores humanos y el premio nacional de las letras españolas en el 2003.  

Sirvan de colofón estos versos, como mejor emblema de su contenido existencialista:


“La vida es una droga/que produce adicción, y bien mirado/más hubiera valido/no haber sido felices”.


Josefina Núñez

martes, 12 de mayo de 2015

El Silencio de los Profetas

                                           
 Comentario Crítico
         “El Silencio de los Profetas”    de  José Antonio Hernández Guerrero.


          Hace unos meses, después de mucho buscarlo, porque me gusta leer en papel, llegó a mis manos la novela “El Silencio de los Profetas”,  y puedo asegurar que su lectura fue tan intensa, que me vi sumergida en su interior y traspasando puertas que, a lo largo de la historia, habían estado censuradas. El libro está ambientado en el Cádiz de postguerra y el autor  bucea en la forma de ser, de pensar y de sentir los andaluces durante la Dictadura Franquista, y describe unas actitudes y unas conductas que, a mi juicio, en líneas generales, se podrían hacer extensibles al resto de la nación. Es una obra que  ayuda al lector a introducirse, no en la Historia de España, sino en la intrahistoria del pueblo español.


         José Antonio Hernández Guerrero, Catedrático Emérito de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Cádiz y Coordinador del Club de Letras de la misma, gran humanista y excelente ser humano, tiene publicados más de 40 libros sobre temas teóricos y cerca de 300 artículos de investigación, una prolífica obra que está en constante crecimiento. Entre su extensa bibliografía, cabe destacar: ” El Arte de la Escritura Literaria”,  “El Arte de no envejecer”, el ensayo “El Arte de Callar” y el Manual de comunicación médica y sanitaria “¿Curan la palabras?”. Libros que no dejarán indiferente al atlético lector, que se proponga adentrarse y hacer un recorrido entre sus páginas.


         Pero José Antonio –como a él le gusta que lo llamemos- también ha escrito  poesía  y  novela, como es la comentada al principio. Y, según sus propias palabras, la escribió  animado por los compañeros de su gremio y estimulado por los miembros del Club de Letras. “El Silencio de los Profetas” fue su primera novela editada, y salió a la luz por el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz, y presentada en la sede de dicha institución a finales del 2007. (Posteriormente publicó    “ El Regreso de los Profetas”).  La obra está dividida en tres partes, compuestas por varios capítulos breves, presentados, a su vez, con una frase relacionada con el silencio. La mayoría de estos pensamientos originales le sirven para presentar las distintas actitudes de los personajes. Quizás augurando el contenido del libro, pues, en aquellos tiempos, el silencio era, en ocasiones, como un salvoconducto para salvar la vida o tal vez para encontrarla. La novela, como he reflejado en la introducción, es un vivo retrato de la sociedad de postguerra, en la que los españoles vivían sin libertad, sometidos al Régimen establecido, obligados a pensar, a hablar y a vivir según la Dictadura.  Hernández  asegura que es una obra de ciencia-ficción; pero que está alambicada con trozos de su vida.


          Con esta novela, el escritor denuncia las injusticias cometidas con personas que eran de distinta ideología. Y critica  que la religión fuese la única salida ante tantas necesidades, y que las personas se refugiaran en ella para huir de la realidad. Como es el caso- por poner un ejemplo- de la Madre Abadesa, que ingresó en el convento voluntariamente sin tener vocación, según palabras textuales “para enterrarse en vida” , porque le habían matado al novio en la guerra.


      La obra está escrita con palabras sencillas, en las que el narrador hace gala de un lenguaje periodístico, claro y transparente con la intención de  llegar a la mayoría. Es evidente que todo cuanto escribe tiene un fin pedagógico. No hay que olvidar que José Antonio,  hombre  vitalista, utiliza la literatura como un cauce para llegar a sus alumnos, con el fin de que éstos recapaciten sobre lo planteado y logren una madurez para analizar, reflexionar y conseguir ser, sanamente, más críticos con la historia de nuestro mundo y la vida que nos rodea.


           En esta novela, el autor refleja cierta similitud con Miguel de Unamuno; ya que, al igual que él, nos habla de la gente sencilla del pueblo, de sus miedos, angustias e ilusiones. Una obra que impacta por su gran contenido.                                            

 Mª del Carmen Rodríguez López. Febrero de 2015        



miércoles, 29 de abril de 2015

La cena de los camareros (Manuel Pérez-Casaux)



            Se trata de una obra de teatro breve que consta de un solo acto. Su lectura nos desvela unas analogías (unos rasgos) que nos acercan al Mito de la Caverna, de la República de Platón obra que presenta un modelo de ciudad donde domina la justicia frente al desorden, la confusión y la perversión. La cena de los camareros puede dividirse en tres partes o niveles: el INTERIOR, formado por los camareros; el INTERMEDIO compuesto por los comensales; y el TÉRMINO que es la muerte simbolizada en el camarero triste. En la obra éstos esperan a que llegue el momento de acudir al nivel superior. En la caverna, unos hombres están inmóviles desde niños de espaldas a la luz y no ven más que sombras moviéndose. Los camareros oyen las voces de arriba donde se celebra un banquete. No pueden ver nada, sólo intuyen lo que sucede por las voces y las sombras. En la caverna, los hombres conversan sobre lo que puede haber en el exterior por las sombras que pasan tras ellos y que se proyectan en la pared. Los camareros intentan frenar el nerviosismo del novato, cuya curiosidad le lleva a querer enfrentarse antes de tiempo a lo desconocido. Lo ideal sería no salir de allí, no conocer el mundo superior. Lo mismo sucede en la caverna, si uno de sus moradores se liberara no podría ver el mundo exterior pues la luz lo cegaría y querría volver a las tinieblas, no querría vivir en el mundo de lo opinable. Aquí, el autor abandona su “propia caverna” para darle su voz al COMENSAL que acrecienta el suspense de la obra al indicar que existe una ventana por la que puede verse la parte de arriba. El camarero VIEJO simboliza la experiencia; el JOVEN representa el camino hacia la madurez; el NOVATO es al espectador que se enfrenta a la incertidumbre de lo nuevo con la inquietud propia de un estreno; el COMENSAL es la unión entre lo real y lo imaginado, entre la obra, su autor y el lector o espectador; el camarero TRISTE sólo utiliza la mirada y el gesto. Su figura se asemeja al verdugo o a la muerte. Recuerda al CORIFEO mudo que dirige este “coro” de camareros a los que ha de mostrar la cruda realidad: la muerte o la vida real con sus necesidades y sus apariencias. El final funesto recuerda a un ajusticiamiento de la antigüedad, aunque también se adivinan los vestigios de un rito iniciático. La Cena de los Camareros puede decirse que es un compendio, porque en ella encontramos el origen, el método y la distribución de los elementos para la elaboración de una obra literaria. En ella apreciamos el trabajo de la obra primigenia, la clásica, y su sorprendente actualidad, un trabajo en el que la profundización, el análisis y la asimilación se proyectan de acuerdo al ingenio del autor, una labor en la que la talla es el medio para hacerla única. 


Adelaida Bordés Benítez

Nota del blog: Este texto fue leído por su autora, Adelaida Bordés, en el acto de homenaje del Club de las Letras al escritor Manuel Pérez-Casaux en San Fernando el pasado día 24 de abril.

lunes, 20 de abril de 2015

Comentario literario “Todo sobre Jesús” de Ernesto Caldelas Lobo


     Ernesto Caldelas Lobo (compañero de literatura de la UCA) ha publicado la obra “Todo sobre Jesús”, un trabajo escrito minuciosamente y con todo lujo de detalles, que podría llegar a ser un “Best-seller” de nuestros días, para  aquellas personas que tengan cierta inquietud por conocer o esclarecer más a fondo la vida del Mesías. El  contenido del libro se desarrolla como en un proceso judicial,  en el que el autor nos presenta las pruebas que existen hasta, el día de hoy, de que la vida y obra de Jesucristo fue verdad, demostrándonos su autenticidad a través del tiempo.
    El escritor nace en  Puerto Real (Cádiz) en 1944, y estudia y se forma  en el Seminario de San Bartolomé de dicha ciudad. En 1971, después de aprobar las oposiciones, entra como funcionario del Excmo. Ayuntamiento de su tierra natal. Y estando de jefe de estadística, después de un largo proceso de recopilación de datos, publica su primer libro: “Recuerdos de Puerto Real e Historia de sus calles”, prologado por Don José Antonio Hernández Guerrero, el cual nos invita a que leamos y releamos sus páginas, y nos dice que este libro es-un precioso regalo para los sentidos- . Como ya indica el título, está dedicado a su tierra, y dividido en dos partes: la primera nos cuenta la historia, las guerras y la lucha que ha tenido, hasta llegar a ser el pueblo trabajador, culto y pacífico que es hoy; y la segunda  narra la evolución de las calles del casco histórico con sus diferentes nombres y anécdotas de sus edificios y comercios. Ernesto es miembro de la Escuela de escritores de la Universidad de Cádiz, y pertenece al Consejo de Redacción de la revista “Spéculum” (en la cual colabora) de dicha Universidad.
                                 
    Pero volviendo al punto de partida, como ya comenté al principio, Caldelas Lobo se las ha ingeniado para desarrollar “Todo sobre Jesús” como en un juicio, en el que él se muestra como abogado defensor del Hijo de Dios, ante la crisis de fe de nuestra sociedad, por lo que nos pregunta si creemos de verdad en Jesucristo. Y nos presenta todo tipo de pruebas, hechos históricos, testigos, etc., que se han ido recopilando hasta nuestros días, para podernos demostrar que dicho personaje existió y que toda su obra fue verdad. Afirma que todos los datos que nos aporta, son pilares que sostienen y apoyan su autenticidad como  por ej: los Papiros. el de Rylands, elP45 Chester-Beatty de Dublín- entre otros- y sobre todos, el Magdalen GR-17 que fue descubierto en 1995
por el profesor Carsten Thieden, experto en papirologia y que  está redactado en el siglo I, lo que prueba que –realmente- fue escrito por Mateo, y que los principales códices: El Vaticano (V), El Sianítico (s) y El Alejandríno (A), nos acreditan que los mismos textos ya existían en los primeros siglos de nuestra era.
    El fiscal alega que “no hay otra obra de la antigüedad que tenga un mayor número de apoyatura ni de manuscritos tan primitivos como el Nuevo Testamento, y  que no se entienden  tantas dudas, cuando hay personajes como Cicerón, con muy pocos datos; y sin embargo, -según el autor- nadie duda de su existencia.    
    El abogado defensor nos muestra las pruebas con tanta seguridad, con tanta certeza y con tal planteamiento que el lector, que se arriesgue a adentrarse en este juicio, no podrá por menos que autoconvencerse  de que la sentencia ha de ser favorable.
    Personalmente, nunca he dudado de la vida y obra del Hijo de Dios; pero si, en algún momento, mi credulidad se ha visto empañada por el velo de la duda, Ernesto Caldelas  Lobo me ha dado la luz que me faltaba. 
                                                                                                                                                                                                                                                                                     
Mª del Carmen Rodríguez López. San Fernando. (Cádiz)

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