Club de Letras UCA (Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras)
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sábado, 16 de diciembre de 2023

ENTREVISTA A JNOSÉ MANUEL CUMPLIDO

 


BREVE Y PROFUNDO


Entrevista a: JOSÉ MANUEL CUMPLIDO GALVÁN


Aparentemente, José Manuel Cumplido Galván es un hombre serio, la expresión de su rostro es adusta y muy expresiva. Pero a poco que habla y se expresa descubrimos a un humanista, interesado por las grandes cuestiones del hombre y de su tiempo. Creo que ese es su rasgo más distintivo.


P.-Naces en Sevilla, como Antonio Machado, imagino que para ti sus versos, esos que dicen; “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla” deben de tener un significado especial...

R.-La felicidad de mi infancia… sin patio.


P.- ¿Qué hace un empleado de banca escribiendo literatura?

R.-Nunca tuve vocación de bancario. Sí, pasión por la literatura y la música.


P.-Descubro que tienes estudios de los más variados: magisterio, música, filosofía… ¿Qué te han aportado estos estudios en la vida?

R.-Una visión global del mundo y la vida.


P.- Me dices que escribes desde muy joven, ¿poesía eres tú?

R.-Las Rimas de Bécquer me llevan siempre a su glorieta en el parque de María Luisa, que descubrí con mi padre.


P.-Veo que lees y escribes con afición, ¿cuál es la gallina y cuál el huevo?

R.-La lectura siempre es lo primero.


P,. Te tengo por un hombre íntegro y trabajador, ¿quién más habita en la piel de José Manuel Cumplido?

R.-Alguien que aprecia más el ocio que el trabajo. Escribo por ocio.


P.- ¿Por que les da ahora por escribir a todos los jubilados?

R.-Te encuentras con tiempo libre y puedes realizar lo que siempre te ha gustado.


P,- Durante tu juventud publicas un poemario titulado “Vida sonámbula”. Imagino que debes de tenerle un cariño especial. Dedícale unas palabras.

R.-Un cariño especialísimo. Editado por mí con máquina de escribir, imprenta y grapas. Y ofrecido a la venta por mí en el mercadillo de la Alameda de Hércules.


P.- Pasan muchos años hasta que aparece ·Sócrates, Caín y el mar de Cádiz”. ¿De qué va un libro con un título tan sugerente?

R.-Es una colección de textos breves que tratan sobre el mundo, la vida, la mujer y el hombre. Con el título buscaba animar a su lectura. Un escrito se llama “Sócrates”, como mi hijo. Otro “Caín”, que para mí era el bueno, y el mar de Cádiz es mi mar, y aparece en varios relatos.


P.- ¿Por qué puede ser interesante leer este libro?

R.-Mi intención ha sido estimular la reflexión del lector. Quién lo lee puede reflexionar sobre los temas vitales de siempre.


P.-Sin pensarlo dos veces, di el nombre de un poema, un libro y un pensamiento que te acompañen en la vida.

R.-“Elegía” de Miguel Hernández. “Poeta en Nueva York” de García Lorca.

“Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, se encuentra un soberano poderoso, un sabio desconocido: llámase sí-mismo. En tu cuerpo habita, es tu cuerpo.”






martes, 2 de marzo de 2021

Hablillas. Cambio de tiempo

 

Artículo publicado en Andalucía Información


La moda era diseñada por nombres impronunciables y vivía en las revistas, sin que fuera un obstáculo para dejar de imaginar.

 

 

El mercurio empieza a subir. Lo hace despacio, desafiando la fiereza de los temporales por la próxima estación, dando olor a la humedad mientras la seca. Todo vuelve, el calendario es el primero en indicarlo. Sin embargo, es en la moda donde más se aprecia por la obra y la gracia del clima. Si no, demos un paseo a lomos del ratón, detengámonos en un enlace cualquiera alusivo al tema y comprobaremos, por ejemplo, la promoción de los pantalones de campana aún sin exagerar, las sandalias destalonadas en piel similares a las de casa, las de goma de toda la vida, chaquetas algo más largas, blusas bordadas y vestidos vaporosos con las mangas de jamón. Son tendencia, no hay franquicia sin ellos, envolviendo a modelos jóvenes cuya delgadez intenta disimularse con la caída del tejido y el abullonado.

Se publicitan para la mujer de hoy con un cuerpo muy parecido al de las preadolescentes de los setenta, decenio en que estos vestidos y estas mangas sin exagerar fueron los reyes del armario. La diferencia está en el estampado, tan pequeño que parecía moverse al son de los brazos dentro de aquella holgura hecha de pliegues locos. Rosas de pitiminí sobre hojas verdes, cuadros de vichí unidos con nido de abeja y dobladillos bordados con punta de ojal colgaban de una percha sólo alcanzable con los ojos. Entonces la estética sonaba a operación quirúrgica y la delgadez era sinónimo de enfermedad. Las chicas de entonces soñábamos con las novelas de los cinco y el momento de subirnos a los tacones, lo demás no iba más lejos del colegio, las notas y los muñecos en la habitación, cumpliendo la condena al asiento perpetuo en sus nalgas de plástico, vigilando nuestro crecimiento desde la repisa. La moda era diseñada por nombres impronunciables y vivía en las revistas, sin que fuera un obstáculo para dejar de imaginar.

Las creaciones de entonces han ido volviendo tras completar un ciclo. Lo vemos en los pantalones de campana citados al comienzo. Aparecieron con los hippies y se fueron estrechando hasta pegarse a las piernas como el dedo de un guante, para luego ir ensanchándose de nuevo y comenzar el ciclo en un escaparate, desmayados con cuidadoso desorden sobre las rayas de ambas patas, ilusionando.

Vivimos observando y en la moda se descubre la unión entre la amenidad y su propia historia, con minúscula, porque no forma parte de un nombre propio, según la Fundéu. Es, por tanto, un mundo que va más allá del diseño, el color y la evolución de las prendas de vestir.

Ánimo. Va quedando menos.


           Adelaida Bordés Benítez

 

sábado, 20 de febrero de 2021

La memoria encriptada

 






                  https://es.dreamstime.com/


Lo daba por hecho. Cuando vinieran, todos ganaríamos y la luz encendería los rincones de la verdad en cada esquina. Era el jardín de una estética nueva, una ilusión óptica de esperanzas. Mi candidez se hermanó con la buena voluntad y creí que el futuro sería nuestro derecho. Confié, confiábamos, todos confiábamos. Nadie sospechó de la verdad bajo los focos de neón. Fue cuando llegaron ellos y colocarse se hizo difícil y fácil a la vez. Las fábricas se abandonaron y la luz se transformó en psicodelia.

Los libros, secretamente, se llenaron de lugares comunes. La libertad la forraron con pan de oro y el futuro se hizo sinusoide. Subidas y bajadas al compás de alguien misterioso, extraño a nuestra casa, lejano a nuestra voz, inalcanzable a la rabia. Etéreo como el mercado.

Esperé a la fecha de ejercer mi derecho. Ella nos salvaría con su luz de izquierdas y derechas. Los eslóganes, adquiridos en retoricas de mercadillo, alimentaron injusticias y perjuicios. Por eso corrimos a abrazarla. Seguía allí, forrada de pan de oro, como un oráculo inalcanzable tras el escaparate. Nos consolaba verla sí, aunque su voz solo llegara a través de los micrófonos.

Científicas, industriales, poetas, literatos, doctoras, ingenieros, profesoras y obreros, escultoras, músicos, cantautores, funcionarias, navieros; todos fueron convocados a una terraza colosal, servida por manos repletas de bandejas. Las manos de nuestros hijos. Maravilloso espectáculo en la calle del Futuro perdido. Confundidos por la sinusoide, nadie se atrevió a desnudar el pasado y mirar al futuro sin temor. El forro de pan de oro se lo impediría al que lo intentara.

A todos, sí. Pero a cada uno, no.

Porque eso es imposible. Por más miedo infundido que tengan nuestras venas: miedo, miedo y miedo. No será más que miedo a dejar de mirar el escaparate.

 

           Manuel Bellido Milla

 

miércoles, 17 de febrero de 2021

Hablilla. Inimaginable


 

Artículo publicado en Andalucía Información


Aprovechando la posibilidad de viajar dando la mano al móvil, en uno de estos barzones podemos encontrar los lugares más raros imaginados. La casualidad los hace aparecer subrayados formando parte de una entrada, provocando la parada del ratón. Al cliquear, el cambio de color chivatea la conexión y la magia de los chips hace el resto.

Probablemente de esta forma hemos descubierto Whittier, un pueblo de Alaska donde sus doscientos y pico de habitantes viven en un solo edificio. Sin necesidad de salir a la calle tienen la escuela, la lavandería, el supermercado, un hotel y la comisaría. Dicho así, es una forma estupenda de esquivar los rigores del frío y de la nieve, tener todo a la mano a pocos escalones de distancia. Ventajas, sin duda, a las que sus habitantes habrán añadido el aprendizaje a vivir con el cielo y los árboles a través de las ventanas. El clima habrá ayudado a manejar la situación, a gestionarla, como se dice ahora, porque asumir estar rodeado de tierra helada durante nueve meses, requiere la capacidad de adaptación por razón de nacimiento o la voluntad en dosis masiva. También es probable que sientan extrañeza o incluso les pesen los doce grados de temperatura máxima en verano y lo vivan echando de menos el frío.

Imaginemos el planteamiento al contrario dejando a un lado la vivienda. Qué pensarían, qué comentarían si Internet y la casualidad los paseara por nuestra zona, viendo las olas rizándose, desmayándose sobre la arena abrillantándola. Qué comentarían del atuendo, cómo soportarían los treinta y tantos grados del mediodía. Así, ellos y nosotros, cada uno en su sitio, pasaríamos un buen rato encadenando posibilidades, hasta ese punto en que la mente empieza a rebuscar una semejanza. En el caso de ellos llegarían, quizás, al origen, dos edificios unidos y destinados a ser instalaciones del ejercito de los Estados Unidos allá por los años cincuenta. Nosotros, ante su forma de vida nos estremeceríamos, pero no de frío sino de terror. Los comentarios sobre estas semanas lluviosas corroboran lo anotado, unos días grises y todos con ansiedad por la falta de sol. Y en cuanto al edificio que el adosamiento ha convertido en bloque colosal, esta gracia del sur los definiría como casas de vecinos tan sofisticadas como para no tener cucarachas, con el vapor pertinaz del bacon and  chips en lugar de una berza y en vez de supermercado, el quincallero estaría sentado al fondo de la planta, con pelliza y babuchas, nunca zapatillas, esperando al vecino desaviado en busca de una bovina de hilo o una cabeza de ajos mientras abre la fiambrera a deshora diciéndose: “si quieres vender, ponte a comer”. Inimaginable. Menos aquí. Ánimo.

Adelaida Bordés Benítez



miércoles, 10 de febrero de 2021

Hablilla. Aniversario.

 


Artículo publicado en Andalucía Información: 

https://andaluciainformacion.es/hablillas/949617/aniversario/

Si los santos tienen novena también los aniversarios deberían de gozar de una especie de dispensa, de un alargamiento de plazo razonable. Es lo que ocurre con el centenario de Gustavo Adolfo Bécquer, fallecido un veintidós de diciembre hace ciento cincuenta años. Ciertamente ha sido recordado y como el año comienza invitando a seguir con la lectura por las circunstancias conocidas, es de obligado cumplimiento que la hablilla dedique sus renglones al poeta romántico más realista y apartado de la grandilocuencia de sus contemporáneos.

De todos conocidas son sus Rimas y Leyendas, emocionantes por la recreación de los espacios agrestes, lo onírico y la melancolía que descubrimos al leerlas, sobresaliendo ese espíritu trágico andaluz logrado a través de la siempre difícil simplicidad, aunque su nombre permanezca ligado a la elegancia del arpa, el vuelo de las golondrinas o a las pupilas azules. Sin embargo el poeta logra alejarse de estas estampas con sus dibujos, aunque el reconocido en esta disciplina fuera su hermano. Siendo parte de una familia de artistas y viviendo este ambiente, probablemente el lápiz quedara alejado a ratos de los versos, la métrica y la musicalidad, si bien el ritmo subyace dando movimiento a las figuras.

Uno de los más conocidos es el partido de tenis entre esqueletos utilizando un cráneo como pelota. Un clic sobre el ratón nos lo despliega junto a otros de su autoría, en cambio resulta divertido ser espectador de este encuentro siniestro y tan parecido a la danza macabra de Saint-Saëns, poema sinfónico de imposible influencia por haber sido escrito cuatro años después de la muerte del poeta. Sobre un campo de tierra se encuentra a medio levantar un esqueleto decapitado. El cráneo vuela al ser impulsado por un artilugio plano empuñado por otro mientras el segundo jugador espera al fondo de la escena iniciando el punto de fuga.

La risa eterna de las calaveras a la vez provoca la del espectador, entendiéndola como la del poeta sobre la propia muerte, aseguran los críticos. Junto con la vida, ambas constituyen un tema recurrente en el que sobresale el dominio de la técnica al reflejar su mundo interior de una forma distinta y muy superior a la escritura, aseguró el propio Bécquer. Asimismo, en estos dibujos apreciamos el lado más romántico del artista, por lo impactante y lo exagerado, características que encontramos al comienzo de la novela de Bram Stocker, fundamentando el trastorno en el comportamiento del Conde Drácula. Hoy lo llamaríamos Gótico Moderno. 

El frío, la lluvia y las normas aconsejan quedarse en casa de nuevo. Retomemos a Bécquer esta semana. Su poesía es elegante, su prosa sencilla y sus dibujos divertidos. Empecemos con él. Ánimo.


          Adelaida Bordés Benítez





jueves, 17 de diciembre de 2020

Hablilla. Una de barriga


https://andaluciainformacion.es/san-fernando/937180/una-de-barriga/



Artículo publicado en Andalucía Información: 

https://andaluciainformacion.es/san-fernando/937180/una-de-barriga/



El otro público, el colocado al otro lado de la pantalla, no reparó en el trabajo bien hecho de la actriz, sino en su físico.

 

Es cierto, hombres y mujeres le tienen manía, incluso fobia a verse un melón creciente bajo el estómago, dicho con el mayor de los respetos. La barriga forma parte del cuerpo como todo lo demás y es comprensible que no guste, como sucede con los pies, el pelo o las orejas y no por ello se desloma uno en el gimnasio o se dedica a recorrer quirófanos.

Como ejemplo, esta semana le tocado a la barriga de una joven intérprete que ha demostrado su madurez estando por encima de los comentarios. A las redes sociales, por regla general, les falta poco para convertirse en un infierno, y más en esta etapa tan peculiar. Por eso las llamaradas no han necesitado el soplido de un fuelle para prender en la actuación de Beatriz Luengo, actriz española con una trayectoria consolidada a pesar de su juventud. Ella intervino como invitada en un programa de imitaciones en un canal mejicano. Muy querida y reconocida al otro lado del charco, no tuvo problema por enfundarse en un body, colocarse una peluca rubia platino, modular la voz y ser Lady Gaga durante su actuación, trabajo que defendió muy bien según el jurado y el público asistente al concurso.  

Hasta aquí la noticia formó parte de la actualidad del día. El otro público, el colocado al otro lado de la pantalla, no reparó en el trabajo bien hecho de la actriz, sino en su físico. Al rato ya olía a quemado en las redes sociales. La mayoría de los comentarios se centraban en su barriga apretada en un body, en su falta de pudor, limando mucho la expresión, y ni una palabra sobre la elegancia, la destreza y las tablas de la intérprete, al margen de que su actuación gustara o no, lo cual es muy respetable.

Increíble que en estos tiempos sigan ocurriendo estas cosas, que se insulte y prime el físico sobre talento. En el video no sólo vemos a Beatriz Luengo bailando y cantando, la vemos interpretando el papel más hermoso de su vida, viviéndolo como quiere y mostrando con orgullo su barriga a unas semanas de dar a luz. Ella contestó cuando lo consideró oportuno y sus palabras aún corretean por Internet con la sonoridad y la rapidez de un tortazo, expresando cuánto se gusta sin dar explicación alguna por mostrarse, evitando aludir a su estado. Para aplaudirle.

Ciertamente la gente se aburre y el ocio cuadricula y embrutece. Cuesta trabajo creer en esta forma de pensar con tanta modernidad alrededor. Quién sabe. A lo mejor es por no ver más allá del monitor ni oír otro sonido que el de las teclas.


       Adelaida Bordés Benitez

 

miércoles, 22 de julio de 2020

Hablilla. La mascarilla




https://andaluciainformacion.es/hablillas/911347/la-mascarilla/

Hablilla. La mascarilla


Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 19-7-2020 en andaluciainformacion.es



        
          En un principio, cuando la pandemia era un vocablo no verbalizado porque se escondía, el uso de la mascarilla se trató como una eventualidad que luego ascendió a complemento. Si hubo un intento o una tendencia a la frivolización fue por la incertidumbre y el miedo que se iban abriendo paso en la rutina. Los diseñadores empezaron a comercializar las suyas con etiqueta y logo, bien por ser lo novedoso o bien pensando en el futuro. La iniciativa no resultó lo esperado, porque pocos o nadie estuvieron dispuestos a pagar más de cien euros por un complemento que no deja de ser un trozo de tela con elásticos, sin garantía de protección. Aun así, se vieron tapando las caras de los asiduos, de los fijos en las revistas, hasta que un par de semanas más tarde las calles se vaciaron y las mascarillas se guardaron, mientras que las otras, las reglamentarias, las genuinas se agotaron.

          La nueva normalidad, que vivimos con la extrañeza de cualquier comienzo, no nos permite dejarlas a un lado y si la olvidamos nos veremos obligados a pagar una multa. Nos lo hemos ganado, se oye. Cierto y los irresponsables nos han regalado este trofeo a los cumplidores. No nos vamos a repetir, acataremos e iremos contando al revés, restando días a un fin muy lejano. Es así y para animar un poco el bajón, las mascarillas se alegran con banderas, escudos, se les estampan colores vivos o bocas pintadas y sonrientes, en fin, un muestrario para elegir. Las de diseño se han reinventado bajando los precios, saliendo de sus tiendas, esperando a ser elegidas en los expositores de los supermercados más conocidos y frecuentados por el consumidor, que las mira con asombro por no ubicarlas en su medio habitual. En el fondo es la oferta y la demanda, la venta y la compra, utilizando el momento como cebo o como recurso para aprovecharlo.

          La otra cara de esta moneda es bien distinta: una fotografía tomada en un poblado africano a un grupo de niños pequeños con mascarillas hechas de cartón y atadas con una guita. Al pie, una leyenda que dice más por lo que no cuenta. Unas letras que pellizcan retorciendo el alma, secando la boca. Una lección que nos hará pensar antes de quejarnos por el daño de la goma tras las orejas o por el cansancio al respirar el aire caliente. Un mensaje que nos hará callar antes de protestar por el endurecimiento de esta medida. Unas palabras que intentan esconder otra, reescalada, antes de que se verbalice con enjundia.


                           

viernes, 17 de julio de 2020

Hablilla. La foto

https://andaluciainformacion.es/hablillas/910113/la-foto/

Hablilla. La foto


Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 13-7-2020 en andaluciainformacion.es



Es una de las miles que se toman al cabo del día, una forma de pasar el tiempo atrapándolo para difundirlo y conseguir el mayor número de pulgares arriba, el premio a la inmediatez. Es un hecho, de las redes sociales alguna cae a las tertulias radiofónicas, a los periódicos, ganándose un lugar en la actualidad, aunque su tiempo no llegue al minuto. La del titular ha sido tan curiosa como peligrosa, así encabezaba el texto antes de mostrarla. A modo de introducción iba preparando el ánimo y los ojos, pues había que buscar un detalle, como el pasatiempo de un antiguo tebeo.

Si la rescatamos, el primer golpe de vista nos sitúa en un bar. Luego observamos dos niveles: en el primero, el barman llena una copa de lo que parece un grifo cervecero. En su actitud solícita y cordial nos espanta verle la mascarilla bajo la nariz, mientras manipula el artilugio sin guantes. Cierto, hay gente que la lleva de pulsera o enganchada en una oreja, gente que ignorando las normas besa y abraza a los otros. Y si esto es para echarse a temblar volvamos a la foto. Por recomendación del tuitero utilizamos el zoom para acercarnos al segundo nivel y descubrir el detalle: un cliente con la mascarilla en los ojos. Unos segundos y reaccionamos pensando en la ocurrencia, en la espontaneidad antes de colocarla en su sitio. Los comentarios incendiaron la Web y fueron escalofriantes, porque la mayoría eran emojis carcajeando.

Se trata de una foto con muchas lecturas y no precisamente chistosas, más aún en este momento, por donde pululan la duda y el desconcierto, momento de bulos y desinformación que desorienta y hace temer. También se aprecia una lectura de denuncia. Los ojos tapados, la mascarilla descolocada, ese antifaz simbolizan lo que realmente está ocurriendo, provocado por cuantos se niegan a cumplir las normas, aludiendo claramente al refrán. Se entiende la hartura, el esfuerzo enorme al encarar el día y un futuro breve, oscuro y a plazos.

Vivimos una situación más incierta cada vez y en lugar de extremar los cuidados, estos grupos se relajan tapándose los ojos. Así no pararemos el virus. Por duro que resulte, peor será perder la vida o ver cómo la pierden los nuestros.

Miremos la foto. Nos recuerda que la responsabilidad cuesta y ser responsable también. Pero merece la pena. Juntos podemos lograrlo. Estamos a tiempo. Ánimo.

miércoles, 15 de julio de 2020

Hablilla. La del cocodrilo


HABLILLA 869



Hablilla. La del cocodrilo


Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 15-6-2020 en andaluciainformacion.es




         No podía faltar, porque ha descongestionado un poco la saturación informativa. Las circunstancias mandan, sin embargo el lector agradece el espacio a otras noticias que conforman la actualidad. Al revisar la memoria son las que aparecían con cierta relevancia en los primeros periódicos gratuitos, repartidos a pie de calle, en las paradas del transporte público, echando de menos al voceador. Hoy, su publicación en papel compatibiliza y capotea como puede la digitalización y en este campo sí tienen cabida estas curiosidades, dando al lector la posibilidad de elegir entre varias versiones.

         El caso es que el Pisuerga, río asociado a la circunstancia favorable para realizar algo, ha sido noticia porque fue visto un cocodrilo cruzándolo de una orilla a otra. Resultó desconcertante pero no increíble, pues hay gente con mascotas que ponen en peligro no sólo su vida, sino la de sus vecinos. Hace unos días uno de estos fue mordido por una de las serpientes que tenía en su casa. Murió horas después. Si no le hubiera dado tiempo a ir al médico, se habría dado en el barrio la misma situación de hace al menos cuarenta años en la pescadería de nuestra plaza de abastos, cuando echaron agua en lugar de hielo a una caja de anguilas. El miedo llevó a la exageración, ya que aseguraron verlas meterse en la fuente de la Plaza de Rey. Pero volviendo al reptil y a las excentricidades, es inevitable pensar en la película La bestia bajo el asfalto, en el niño que tiró la cría de cocodrilo al retrete y acabó en los desagües, alimentándose de basura mientras crecía hasta sentir la llamada de la naturaleza, despertando su instinto depredador. En un principio se pensó en algo parecido. Luego se habló de un animal de grandes dimensiones. Revisadas las huellas y los restos de un pez, una nutria ocupó el lugar del cocodrilo.

         Si pasan los días y el asunto no se mueve, la duda y el sentido del humor se aliarán paliando el miedo a la reaparición, hasta que otra noticia curiosa lo extravíe. De momento tenemos la elección del lugar para pasearse, el afluente del Duero, el río de Machado, el que corre terso y mudo, mansamente, el que fue contemplado por el poeta en todas las estaciones, reflejando en él su propia melancolía al cruzar las sierras y las nieves o el páramo sombrío. 

         De momento, no hemos vuelto a saber del reptil. Su avistamiento ha recordado el paso del Pisuerga por Simancas, alejándolo de la manida referencia habitual.
         Ánimo y a por otra semana.
                           

                            Adelaida Bordés Benítez, 15 de junio de 2020

martes, 14 de julio de 2020

Hablilla. Sabina

HABLILLA 868
https://andaluciainformacion.es/hablillas/902813/sabina/
    

Hablilla. Sabina

Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 8-6-2020 en andaluciainformacion.es



          

En estos días, el autor de los versos más bellos y dueño de una voz tan peculiar como gastada es el centro de las miradas, no solo por el programa que se emite en televisión, sino por la pérdida del mes de abril. La canción fue escrita para una película titulada Sinatra, donde participamos de un Alfredo Landa totalmente desprendido del tópico que tanto le dio. Merece la pena pasar esa hora larga contemplando cómo borda un personaje gris a un salto del abismo, arropado por Queta Claver, Manuel Alexandre y Luis Ciges. Por el fondo vuelan los versos impecables de Sabina, sencillos y rotundos, con la música de Pancho Varona, un binomio que ha trabajado a menudo. No cabe duda de que su proyección hace unas semanas ha facilitado la motivación que ha quedado recogida en las redes sociales con párrafos expresados desde la lírica clásica al tuit más desenfadado.

          Es cierto, ese Sabina con frac, sombrero de copa y un puro enorme bajo un bigote pintado, un maestro de cabaret a lo Groucho Marx ha sido el bendito culpable de esta coincidencia, proclividad o recurrencia, si se quiere, a elegir este referente para dejarse llevar por el verso que le dio otro nombre a la melancolía, un verso sobre el que gira una canción triste, real y emocionante, un verso evocador de lo que perdimos o se nos fue por el mero hecho de cumplir años, por tomar una decisión apresurada o acabar destrozado tras una relación. Es lo que trasluce en una primera lectura y una vez que se ha oído como fondo en la película no puede separarse de ella, del drama personal del protagonista, de la pensión en que vive, del cubalibre a las cinco de la mañana y de la escena final, con Queta Claver sentada tras la recepción, consolando a Sinatra, Alfredo Landa, que llora en silencio abrazado a sus piernas. Inolvidable.

          Ahora se ha hecho realidad, porque las circunstancias no solo nos han robado el mes de abril, sino la primavera. Quizás por eso llueve a ratos después de la marcha de nuestro viento más loco, recordándonos sus temporales desajustados, los aguajes, la luna llena, el desorden de una estación que la hace temible y amada. Quizás por eso las mañanas se nublan, se enfrían y cuando se les pasa el enfado, la luz hace brillar el atardecer. Abril no está en el almanaque del hombre del traje gris de la canción. En el nuestro es una serie de números sin tachar. El año próximo lo abrazaremos tarareando en silencio su banda sonora.

          Ánimo, que va quedando menos.


                            Adelaida Bordés Benítez, 8 de junio de 2020 

miércoles, 8 de julio de 2020

Normalidad

Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 6-7-2020 en andaluciainformacion.es


 


La vamos recuperando con la lentitud y el respeto a la intranquilidad, al miedo. Aún notamos el pellizco del estómago, el peso en el pecho que nos hace suspirar de forma entrecortada. Ha sido y sigue siendo muy duro, pero vamos remontando poco a poco. La mascarilla forma parte del atuendo y el frasco de hidroalcohol ocupa su lugar en el bolso, junto a los pañuelos de papel y las gafas. El pediluvio sigue junto al felpudo y el pulverizador con el desinfectante vigila erguido sobre el fregadero y los lavabos. Son las normas que cumplimos con esmero y hace unas semanas conviven con el movimiento, con la vida que ha salido de la casa y camina por la calle, con los ruidos que no oíamos hace tiempo, como los botes de un balón, el rodaje de un monopatín, los gritos de los más pequeños al resbalar por el tobogán, al pedir un capricho con insistencia o al romper a llorar por negárselo, las bocinas de los coches, indicadores todos de bullicio y compañía, aunque el saludo y la conversación se hagan a distancia.

 Durante los primeros días de este mes de julio hemos oído con agrado el rasgueo de una guitarra acompañando al cante y al baile para recordar la muerte de Camarón. Ha sido como dar la bienvenida al verano, al inicio de la velada con un refresco, el papelón de pescado frito y un rato de conversación. Nos enfrentamos a unas vacaciones distintas, cuya importancia estriba en vivirlas para contarlas. Por eso no se ha descuidado la programación para las tardes de estos meses. Habrá un poco de todo, será bien venido, agradecido por la mayoría y criticado por los de siempre. Sin ellos La Isla no sería la nuestra, perdería aquello que refuerza su carisma, el ejercicio, el hecho de saber de ese grupo formado por cuantos no se han movido de la pantalla.

Ellos son parte de esta normalidad que se va acomodando de nuevo, porque, como antes del confinamiento, sus comentarios a destiempo y destemplados bajo las noticias, se leen y se olvidan. A buen seguro que no han recuperado los sonidos, más bien habrán protestado. En este caso también se habrán perdido los ensayos de la banda, las notas de las trompetas, los toques y redobles de los tambores colgándose al silencio del anochecer isleño, el único donde el calor huele al fango salado de la marisma, donde la oscuridad abre las ventanas para que escape el baile enloquecido de un tenedor, que con aires de reel bate unos huevos para la cena. Se los han perdido. Seguro.





domingo, 5 de julio de 2020

La lectura

Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez
 
publicado el 29-6-2020 en andaluciainformacion.es


 
https://andaluciainformacion.es/andalucia/907271/la-lectura/



La intranquilidad nos ronda. Es un cosquilleo que no termina de irse porque se alimenta de irresponsabilidad. Las recomendaciones se repiten, pero no se puede hacer más con quienes se niegan a oír. Es lo que tenemos y como este verano las salidas se seguirán haciendo con cautela, echaremos mano de la lectura para paliar el calor de la sobremesa. Es comprensible la hartura manifiesta, pero se trata de una costumbre que no agota, y si lo hace es porque o bien se está cansado o bien la lectura no gusta mucho, decisión del todo respetable. Seguro habrá por casa algún libro a la espera de ser elegido, bien por extravío o porque otros se les habrán adelantado durante estos tres meses.


Si nos encontramos saturados o sometidos a la galbana estival, esta semana pasada Google nos ha regalado un cortometraje de animación para fomentar la lectura. Durante catorce minutos son muchos los mensajes enviados, como la agilidad que aporta a la imaginación y a la inteligencia, un hábito de casa como otros, que continúa en la escuela y después de ella, llenando el tiempo libre tras la tarea y durante las vacaciones, una dedicación que crece y se afianza conforme cumplimos años. El cortometraje comienza con un joven leyendo entre dos columnas de libros. El resto del mundo los ha perdido, aludiendo al terreno ganado por la tecnología, hasta que un hada lleva al joven a la casa donde se encuentran, llena de luz y movimiento. La historia es una metáfora, un relato emocionante y conmovedor.  

Durante estos tres meses, la lectura nos ha ayudado a mantener el equilibrio, sobre todo con las horas que a veces nos parecían eternas. Hemos hecho otras cosas, incluso nos hemos atrevido con manualidades y bricolaje, pero el libro ha conservado su lugar. Los adictos seguimos el principio de Borges, no imaginamos el mundo sin él. Por eso, uno de los momentos más entrañables que nos ha dado la lectura ha sido verla crecer con nuestros hijos, cuando tras la merienda abrían la cartilla haciéndonos mil preguntas sobre las palabras nuevas, enriqueciendo su vocabulario, mejorando su lenguaje, alimentando su inteligencia con el estudio y la dedicación. Horas de lectura.

Este verano será distinto. Durante el paseo, respetemos las normas cuando entremos en los sitios. Como serán muchos, que uno sea la librería. A la intranquilidad reinante le irá bien un rato de lectura. A veces salva la vida.



             

martes, 24 de marzo de 2020

La parte más pequeña



Ha pasado una semana y con la paciencia a nuestro lado, vamos viviendo los días. El confinamiento no cuesta menos que antes, sin embargo la desolación se lleva peor. La calle vacía es como una escena de las primeras películas de ciencia ficción, con el silencio tan estremecedor como el blanco y negro de la cinta, precursor de catástrofe. Ahora más que nunca hay que echar mano del optimismo, aunque ande extraviado. Por eso hemos agradecido los mensajes en el móvil, a punto de echar humo a veces; el juego peliculero con los emojis -disculpas por el plural si no es el correcto; las iniciativas a escribir en cadena que facilitan las redes sociales. De alguna manera, hemos paliado el aislamiento, hemos sabido que al otro lado de la pantalla ha habido alguien dispuesto a contestar. Y nos quedamos con los momentos agradables, con los textos más coherentes con la situación, eliminando aquellos que nos han confundido tanto.

La incertidumbre sigue revoloteando sin fecha estimada de terminación. Vivimos un presente raro, con clases virtuales -bravo por los profesores- y conversaciones a través de la pantalla, alabando estos adelantos que nos facilitan la vida en general y las horas en particular.

Cuando todo esto empezó, no pensamos o no quisimos pensar que nos sobrepasaría. Lo cierto es que, al cabo de una semana larga, vivimos pensando en el presente alejándonos no más allá del día siguiente, distrayendo la ansiedad con todo cuanto anda guardado o amontonado en casa, donde la vida continúa, donde la jornada se mueve entre las habitaciones y el paseo por el corredor. Fuera todo está quieto, excepto el viento que acaricia los cristales, que juega al escondite con el frío, que agrupa las nubes hasta ahogarlas, desviando la caída de la lluvia. El mal tiempo, lo propio en esta época, viene a propósito para unirse al confinamiento, justificando la coyuntura como si fuera un pecado venial. Tal vez por eso la gente desea que llegue el anochecer para romper a aplaudir a la hora fijada en los chats, para cantar con emoción y jalear con alegría, para regalar melodías mientras los escuchantes dan las gracias con ráfagas de luz. Por eso y más que nunca hay que agarrarse a estos momentos que ocupan, quizás, la parte más pequeña del dìa, que aportan tanta frescura como el aire que sopla, enfría y enjuaga la noche isleña.  

Ánimo y a por esta semana.




             Adelaida Bordés Benítez


(Artículo publicado en Andalucía Información)

miércoles, 4 de marzo de 2020

La maldad


Imagen y artículo publicados en elfarodeceuta.es
A pesar de los indudables progresos, aún quedan rincones en los que proliferan vicios incompatibles con la dignidad humana.
Sin necesidad de caer en catastrofismos, hemos de reconocer serenamente que, a pesar de los indudables progresos alcanzados por la humanidad, aún quedan fondos tenebrosos de maldad en amplios sectores de nuestro mundo contemporáneo y charcos encenagados en rincones oscuros de nuestra sociedad avanzada. Es cierto que la humanidad, globalmente considerada, ha progresado de manera ininterrumpida en los ámbitos científico, técnico, económico, sociológico, jurídico e, incluso, moral. A pesar de los graves problemas que padecemos en la actualidad, una consideración histórica desapasionada pone de manifiesto que hemos superado trágicas situaciones de mortandad, de enfermedad, de esclavitud, de injusticias y de guerras. También podemos constatar cómo, en muchas partes de nuestro mundo, gracias al progresivo imperio del Derecho, las relaciones sociales son más justas y más equitativas las reglas económicas. De manera progresiva -y, a veces a costa de sangre y de vidas- se va extendiendo la democracia apoyada en la valoración real de los ideales de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad.
Pero este reconocimiento de los progresos logrados no debería impedirnos considerar el abandono y el menosprecio de unos valores éticos que son imprescindibles para el logro de una vida individual más digna y de una convivencia social más justa. Debería llamarnos la atención, por ejemplo, la reticencia de muchos intelectuales para abordar los temas relacionados con las virtudes morales y la escasez en los medios de comunicación de unas críticas serias sobre la proliferación de vicios éticos tan mortíferos como el odio, la envidia, la maledicencia, la calumnia, la avaricia o el orgullo.
Nos da la impresión de que denunciar la maldad que encierran algunos comportamientos depravados de personajes públicos puede sonar a consideraciones moralizantes y a sermones de piadosos predicadores, pero el hecho cierto es que, en el fondo de esas acciones que devastan la naturaleza, en las raíces ocultas de las injusticias sociales, de la siniestralidad laboral, de las calumnias con las que tratan de argumentar algunos políticos, de las corrupciones administrativas y, por supuesto, en las guerras internacionales, late un profundo vacío de esas virtudes que constituyen los cimientos de la integridad personal, y palpita la ausencia de esos valores que proporcionan cohesión a la estructura de las relaciones sociales y que han de guiar las decisiones y los comportamientos políticos por los senderos de la racionalidad.

Nos resulta fácil admitir el “mal de la naturaleza” e, incluso, tenemos cierta propensión a concederle una influencia determinante pero, por el contrario, constatamos una sorprendente resistencia a reconocer que, en muchos rincones de nuestra sociedad y en capas profundas de nuestras entrañas personales, se agolpan montones de podredumbre y depósitos siniestros de maldad, ese veneno mortal que, inoculado en las arterias de este organismo inhumano, malea las relaciones internacionales entre los pueblos y provoca altercados políticos entre los partidos. La mayoría de los problemas graves que, en estos momentos, tiene planteados nuestra sociedad exige que revisemos unos valores morales que, de hecho, deberían fundamentar los objetivos que los partidos pretenden alcanzar e, incluso, las estrategias que emplean en sus actividades. Al lamentarnos del triste espectáculo que nos ofrecen algunos políticos no nos sirven los calificativos con los que valoramos los efectos devastadores de los fenómenos atmosféricos porque, en aquellos casos, se trata de acciones humanas voluntarias, perpetradas por unos hombres dedicados a la destrucción de otros.

          José Antonio Hernández Guerrero

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