Club de Letras UCA (Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras)
Director: Profesor de la UCA Dr. José Antonio Hernández Guerrero
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martes, 6 de marzo de 2018

Voy a entregarlo todo




Voy a entregarlo todo
a quien desee
a quien le antoje
a quien merodee mi parral
a quien ahonde en mis ideas
a quien tienda la mano al sobrio
a quien desee caminar.

Voy a entregarlo todo
como se entrega la dama a su joven amante
en sumisas tardes de verano
con miedos y cansancios
entre anhelos y reparos
con gritos y silencios
entre suspiros y gemidos.

A quien se anote en la lista gris
y arrastre fútiles pecados
daré mis pesadillas y angustias.

A quien se anote en la lista gris
y rebalse de cordura juiciosa
daré mis últimas gotas de soberbia enternecida
que aún conservo.
A quien se anote en la lista gris
y manifieste gala de notoria moralidad concupiscente
daré mis últimos poemas
para leer junto al pastel de fresa
en tardes lluviosas de domingo.

A quien acuda a la lista gris
con marcadas falencias genéticas
y una decadente manera de pensar
daré mis bien cuidadas llagas
—que aún me agobian—
que son la secuela del contagio de «Treponema pallidum»
fruto de mis viejas andanzas rutinarias por los sombríos bares de la urbe
en la infructuosa búsqueda de una prostituta a quien amar
para envenenar mis células con vino fermentado
por los siglos de los siglos.

Voy a entregarlo todo
estoy dispuesto al mejor postor
para el que resista la pesada cruz de mis versos
para el que apetezca morir en un infierno
para el que desee ahogarse en un gotero.

Doy un «basta ya» al mundo
entregaré todo en este instante
para siempre.


                         Edgardo Benítez


jueves, 15 de febrero de 2018

Es difícil creer en la palabra cuando esta no existe



Es difícil creer en la palabra cuando esta no existe

Llegó a encantarme su desvergüenza
quizás como otro de sus tantos vicios
sus borracheras y puterías
de sus holgazanerías
de sus hijos olvidados,
de las mierdas que alegraban su alma.

Quien lo escuchase
se exponía insolente a olvidar sus pesares,
a perder el tiempo por capítulos,
a fallecer ante la sonrisa burlona,
a gozar con figuras extrañas que se acomodaban ante sus ojos,
aburrirse ante su clavar de clavos,
de sus vocerías contra el gobierno,
su vasta experiencia en política internacional,
sus recetas de la medicina vegana y experimental
los magnos secretos de los párrocos,
sus vastos sermones de la norma moral.

Aún recuerdo,
al que agonizó con el consejo en la boca,
aquel que jamás procuró un céntimo de fe,
el que nunca prodigó un adiós a las estrellas,
el que permanece ahí tendido,
en la capilla ardiente,
en el jardín de rosas blancas,
mi viejo, mi Padre.



      Edgardo Benítez

martes, 23 de enero de 2018

Breves y fugaces

Breves y fugaces

Encontré bajo mi lecho al demonio atrapado en una botella, en una botella color verdusco que tenía  forma obscena y grotesca. Con las manos atrás daba vueltas y vueltas y se lamentaba de su encierro. No sé quién lo condenó a vivir allí.
  “No entiendo cómo diablos vine a parar acá”.

Pero de pronto, una nube gigantesca nos envolvió con un manto de esperanza, y él se echó a dormir el sueño de la infamia,  por un  millón de millones... y yo, de inmediato, me puse a escribir signos y símbolos sobre la botella.
La botella continúa plácida bajo mi lecho.
*
 Mi juicio final no durará un día, ni ocurrirá cuando yo muera. Mi juicio final es un tribunal en sesión permanente en el cual yo soy el reo, el Fiscal, el señor Juez, el Honorable Jurado y el cruel verdugo.

Mi juicio final se celebra en este instante y en silencio. El Juicio final soy yo.
*
Hambruna
Del pecho le brotaron matas de maíz. Eran para alimentar al gentío. Del mismo modo, le brotó la tierra para esparcir en el mar.
 Pero los hombres alardearon de ser gigantes y las plantitas se devastaron, se pudrieron cuando apenas nacían. Los agricultores se sintieron traicionados por aquel pecho que ahora germinaba plantas marchitas. En seguida vinieron las lágrimas, las hambrunas y las tristezas. Y comenzó la revuelta.
*
La verdad y la razón viven y existen en disputa eterna, la una diciendo que tiene la verdad y la otra diciendo que tiene la razón.


*
En el país de los diminutos, los ciudadanos guiados por su rey se fueron a la guerra. Consideraban que por ser dueños de la verdad eran libres, libres para esclavizar a otros.
También consideraban que la comodidad era sinónimo de felicidad.

Pregonaban a los cuatro vientos que la ritualidad era espiritualidad.
Además del poder y la riqueza que ostentaban pretendían rebalsar sus arcas a costa del hurto de bienes.
Del mismo modo imponían a los pueblos que invadían, la creencia en un dios embustero y falible, así como lo eran ellos.
*
Puedo ser traicionado,  ser entregado al enemigo, pero mi naturaleza nunca podrá ser traicionada.
De la ternura, al menos una fibra…

*

Si alguna vez se le ocurre poner los pies sobre la tierra, no olvide quitarse los zapatos.
*
El problema de vivir en paz con dios y con el diablo, es que tarde o temprano, cualquiera de los dos, romperá las reglas del pacto.

      Edgardo Benítez

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