Club de Letras UCA (Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras)
Director: Profesor de la UCA Dr. José Antonio Hernández Guerrero
Coordinación del blog:
Antonio Díaz González
Ramón Luque Sánchez

Contacto y envío de textos:
clubdeletras.uca@gmail.com


Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de julio de 2020

Hablilla. La mascarilla




https://andaluciainformacion.es/hablillas/911347/la-mascarilla/

Hablilla. La mascarilla


Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 19-7-2020 en andaluciainformacion.es



        
          En un principio, cuando la pandemia era un vocablo no verbalizado porque se escondía, el uso de la mascarilla se trató como una eventualidad que luego ascendió a complemento. Si hubo un intento o una tendencia a la frivolización fue por la incertidumbre y el miedo que se iban abriendo paso en la rutina. Los diseñadores empezaron a comercializar las suyas con etiqueta y logo, bien por ser lo novedoso o bien pensando en el futuro. La iniciativa no resultó lo esperado, porque pocos o nadie estuvieron dispuestos a pagar más de cien euros por un complemento que no deja de ser un trozo de tela con elásticos, sin garantía de protección. Aun así, se vieron tapando las caras de los asiduos, de los fijos en las revistas, hasta que un par de semanas más tarde las calles se vaciaron y las mascarillas se guardaron, mientras que las otras, las reglamentarias, las genuinas se agotaron.

          La nueva normalidad, que vivimos con la extrañeza de cualquier comienzo, no nos permite dejarlas a un lado y si la olvidamos nos veremos obligados a pagar una multa. Nos lo hemos ganado, se oye. Cierto y los irresponsables nos han regalado este trofeo a los cumplidores. No nos vamos a repetir, acataremos e iremos contando al revés, restando días a un fin muy lejano. Es así y para animar un poco el bajón, las mascarillas se alegran con banderas, escudos, se les estampan colores vivos o bocas pintadas y sonrientes, en fin, un muestrario para elegir. Las de diseño se han reinventado bajando los precios, saliendo de sus tiendas, esperando a ser elegidas en los expositores de los supermercados más conocidos y frecuentados por el consumidor, que las mira con asombro por no ubicarlas en su medio habitual. En el fondo es la oferta y la demanda, la venta y la compra, utilizando el momento como cebo o como recurso para aprovecharlo.

          La otra cara de esta moneda es bien distinta: una fotografía tomada en un poblado africano a un grupo de niños pequeños con mascarillas hechas de cartón y atadas con una guita. Al pie, una leyenda que dice más por lo que no cuenta. Unas letras que pellizcan retorciendo el alma, secando la boca. Una lección que nos hará pensar antes de quejarnos por el daño de la goma tras las orejas o por el cansancio al respirar el aire caliente. Un mensaje que nos hará callar antes de protestar por el endurecimiento de esta medida. Unas palabras que intentan esconder otra, reescalada, antes de que se verbalice con enjundia.


                           

viernes, 17 de julio de 2020

Hablilla. La foto

https://andaluciainformacion.es/hablillas/910113/la-foto/

Hablilla. La foto


Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 13-7-2020 en andaluciainformacion.es



Es una de las miles que se toman al cabo del día, una forma de pasar el tiempo atrapándolo para difundirlo y conseguir el mayor número de pulgares arriba, el premio a la inmediatez. Es un hecho, de las redes sociales alguna cae a las tertulias radiofónicas, a los periódicos, ganándose un lugar en la actualidad, aunque su tiempo no llegue al minuto. La del titular ha sido tan curiosa como peligrosa, así encabezaba el texto antes de mostrarla. A modo de introducción iba preparando el ánimo y los ojos, pues había que buscar un detalle, como el pasatiempo de un antiguo tebeo.

Si la rescatamos, el primer golpe de vista nos sitúa en un bar. Luego observamos dos niveles: en el primero, el barman llena una copa de lo que parece un grifo cervecero. En su actitud solícita y cordial nos espanta verle la mascarilla bajo la nariz, mientras manipula el artilugio sin guantes. Cierto, hay gente que la lleva de pulsera o enganchada en una oreja, gente que ignorando las normas besa y abraza a los otros. Y si esto es para echarse a temblar volvamos a la foto. Por recomendación del tuitero utilizamos el zoom para acercarnos al segundo nivel y descubrir el detalle: un cliente con la mascarilla en los ojos. Unos segundos y reaccionamos pensando en la ocurrencia, en la espontaneidad antes de colocarla en su sitio. Los comentarios incendiaron la Web y fueron escalofriantes, porque la mayoría eran emojis carcajeando.

Se trata de una foto con muchas lecturas y no precisamente chistosas, más aún en este momento, por donde pululan la duda y el desconcierto, momento de bulos y desinformación que desorienta y hace temer. También se aprecia una lectura de denuncia. Los ojos tapados, la mascarilla descolocada, ese antifaz simbolizan lo que realmente está ocurriendo, provocado por cuantos se niegan a cumplir las normas, aludiendo claramente al refrán. Se entiende la hartura, el esfuerzo enorme al encarar el día y un futuro breve, oscuro y a plazos.

Vivimos una situación más incierta cada vez y en lugar de extremar los cuidados, estos grupos se relajan tapándose los ojos. Así no pararemos el virus. Por duro que resulte, peor será perder la vida o ver cómo la pierden los nuestros.

Miremos la foto. Nos recuerda que la responsabilidad cuesta y ser responsable también. Pero merece la pena. Juntos podemos lograrlo. Estamos a tiempo. Ánimo.

miércoles, 15 de julio de 2020

Hablilla. La del cocodrilo


HABLILLA 869



Hablilla. La del cocodrilo


Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 15-6-2020 en andaluciainformacion.es




         No podía faltar, porque ha descongestionado un poco la saturación informativa. Las circunstancias mandan, sin embargo el lector agradece el espacio a otras noticias que conforman la actualidad. Al revisar la memoria son las que aparecían con cierta relevancia en los primeros periódicos gratuitos, repartidos a pie de calle, en las paradas del transporte público, echando de menos al voceador. Hoy, su publicación en papel compatibiliza y capotea como puede la digitalización y en este campo sí tienen cabida estas curiosidades, dando al lector la posibilidad de elegir entre varias versiones.

         El caso es que el Pisuerga, río asociado a la circunstancia favorable para realizar algo, ha sido noticia porque fue visto un cocodrilo cruzándolo de una orilla a otra. Resultó desconcertante pero no increíble, pues hay gente con mascotas que ponen en peligro no sólo su vida, sino la de sus vecinos. Hace unos días uno de estos fue mordido por una de las serpientes que tenía en su casa. Murió horas después. Si no le hubiera dado tiempo a ir al médico, se habría dado en el barrio la misma situación de hace al menos cuarenta años en la pescadería de nuestra plaza de abastos, cuando echaron agua en lugar de hielo a una caja de anguilas. El miedo llevó a la exageración, ya que aseguraron verlas meterse en la fuente de la Plaza de Rey. Pero volviendo al reptil y a las excentricidades, es inevitable pensar en la película La bestia bajo el asfalto, en el niño que tiró la cría de cocodrilo al retrete y acabó en los desagües, alimentándose de basura mientras crecía hasta sentir la llamada de la naturaleza, despertando su instinto depredador. En un principio se pensó en algo parecido. Luego se habló de un animal de grandes dimensiones. Revisadas las huellas y los restos de un pez, una nutria ocupó el lugar del cocodrilo.

         Si pasan los días y el asunto no se mueve, la duda y el sentido del humor se aliarán paliando el miedo a la reaparición, hasta que otra noticia curiosa lo extravíe. De momento tenemos la elección del lugar para pasearse, el afluente del Duero, el río de Machado, el que corre terso y mudo, mansamente, el que fue contemplado por el poeta en todas las estaciones, reflejando en él su propia melancolía al cruzar las sierras y las nieves o el páramo sombrío. 

         De momento, no hemos vuelto a saber del reptil. Su avistamiento ha recordado el paso del Pisuerga por Simancas, alejándolo de la manida referencia habitual.
         Ánimo y a por otra semana.
                           

                            Adelaida Bordés Benítez, 15 de junio de 2020

miércoles, 8 de julio de 2020

Normalidad

Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 6-7-2020 en andaluciainformacion.es


 


La vamos recuperando con la lentitud y el respeto a la intranquilidad, al miedo. Aún notamos el pellizco del estómago, el peso en el pecho que nos hace suspirar de forma entrecortada. Ha sido y sigue siendo muy duro, pero vamos remontando poco a poco. La mascarilla forma parte del atuendo y el frasco de hidroalcohol ocupa su lugar en el bolso, junto a los pañuelos de papel y las gafas. El pediluvio sigue junto al felpudo y el pulverizador con el desinfectante vigila erguido sobre el fregadero y los lavabos. Son las normas que cumplimos con esmero y hace unas semanas conviven con el movimiento, con la vida que ha salido de la casa y camina por la calle, con los ruidos que no oíamos hace tiempo, como los botes de un balón, el rodaje de un monopatín, los gritos de los más pequeños al resbalar por el tobogán, al pedir un capricho con insistencia o al romper a llorar por negárselo, las bocinas de los coches, indicadores todos de bullicio y compañía, aunque el saludo y la conversación se hagan a distancia.

 Durante los primeros días de este mes de julio hemos oído con agrado el rasgueo de una guitarra acompañando al cante y al baile para recordar la muerte de Camarón. Ha sido como dar la bienvenida al verano, al inicio de la velada con un refresco, el papelón de pescado frito y un rato de conversación. Nos enfrentamos a unas vacaciones distintas, cuya importancia estriba en vivirlas para contarlas. Por eso no se ha descuidado la programación para las tardes de estos meses. Habrá un poco de todo, será bien venido, agradecido por la mayoría y criticado por los de siempre. Sin ellos La Isla no sería la nuestra, perdería aquello que refuerza su carisma, el ejercicio, el hecho de saber de ese grupo formado por cuantos no se han movido de la pantalla.

Ellos son parte de esta normalidad que se va acomodando de nuevo, porque, como antes del confinamiento, sus comentarios a destiempo y destemplados bajo las noticias, se leen y se olvidan. A buen seguro que no han recuperado los sonidos, más bien habrán protestado. En este caso también se habrán perdido los ensayos de la banda, las notas de las trompetas, los toques y redobles de los tambores colgándose al silencio del anochecer isleño, el único donde el calor huele al fango salado de la marisma, donde la oscuridad abre las ventanas para que escape el baile enloquecido de un tenedor, que con aires de reel bate unos huevos para la cena. Se los han perdido. Seguro.





miércoles, 4 de marzo de 2020

La maldad


Imagen y artículo publicados en elfarodeceuta.es
A pesar de los indudables progresos, aún quedan rincones en los que proliferan vicios incompatibles con la dignidad humana.
Sin necesidad de caer en catastrofismos, hemos de reconocer serenamente que, a pesar de los indudables progresos alcanzados por la humanidad, aún quedan fondos tenebrosos de maldad en amplios sectores de nuestro mundo contemporáneo y charcos encenagados en rincones oscuros de nuestra sociedad avanzada. Es cierto que la humanidad, globalmente considerada, ha progresado de manera ininterrumpida en los ámbitos científico, técnico, económico, sociológico, jurídico e, incluso, moral. A pesar de los graves problemas que padecemos en la actualidad, una consideración histórica desapasionada pone de manifiesto que hemos superado trágicas situaciones de mortandad, de enfermedad, de esclavitud, de injusticias y de guerras. También podemos constatar cómo, en muchas partes de nuestro mundo, gracias al progresivo imperio del Derecho, las relaciones sociales son más justas y más equitativas las reglas económicas. De manera progresiva -y, a veces a costa de sangre y de vidas- se va extendiendo la democracia apoyada en la valoración real de los ideales de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad.
Pero este reconocimiento de los progresos logrados no debería impedirnos considerar el abandono y el menosprecio de unos valores éticos que son imprescindibles para el logro de una vida individual más digna y de una convivencia social más justa. Debería llamarnos la atención, por ejemplo, la reticencia de muchos intelectuales para abordar los temas relacionados con las virtudes morales y la escasez en los medios de comunicación de unas críticas serias sobre la proliferación de vicios éticos tan mortíferos como el odio, la envidia, la maledicencia, la calumnia, la avaricia o el orgullo.
Nos da la impresión de que denunciar la maldad que encierran algunos comportamientos depravados de personajes públicos puede sonar a consideraciones moralizantes y a sermones de piadosos predicadores, pero el hecho cierto es que, en el fondo de esas acciones que devastan la naturaleza, en las raíces ocultas de las injusticias sociales, de la siniestralidad laboral, de las calumnias con las que tratan de argumentar algunos políticos, de las corrupciones administrativas y, por supuesto, en las guerras internacionales, late un profundo vacío de esas virtudes que constituyen los cimientos de la integridad personal, y palpita la ausencia de esos valores que proporcionan cohesión a la estructura de las relaciones sociales y que han de guiar las decisiones y los comportamientos políticos por los senderos de la racionalidad.

Nos resulta fácil admitir el “mal de la naturaleza” e, incluso, tenemos cierta propensión a concederle una influencia determinante pero, por el contrario, constatamos una sorprendente resistencia a reconocer que, en muchos rincones de nuestra sociedad y en capas profundas de nuestras entrañas personales, se agolpan montones de podredumbre y depósitos siniestros de maldad, ese veneno mortal que, inoculado en las arterias de este organismo inhumano, malea las relaciones internacionales entre los pueblos y provoca altercados políticos entre los partidos. La mayoría de los problemas graves que, en estos momentos, tiene planteados nuestra sociedad exige que revisemos unos valores morales que, de hecho, deberían fundamentar los objetivos que los partidos pretenden alcanzar e, incluso, las estrategias que emplean en sus actividades. Al lamentarnos del triste espectáculo que nos ofrecen algunos políticos no nos sirven los calificativos con los que valoramos los efectos devastadores de los fenómenos atmosféricos porque, en aquellos casos, se trata de acciones humanas voluntarias, perpetradas por unos hombres dedicados a la destrucción de otros.

          José Antonio Hernández Guerrero

viernes, 10 de junio de 2016

Crítica a la homeopatía, elogio a los homeópatas.

    




 Crítica a la homeopatía, elogio a los homeópatas.



Si bien es cierto que la homeopatía no se basa en los fundamentos científicos de la medicina convencional y que su eficacia es continuamente cuestionada, muchas personas que han superado sus dolencias y algunos profesionales de la Medicina siguen insistiendo: “Ciencia o no, la gente se cura”

La Homeopatía sostiene que aquello que provoca la enfermedad, a dosis muy atenuadas, también puede combatirla. Este principio, parecido al de las vacunas, es la columna vertebral de esta ciencia (o pseudociencia, según sus críticos) desde hace ya dos siglos.

Recientemente, las Universidades de Barcelona y Valencia han suspendido su Máster de Homeopatía por falta de rigor científico, ya que la comunidad médica mayoritariamente atribuye estas supuestas curaciones a la autosugestión del enfermo –el llamado efecto placebo- o a las propias defensas del organismo, por causas ajenas al tratamiento. No puede ser de otra manera –sostienen- ya que la dilución del principio activo es tan alta que su presencia es químicamente indetectable en los medicamentos homeopáticos.

Pero muchas opiniones, algunas muy prestigiosas, defienden que la Homeopatía sigue curando. Propongo algunas razones que pueden explicar este éxito en determinadas  dolencias, como alergias, problemas de piel, dolores crónicos o desórdenes alimentarios. Primero, el acercamiento del médico al paciente desde una perspectiva integral, averiguando su modo de vida: costumbres, ejercicio, dieta, preocupaciones... En largas entrevistas, los buenos homeópatas establecen un diagnóstico certero, imposible de conseguir en las breves citas de la medicina convencional, que además suele abusar de su enfoque compartimentado tratando los distintos órganos del cuerpo como elementos independientes. Segundo, se recomiendan cambios en hábitos, posturales, dietéticos, incluso mentales.

Finalmente, se recetan ciertos comprimidos, probablemente inútiles desde el punto de vista científico, que provocan en las personas enfermas una confianza crédula, de efectos benéficos, y en algunos casos, espectaculares. 


            Agustín Fernández Reyes           
Las opiniones vertidas en las publicaciones de este blog son responsabilidad exclusiva de cada firmante.