Club de Letras UCA (Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras)
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viernes, 1 de septiembre de 2023

BREVE Y PROFUNDO: Entrevista a RICARDO CARPINTERO

 


BREVE Y PROFUNDO


Entrevista a: RICARDO CARPINTERO


Por Ramón Luque Sánchez


A primera vista, Ricardo Carpintero nos engaña, más que escritor parece un cantaor flamenco. El pelo blanquísimo y acabado en rizos le dan aspecto de ser un patriarca del mundo de la copla o del toreo. La curva de su barriga nos muestra la imagen de un hombre feliz. Pero todo eso se desvanece cuando empieza a hablar. Entonces parece un niño grande. Cuando se va nos deja un halo de bondad y ternura. Así eran las personas en el mundo rural, del que procede, hace unas décadas.


Te crías en un pueblo minero de la provincia de Sevilla, ¿queda algo en ti del mundo de la mina?

R.-Los niñ@s nacidos en esas cuencas mineras, veíamos en nuestros padres grandes dosis de solidaridad, amistad y compañerismo. Esos ejemplos estoy convencido que nos marcaron a todos.


Has trabajado hasta tu jubilación en la sanidad, que tiene poco de poético, ¿cómo ha influido tu trabajo en la decisión de ser escritor?

R.- Un infortunado accidente me obliga a estar más de dos años en cama, de ahí quizás venga mi vinculación y admiración por el mundo sanitario. Y es, cuando me incorporo como trabajador a la sanidad cuando vuelve a convertirse ese mundo en una fuente más de inspiración. Pues en él, se vive intensamente, el dolor, la superación y, sobre todo, la entrega y el amor a los demás.


¿Qué aporta la Literatura a tu vida?

R.- La literatura para mi, ha sido una herramienta imprescindible de conocimiento y de vida. Con los libros dejas de ser un actor pasivo para convertirte, en la medida que tu imaginación quiera, en parte activa de la obra.


Te tengo por un hombre bondadoso, pero imagino que detrás de esa imagen hay algo más. ¿Quién es en verdad Ricardo Carpintero?

R.- Mi padre, un cariñoso minero, y su entorno quisieron trasladarme conceptos como compresión, solidaridad, justicia social, y estos quedaron grabados en mi. Por ello cuando pude estudié unos años de Derecho y más tarde Gestión Pública en Madrid. Fueron años de reformas y mucha entrega. Ya de vuelta, quise concluir mi vida laboral en Cádiz, tal como empecé, en la sanidad, Y ahora intento aportar mi granito de arena a esa montaña inmensa de palabras, llamada Literatura.


Te conocí como poema y de pronto tu primer libro está escrito en prosa. ¿No crees que la poesía debe estar celosa?

R.- Espero que la poesía no esté celosa, ya que en él he pretendido, modestamente, que contenga párrafos de una clara prosa poética, que a poco que los estructures y los vistas con el traje poético puedan ir apareciendo pequeños poemas.


Acaba de aparecer tu primer libro, ¿de verdad merece la pena tanto esfuerzo desde que se escribe la primera palabra hasta que lo ves en el escaparate de una librería?

R.- Cuando ves que una novela aparece después de un par de años de esfuerzo, y te das cuenta de que la hacen suya los lectores, es como si dejara de pertenecerte. Ya no solo la disfrutas tú, sino todos los que la leen. Esto es lo que verdaderamente merece la pena.


¿De qué va “A volar, madre, a volar”, tu primer libro?

R.- Es una historia de vida biográfica, narrada desde el punto de vista de los hijos de los mineros. Un relato histórico plagado de detalles reales, como un sentido homenaje a esos jóvenes mineros que en muchos casos acabaron dando sus vidas trabajando en galerías profundas situadas a cientos de metros bajo tierra.


Dime tres razones por las que es aconsejable su lectura.

R.- Porque era necesario darle voz a los que en su día no la tuvieron. Puede ser leída también por jóvenes, ya que he pretendido que sean ellos los protagonistas de la historia. Pretendo transmitir valores, quizás olvidados, como la amistad, la solidaridad y el esfuerzo colectivo, unidos por el amor a esos pueblos de Andalucía que un día nacieron para ser felices.


¿En qué proyectos andas metido en la actualidad?

R.- Quizás porque he esperado a tener tiempo, aparece la necesidad de seguir publicando. Relatos, poemarios y la estructura de una nueva novela, aún en ciernes.


Sin pensarlo dos veces, di el nombre de un poema, un libro y un pensamiento que te acompañen en la vida.

R.- La Rima LIII de Gustavo Adolfo Bécquer. "Volverán las oscuras golondrinas",

"Edad prohibida" de Torcuato Luca de Tena.

"Ayúdame a ayudar".






domingo, 29 de mayo de 2022

VIVIR SIN TUS BESOS. AMORES PROHIBIDOS. Homenaje a Adelaida Bordés, Centro de Congresos de San Fernando, 12-5-2022

 

VIVIR SIN TUS BESOS

 

Bésame un poco si quieres,

pero sólo eso, no me vayas a llenar de besos,

ya ves que mi alma no puede.

 

Bésame un poco si quieres,

porque sé que apareces en mis sueños

y no quiero volver a vivir

este amor que tanto duele.

 

Bésame un poco si quieres,

más deja que siga mi camino

donde no esté contigo

donde no duela el olvido

y las noches sean leves.

 

Bésame un poco si quieres,

pero no irrumpas en mi vida

hoy, que has hecho un hueco en la tuya

y a la luz de la luna

te acercas como si nada

apoyando tu mejilla en mi almohada.

 

Bésame un poco si quieres,

más luego, déjame en la soledad de mi alcoba

con los recuerdos dormidos,

sin saber que te has ido,

pues vivir sin ti, amor, también se puede.



AMORES PROHIBIDOS

 

Se asemeja la distancia a la noche

en el profundo hueco del olvido                                                                 

injerto de sabia dulce

néctar de mandarino.

 

Nunca cuajó en mis venas

de robusto naranjo agrio y vacío

ahonda la pena ahoga el recuerdo

de aquellos días imprecisos.

 

Ahora que a destelladas arranco unos versos

de mi pluma de ave del paraíso

buscando el grano picoteo

en las baldosas de mis mármoles de estío.

 

En el recuerdo, tu cabellera al viento

mi dama de los suspiros

que a mis imberbes años deslumbrabas

los veranos descubriéndome a mí mismo.

 

Noches de luna plateadas

tras los cristales vacíos

de ventanas a las que nadie se asomaba

solo la verdad cruel de mis amores prohibidos.

 


         Ricardo Carpintero González

sábado, 25 de enero de 2020

A la luz de la lumbre.




Crepitaban los últimos rescoldos que disfrazados de pequeños grititos me impedían echarme en la alfombra del salón, como si con ello quisieran demostrarme algún sentimiento de dolor o de rabia, pues esa lumbre que ahora con su suave calor relajaba la casa, antes había sido toda una orgullosa hoguera de redondos y gruesos troncos, que en la tarde se había afanado el abuelo en cortar hacha en mano, junto a la valla, en la trasera del jardín.

-Hubiese sido un invierno más, a no ser por el desenlace que me esperaba-.

Aún no había anochecido cuando sonó el timbre de la puerta, me afané en llamar su atención pues hacía ya un buen rato que su butaca había dejado de balancearse. Ante la insistencia de la llamada, di un salto y me aferré a la panza que formaba el vuelo bajo de la cortina, por el mismo sitio donde recibía continuas regañinas, golpeé con fuerzas el cristal de la ventana, - era el doctor en su visita diaria-.

Escuché sus pasos como se alejaban e incluso, como cerraba la puerta del jardín, -es curioso que con la edad que dicen que tengo siga con este oído tan privilegiado-.

El abuelo no se inmutó, con su cabeza un poco daleada y las gafas más bajas de lo normal, sujetaba entre sus manos el libro releído que tanto le gustaba y que, a fuerza de escucharlo, -pues lo leía en voz alta, quizás huyendo de la soledad-, me proporcionaba el confort suficiente para echar mi siesta al calor de la lumbre, -lástima que yo solo sepa ronronear-.

Una vez que la casa quedó en silencio y el frío empezaba a inundar el salón, salté con sumo cuidado a su regazo, el libro sin embargo resbaló por su bata azul y cayó abierto en la alfombra. El abuelo no se inmutó; permanecimos así toda la noche, hasta que, al amanecer, un golpe seco desencajó la puerta principal. Corrí para meterme bajo el sillón y desde allí observé toda la temida escena. Cuando al cabo de unas horas todos se fueron llevándose al abuelo, comprendí que este también sería mi final.


            Ricardo Carpintero

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