Club de Letras UCA (Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras)
Director: Profesor de la UCA Dr. José Antonio Hernández Guerrero
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martes, 2 de marzo de 2021

Hablillas. Cambio de tiempo

 

Artículo publicado en Andalucía Información


La moda era diseñada por nombres impronunciables y vivía en las revistas, sin que fuera un obstáculo para dejar de imaginar.

 

 

El mercurio empieza a subir. Lo hace despacio, desafiando la fiereza de los temporales por la próxima estación, dando olor a la humedad mientras la seca. Todo vuelve, el calendario es el primero en indicarlo. Sin embargo, es en la moda donde más se aprecia por la obra y la gracia del clima. Si no, demos un paseo a lomos del ratón, detengámonos en un enlace cualquiera alusivo al tema y comprobaremos, por ejemplo, la promoción de los pantalones de campana aún sin exagerar, las sandalias destalonadas en piel similares a las de casa, las de goma de toda la vida, chaquetas algo más largas, blusas bordadas y vestidos vaporosos con las mangas de jamón. Son tendencia, no hay franquicia sin ellos, envolviendo a modelos jóvenes cuya delgadez intenta disimularse con la caída del tejido y el abullonado.

Se publicitan para la mujer de hoy con un cuerpo muy parecido al de las preadolescentes de los setenta, decenio en que estos vestidos y estas mangas sin exagerar fueron los reyes del armario. La diferencia está en el estampado, tan pequeño que parecía moverse al son de los brazos dentro de aquella holgura hecha de pliegues locos. Rosas de pitiminí sobre hojas verdes, cuadros de vichí unidos con nido de abeja y dobladillos bordados con punta de ojal colgaban de una percha sólo alcanzable con los ojos. Entonces la estética sonaba a operación quirúrgica y la delgadez era sinónimo de enfermedad. Las chicas de entonces soñábamos con las novelas de los cinco y el momento de subirnos a los tacones, lo demás no iba más lejos del colegio, las notas y los muñecos en la habitación, cumpliendo la condena al asiento perpetuo en sus nalgas de plástico, vigilando nuestro crecimiento desde la repisa. La moda era diseñada por nombres impronunciables y vivía en las revistas, sin que fuera un obstáculo para dejar de imaginar.

Las creaciones de entonces han ido volviendo tras completar un ciclo. Lo vemos en los pantalones de campana citados al comienzo. Aparecieron con los hippies y se fueron estrechando hasta pegarse a las piernas como el dedo de un guante, para luego ir ensanchándose de nuevo y comenzar el ciclo en un escaparate, desmayados con cuidadoso desorden sobre las rayas de ambas patas, ilusionando.

Vivimos observando y en la moda se descubre la unión entre la amenidad y su propia historia, con minúscula, porque no forma parte de un nombre propio, según la Fundéu. Es, por tanto, un mundo que va más allá del diseño, el color y la evolución de las prendas de vestir.

Ánimo. Va quedando menos.


           Adelaida Bordés Benítez

 

miércoles, 17 de febrero de 2021

Hablilla. Inimaginable


 

Artículo publicado en Andalucía Información


Aprovechando la posibilidad de viajar dando la mano al móvil, en uno de estos barzones podemos encontrar los lugares más raros imaginados. La casualidad los hace aparecer subrayados formando parte de una entrada, provocando la parada del ratón. Al cliquear, el cambio de color chivatea la conexión y la magia de los chips hace el resto.

Probablemente de esta forma hemos descubierto Whittier, un pueblo de Alaska donde sus doscientos y pico de habitantes viven en un solo edificio. Sin necesidad de salir a la calle tienen la escuela, la lavandería, el supermercado, un hotel y la comisaría. Dicho así, es una forma estupenda de esquivar los rigores del frío y de la nieve, tener todo a la mano a pocos escalones de distancia. Ventajas, sin duda, a las que sus habitantes habrán añadido el aprendizaje a vivir con el cielo y los árboles a través de las ventanas. El clima habrá ayudado a manejar la situación, a gestionarla, como se dice ahora, porque asumir estar rodeado de tierra helada durante nueve meses, requiere la capacidad de adaptación por razón de nacimiento o la voluntad en dosis masiva. También es probable que sientan extrañeza o incluso les pesen los doce grados de temperatura máxima en verano y lo vivan echando de menos el frío.

Imaginemos el planteamiento al contrario dejando a un lado la vivienda. Qué pensarían, qué comentarían si Internet y la casualidad los paseara por nuestra zona, viendo las olas rizándose, desmayándose sobre la arena abrillantándola. Qué comentarían del atuendo, cómo soportarían los treinta y tantos grados del mediodía. Así, ellos y nosotros, cada uno en su sitio, pasaríamos un buen rato encadenando posibilidades, hasta ese punto en que la mente empieza a rebuscar una semejanza. En el caso de ellos llegarían, quizás, al origen, dos edificios unidos y destinados a ser instalaciones del ejercito de los Estados Unidos allá por los años cincuenta. Nosotros, ante su forma de vida nos estremeceríamos, pero no de frío sino de terror. Los comentarios sobre estas semanas lluviosas corroboran lo anotado, unos días grises y todos con ansiedad por la falta de sol. Y en cuanto al edificio que el adosamiento ha convertido en bloque colosal, esta gracia del sur los definiría como casas de vecinos tan sofisticadas como para no tener cucarachas, con el vapor pertinaz del bacon and  chips en lugar de una berza y en vez de supermercado, el quincallero estaría sentado al fondo de la planta, con pelliza y babuchas, nunca zapatillas, esperando al vecino desaviado en busca de una bovina de hilo o una cabeza de ajos mientras abre la fiambrera a deshora diciéndose: “si quieres vender, ponte a comer”. Inimaginable. Menos aquí. Ánimo.

Adelaida Bordés Benítez



miércoles, 10 de febrero de 2021

Hablilla. Aniversario.

 


Artículo publicado en Andalucía Información: 

https://andaluciainformacion.es/hablillas/949617/aniversario/

Si los santos tienen novena también los aniversarios deberían de gozar de una especie de dispensa, de un alargamiento de plazo razonable. Es lo que ocurre con el centenario de Gustavo Adolfo Bécquer, fallecido un veintidós de diciembre hace ciento cincuenta años. Ciertamente ha sido recordado y como el año comienza invitando a seguir con la lectura por las circunstancias conocidas, es de obligado cumplimiento que la hablilla dedique sus renglones al poeta romántico más realista y apartado de la grandilocuencia de sus contemporáneos.

De todos conocidas son sus Rimas y Leyendas, emocionantes por la recreación de los espacios agrestes, lo onírico y la melancolía que descubrimos al leerlas, sobresaliendo ese espíritu trágico andaluz logrado a través de la siempre difícil simplicidad, aunque su nombre permanezca ligado a la elegancia del arpa, el vuelo de las golondrinas o a las pupilas azules. Sin embargo el poeta logra alejarse de estas estampas con sus dibujos, aunque el reconocido en esta disciplina fuera su hermano. Siendo parte de una familia de artistas y viviendo este ambiente, probablemente el lápiz quedara alejado a ratos de los versos, la métrica y la musicalidad, si bien el ritmo subyace dando movimiento a las figuras.

Uno de los más conocidos es el partido de tenis entre esqueletos utilizando un cráneo como pelota. Un clic sobre el ratón nos lo despliega junto a otros de su autoría, en cambio resulta divertido ser espectador de este encuentro siniestro y tan parecido a la danza macabra de Saint-Saëns, poema sinfónico de imposible influencia por haber sido escrito cuatro años después de la muerte del poeta. Sobre un campo de tierra se encuentra a medio levantar un esqueleto decapitado. El cráneo vuela al ser impulsado por un artilugio plano empuñado por otro mientras el segundo jugador espera al fondo de la escena iniciando el punto de fuga.

La risa eterna de las calaveras a la vez provoca la del espectador, entendiéndola como la del poeta sobre la propia muerte, aseguran los críticos. Junto con la vida, ambas constituyen un tema recurrente en el que sobresale el dominio de la técnica al reflejar su mundo interior de una forma distinta y muy superior a la escritura, aseguró el propio Bécquer. Asimismo, en estos dibujos apreciamos el lado más romántico del artista, por lo impactante y lo exagerado, características que encontramos al comienzo de la novela de Bram Stocker, fundamentando el trastorno en el comportamiento del Conde Drácula. Hoy lo llamaríamos Gótico Moderno. 

El frío, la lluvia y las normas aconsejan quedarse en casa de nuevo. Retomemos a Bécquer esta semana. Su poesía es elegante, su prosa sencilla y sus dibujos divertidos. Empecemos con él. Ánimo.


          Adelaida Bordés Benítez





jueves, 17 de diciembre de 2020

Hablilla. Una de barriga


https://andaluciainformacion.es/san-fernando/937180/una-de-barriga/



Artículo publicado en Andalucía Información: 

https://andaluciainformacion.es/san-fernando/937180/una-de-barriga/



El otro público, el colocado al otro lado de la pantalla, no reparó en el trabajo bien hecho de la actriz, sino en su físico.

 

Es cierto, hombres y mujeres le tienen manía, incluso fobia a verse un melón creciente bajo el estómago, dicho con el mayor de los respetos. La barriga forma parte del cuerpo como todo lo demás y es comprensible que no guste, como sucede con los pies, el pelo o las orejas y no por ello se desloma uno en el gimnasio o se dedica a recorrer quirófanos.

Como ejemplo, esta semana le tocado a la barriga de una joven intérprete que ha demostrado su madurez estando por encima de los comentarios. A las redes sociales, por regla general, les falta poco para convertirse en un infierno, y más en esta etapa tan peculiar. Por eso las llamaradas no han necesitado el soplido de un fuelle para prender en la actuación de Beatriz Luengo, actriz española con una trayectoria consolidada a pesar de su juventud. Ella intervino como invitada en un programa de imitaciones en un canal mejicano. Muy querida y reconocida al otro lado del charco, no tuvo problema por enfundarse en un body, colocarse una peluca rubia platino, modular la voz y ser Lady Gaga durante su actuación, trabajo que defendió muy bien según el jurado y el público asistente al concurso.  

Hasta aquí la noticia formó parte de la actualidad del día. El otro público, el colocado al otro lado de la pantalla, no reparó en el trabajo bien hecho de la actriz, sino en su físico. Al rato ya olía a quemado en las redes sociales. La mayoría de los comentarios se centraban en su barriga apretada en un body, en su falta de pudor, limando mucho la expresión, y ni una palabra sobre la elegancia, la destreza y las tablas de la intérprete, al margen de que su actuación gustara o no, lo cual es muy respetable.

Increíble que en estos tiempos sigan ocurriendo estas cosas, que se insulte y prime el físico sobre talento. En el video no sólo vemos a Beatriz Luengo bailando y cantando, la vemos interpretando el papel más hermoso de su vida, viviéndolo como quiere y mostrando con orgullo su barriga a unas semanas de dar a luz. Ella contestó cuando lo consideró oportuno y sus palabras aún corretean por Internet con la sonoridad y la rapidez de un tortazo, expresando cuánto se gusta sin dar explicación alguna por mostrarse, evitando aludir a su estado. Para aplaudirle.

Ciertamente la gente se aburre y el ocio cuadricula y embrutece. Cuesta trabajo creer en esta forma de pensar con tanta modernidad alrededor. Quién sabe. A lo mejor es por no ver más allá del monitor ni oír otro sonido que el de las teclas.


       Adelaida Bordés Benitez

 

miércoles, 22 de julio de 2020

Hablilla. La mascarilla




https://andaluciainformacion.es/hablillas/911347/la-mascarilla/

Hablilla. La mascarilla


Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 19-7-2020 en andaluciainformacion.es



        
          En un principio, cuando la pandemia era un vocablo no verbalizado porque se escondía, el uso de la mascarilla se trató como una eventualidad que luego ascendió a complemento. Si hubo un intento o una tendencia a la frivolización fue por la incertidumbre y el miedo que se iban abriendo paso en la rutina. Los diseñadores empezaron a comercializar las suyas con etiqueta y logo, bien por ser lo novedoso o bien pensando en el futuro. La iniciativa no resultó lo esperado, porque pocos o nadie estuvieron dispuestos a pagar más de cien euros por un complemento que no deja de ser un trozo de tela con elásticos, sin garantía de protección. Aun así, se vieron tapando las caras de los asiduos, de los fijos en las revistas, hasta que un par de semanas más tarde las calles se vaciaron y las mascarillas se guardaron, mientras que las otras, las reglamentarias, las genuinas se agotaron.

          La nueva normalidad, que vivimos con la extrañeza de cualquier comienzo, no nos permite dejarlas a un lado y si la olvidamos nos veremos obligados a pagar una multa. Nos lo hemos ganado, se oye. Cierto y los irresponsables nos han regalado este trofeo a los cumplidores. No nos vamos a repetir, acataremos e iremos contando al revés, restando días a un fin muy lejano. Es así y para animar un poco el bajón, las mascarillas se alegran con banderas, escudos, se les estampan colores vivos o bocas pintadas y sonrientes, en fin, un muestrario para elegir. Las de diseño se han reinventado bajando los precios, saliendo de sus tiendas, esperando a ser elegidas en los expositores de los supermercados más conocidos y frecuentados por el consumidor, que las mira con asombro por no ubicarlas en su medio habitual. En el fondo es la oferta y la demanda, la venta y la compra, utilizando el momento como cebo o como recurso para aprovecharlo.

          La otra cara de esta moneda es bien distinta: una fotografía tomada en un poblado africano a un grupo de niños pequeños con mascarillas hechas de cartón y atadas con una guita. Al pie, una leyenda que dice más por lo que no cuenta. Unas letras que pellizcan retorciendo el alma, secando la boca. Una lección que nos hará pensar antes de quejarnos por el daño de la goma tras las orejas o por el cansancio al respirar el aire caliente. Un mensaje que nos hará callar antes de protestar por el endurecimiento de esta medida. Unas palabras que intentan esconder otra, reescalada, antes de que se verbalice con enjundia.


                           

viernes, 17 de julio de 2020

Hablilla. La foto

https://andaluciainformacion.es/hablillas/910113/la-foto/

Hablilla. La foto


Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 13-7-2020 en andaluciainformacion.es



Es una de las miles que se toman al cabo del día, una forma de pasar el tiempo atrapándolo para difundirlo y conseguir el mayor número de pulgares arriba, el premio a la inmediatez. Es un hecho, de las redes sociales alguna cae a las tertulias radiofónicas, a los periódicos, ganándose un lugar en la actualidad, aunque su tiempo no llegue al minuto. La del titular ha sido tan curiosa como peligrosa, así encabezaba el texto antes de mostrarla. A modo de introducción iba preparando el ánimo y los ojos, pues había que buscar un detalle, como el pasatiempo de un antiguo tebeo.

Si la rescatamos, el primer golpe de vista nos sitúa en un bar. Luego observamos dos niveles: en el primero, el barman llena una copa de lo que parece un grifo cervecero. En su actitud solícita y cordial nos espanta verle la mascarilla bajo la nariz, mientras manipula el artilugio sin guantes. Cierto, hay gente que la lleva de pulsera o enganchada en una oreja, gente que ignorando las normas besa y abraza a los otros. Y si esto es para echarse a temblar volvamos a la foto. Por recomendación del tuitero utilizamos el zoom para acercarnos al segundo nivel y descubrir el detalle: un cliente con la mascarilla en los ojos. Unos segundos y reaccionamos pensando en la ocurrencia, en la espontaneidad antes de colocarla en su sitio. Los comentarios incendiaron la Web y fueron escalofriantes, porque la mayoría eran emojis carcajeando.

Se trata de una foto con muchas lecturas y no precisamente chistosas, más aún en este momento, por donde pululan la duda y el desconcierto, momento de bulos y desinformación que desorienta y hace temer. También se aprecia una lectura de denuncia. Los ojos tapados, la mascarilla descolocada, ese antifaz simbolizan lo que realmente está ocurriendo, provocado por cuantos se niegan a cumplir las normas, aludiendo claramente al refrán. Se entiende la hartura, el esfuerzo enorme al encarar el día y un futuro breve, oscuro y a plazos.

Vivimos una situación más incierta cada vez y en lugar de extremar los cuidados, estos grupos se relajan tapándose los ojos. Así no pararemos el virus. Por duro que resulte, peor será perder la vida o ver cómo la pierden los nuestros.

Miremos la foto. Nos recuerda que la responsabilidad cuesta y ser responsable también. Pero merece la pena. Juntos podemos lograrlo. Estamos a tiempo. Ánimo.

miércoles, 15 de julio de 2020

Hablilla. La del cocodrilo


HABLILLA 869



Hablilla. La del cocodrilo


Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 15-6-2020 en andaluciainformacion.es




         No podía faltar, porque ha descongestionado un poco la saturación informativa. Las circunstancias mandan, sin embargo el lector agradece el espacio a otras noticias que conforman la actualidad. Al revisar la memoria son las que aparecían con cierta relevancia en los primeros periódicos gratuitos, repartidos a pie de calle, en las paradas del transporte público, echando de menos al voceador. Hoy, su publicación en papel compatibiliza y capotea como puede la digitalización y en este campo sí tienen cabida estas curiosidades, dando al lector la posibilidad de elegir entre varias versiones.

         El caso es que el Pisuerga, río asociado a la circunstancia favorable para realizar algo, ha sido noticia porque fue visto un cocodrilo cruzándolo de una orilla a otra. Resultó desconcertante pero no increíble, pues hay gente con mascotas que ponen en peligro no sólo su vida, sino la de sus vecinos. Hace unos días uno de estos fue mordido por una de las serpientes que tenía en su casa. Murió horas después. Si no le hubiera dado tiempo a ir al médico, se habría dado en el barrio la misma situación de hace al menos cuarenta años en la pescadería de nuestra plaza de abastos, cuando echaron agua en lugar de hielo a una caja de anguilas. El miedo llevó a la exageración, ya que aseguraron verlas meterse en la fuente de la Plaza de Rey. Pero volviendo al reptil y a las excentricidades, es inevitable pensar en la película La bestia bajo el asfalto, en el niño que tiró la cría de cocodrilo al retrete y acabó en los desagües, alimentándose de basura mientras crecía hasta sentir la llamada de la naturaleza, despertando su instinto depredador. En un principio se pensó en algo parecido. Luego se habló de un animal de grandes dimensiones. Revisadas las huellas y los restos de un pez, una nutria ocupó el lugar del cocodrilo.

         Si pasan los días y el asunto no se mueve, la duda y el sentido del humor se aliarán paliando el miedo a la reaparición, hasta que otra noticia curiosa lo extravíe. De momento tenemos la elección del lugar para pasearse, el afluente del Duero, el río de Machado, el que corre terso y mudo, mansamente, el que fue contemplado por el poeta en todas las estaciones, reflejando en él su propia melancolía al cruzar las sierras y las nieves o el páramo sombrío. 

         De momento, no hemos vuelto a saber del reptil. Su avistamiento ha recordado el paso del Pisuerga por Simancas, alejándolo de la manida referencia habitual.
         Ánimo y a por otra semana.
                           

                            Adelaida Bordés Benítez, 15 de junio de 2020

martes, 14 de julio de 2020

Hablilla. Sabina

HABLILLA 868
https://andaluciainformacion.es/hablillas/902813/sabina/
    

Hablilla. Sabina

Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 8-6-2020 en andaluciainformacion.es



          

En estos días, el autor de los versos más bellos y dueño de una voz tan peculiar como gastada es el centro de las miradas, no solo por el programa que se emite en televisión, sino por la pérdida del mes de abril. La canción fue escrita para una película titulada Sinatra, donde participamos de un Alfredo Landa totalmente desprendido del tópico que tanto le dio. Merece la pena pasar esa hora larga contemplando cómo borda un personaje gris a un salto del abismo, arropado por Queta Claver, Manuel Alexandre y Luis Ciges. Por el fondo vuelan los versos impecables de Sabina, sencillos y rotundos, con la música de Pancho Varona, un binomio que ha trabajado a menudo. No cabe duda de que su proyección hace unas semanas ha facilitado la motivación que ha quedado recogida en las redes sociales con párrafos expresados desde la lírica clásica al tuit más desenfadado.

          Es cierto, ese Sabina con frac, sombrero de copa y un puro enorme bajo un bigote pintado, un maestro de cabaret a lo Groucho Marx ha sido el bendito culpable de esta coincidencia, proclividad o recurrencia, si se quiere, a elegir este referente para dejarse llevar por el verso que le dio otro nombre a la melancolía, un verso sobre el que gira una canción triste, real y emocionante, un verso evocador de lo que perdimos o se nos fue por el mero hecho de cumplir años, por tomar una decisión apresurada o acabar destrozado tras una relación. Es lo que trasluce en una primera lectura y una vez que se ha oído como fondo en la película no puede separarse de ella, del drama personal del protagonista, de la pensión en que vive, del cubalibre a las cinco de la mañana y de la escena final, con Queta Claver sentada tras la recepción, consolando a Sinatra, Alfredo Landa, que llora en silencio abrazado a sus piernas. Inolvidable.

          Ahora se ha hecho realidad, porque las circunstancias no solo nos han robado el mes de abril, sino la primavera. Quizás por eso llueve a ratos después de la marcha de nuestro viento más loco, recordándonos sus temporales desajustados, los aguajes, la luna llena, el desorden de una estación que la hace temible y amada. Quizás por eso las mañanas se nublan, se enfrían y cuando se les pasa el enfado, la luz hace brillar el atardecer. Abril no está en el almanaque del hombre del traje gris de la canción. En el nuestro es una serie de números sin tachar. El año próximo lo abrazaremos tarareando en silencio su banda sonora.

          Ánimo, que va quedando menos.


                            Adelaida Bordés Benítez, 8 de junio de 2020 

lunes, 13 de julio de 2020

Hablilla. Día del libro

Artículo de opinión, por Adelaida Bordés Benítez

publicado el 27-4-2020 en andaluciainformacion.es

https://andaluciainformacion.es/hablillas/894096/dia-del-libro/

HABLILLA 862

Día del libro

 

          Todas las invitaciones recibidas este año para colaborar, tenían en común la peculiaridad de esta jornada por la situación que sufrimos y que, indudablemente, ha favorecido la intervención de los asiduos y no tanto a las redes sociales. Quienes nos encontramos en este último grupo, no dejamos de sorprendernos por la relación que se entabla, por lo fácil que resulta. Tan solo un enlace en el buscador, un clic y el cursor de nuevo parpadea esperando moverse.

          Ha habido iniciativas de todos los colectivos, asociaciones, entidades culturales y desde un par de semanas antes, se nos ha invitado a llenar nuestros casilleros de fotos primero y libros después. Vista la respuesta, no se puede concluir en que no leemos, porque en estos días los títulos y recomendaciones incluso se han repetido por contactos comunes. Al terminar la jornada, nos alegró comprobar que la alarma del móvil no dejó de avisarnos de la entrada de nuevos mensajes con retos, recogida de testigos, pequeños relatos encadenando títulos favoritos, microrrelatos con fotografías, en fin, una serie de ideas y juegos que afianzan nuestra pasión por la lectura. Los informativos nocturnos también recogieron las ganas de todos por colaborar no solo en las redes, sino en las lecturas virtuales, una actividad que a quienes no estamos muy acostumbrados a estas cosas, nos causa asombro en esta ocasión en que la literatura ha sido un pensamiento por calles vacías.

          Indudablemente hemos echado de menos la falta de ceremonias, pero las sugerencias ofrecidas por las entidades literarias han sido de lo más variado. Un paseo por la Web nos mostró parte de estas iniciativas, porque la búsqueda relacionada habrá sido millonaria. Entre ellas hubo una muy curiosa titulada Te receto un libro, en la que nueve autores se transformaron en unos médicos muy especiales, que se interesaron por los gustos del paciente antes de extender las recetas para sobrellevar los días de confinamiento. El Instituto Cervantes permitió recorrer la Caja de las Letras de manera panorámica y nuestro Ayuntamiento nos invitó Volar desde Casa sugiriendo un título mediante un video o bien con una fotografía personal o familiar. El caso es que lo hemos disfrutado de la mejor manera. No nos han faltado los libros ni las rosas.

          Un año más, San Jorge ha rescatado a la princesa de la cueva del dragón.

          Ánimo y a por otra semana.

 

 

                                      Adelaida Bordés Benítez

lunes, 13 de abril de 2020

Vigilia (Hablillas)



 En estos días terminamos la jornada con menos cansancio físico quizás, sin embargo la mente está exhausta, razones por la que el sueño se resiste a llegar. La radio ayuda a luchar contra el insomnio inicial, a conciliarlo con la suavidad de las palabras, alterada por alguna que otra carcajada ante la espontaneidad de una ocurrencia sin que por ella se pierda el rigor informativo, el respeto por el entrevistado, la consideración, en suma, por el oyente. Estos detalles nos hacen engancharnos a las ondas a esa hora en que el cuerpo solicita horinzontalizarse, si se permite el término, para que el susurro al oído tranquilice la vigilia y se alíe con el sueño por unas horas. Las frases bailan sobre una música de fondo analizando el resumen de la jornada. La melodía cambia al hablar de un autor y su obra, por ejemplo, y se interrumpe con esa pieza clásica que resurge sin edad.

 Aunque hemos asumido la situación y cumplimos las normas del confinamiento mejor de lo que esperábamos, cierto es que la mente va por su lado, alzando el vuelo en cuanto se conecta a la radio y la relaja cerrando los ojos, una pantalla donde el tema del día se va emborronando por el del actor que estrena personaje, el título que arrasa en el cine o la rebeldía de un artista que vuelve del pasado.

 Una de estas noches de Semana Santa, el periodista cerró el primer bloque de su programa con el tema In my solitude, compuesto por Duke Ellington e interpretado por Billie Holliday. Argumentó que ante esta situación que vivimos, la cantante no habría dudado en lanzarse a la calle a cantarla. De alguna manera la vimos paseando en la oscuridad, dejando las notas de esta canción triste enganchadas en las esquinas, dándoles vuelo por una calle estrecha o buscando las ramas de los árboles, una soledad que azota el recuerdo, dice, que desespera hasta enloquecer por el amor perdido. Una pieza muy versionada, entre los que se encuentran Louis Amstrong y Tony Bennet, pero que Billie Holliday engrandece con su voz de trompeta en sordina, según los entendidos, como las introductoras del tema evocado, que junto a la melodía acurrucan al oyente, una voz que suaviza o justifica su espíritu desafiante, que saca el jazz del club deambulando con su soledad casi en susurros, sonriendo a la vigilia por su huida a pesar de tanta preocupación.

Ánimo y a por otra semana.





                     Adelaida Bordés Benítez
                    Hablillas. Andalucía Información.

martes, 24 de marzo de 2020

La parte más pequeña



Ha pasado una semana y con la paciencia a nuestro lado, vamos viviendo los días. El confinamiento no cuesta menos que antes, sin embargo la desolación se lleva peor. La calle vacía es como una escena de las primeras películas de ciencia ficción, con el silencio tan estremecedor como el blanco y negro de la cinta, precursor de catástrofe. Ahora más que nunca hay que echar mano del optimismo, aunque ande extraviado. Por eso hemos agradecido los mensajes en el móvil, a punto de echar humo a veces; el juego peliculero con los emojis -disculpas por el plural si no es el correcto; las iniciativas a escribir en cadena que facilitan las redes sociales. De alguna manera, hemos paliado el aislamiento, hemos sabido que al otro lado de la pantalla ha habido alguien dispuesto a contestar. Y nos quedamos con los momentos agradables, con los textos más coherentes con la situación, eliminando aquellos que nos han confundido tanto.

La incertidumbre sigue revoloteando sin fecha estimada de terminación. Vivimos un presente raro, con clases virtuales -bravo por los profesores- y conversaciones a través de la pantalla, alabando estos adelantos que nos facilitan la vida en general y las horas en particular.

Cuando todo esto empezó, no pensamos o no quisimos pensar que nos sobrepasaría. Lo cierto es que, al cabo de una semana larga, vivimos pensando en el presente alejándonos no más allá del día siguiente, distrayendo la ansiedad con todo cuanto anda guardado o amontonado en casa, donde la vida continúa, donde la jornada se mueve entre las habitaciones y el paseo por el corredor. Fuera todo está quieto, excepto el viento que acaricia los cristales, que juega al escondite con el frío, que agrupa las nubes hasta ahogarlas, desviando la caída de la lluvia. El mal tiempo, lo propio en esta época, viene a propósito para unirse al confinamiento, justificando la coyuntura como si fuera un pecado venial. Tal vez por eso la gente desea que llegue el anochecer para romper a aplaudir a la hora fijada en los chats, para cantar con emoción y jalear con alegría, para regalar melodías mientras los escuchantes dan las gracias con ráfagas de luz. Por eso y más que nunca hay que agarrarse a estos momentos que ocupan, quizás, la parte más pequeña del dìa, que aportan tanta frescura como el aire que sopla, enfría y enjuaga la noche isleña.  

Ánimo y a por esta semana.




             Adelaida Bordés Benítez


(Artículo publicado en Andalucía Información)

lunes, 20 de febrero de 2017

Jamón y tortilla, fusión. Hablilla




Apenas unos días faltan para la fiesta en la que la gastronomía juega un papel tan importante como los papelillos y las serpentinas, dos fines de semana para cerrar la casa y pasarlos en la calle, de una esquina a otra y entre cerveza y chiquita, las cuartetas de las agrupaciones acompañarán las tapas, raciones o montaditos que paliarán la gazuza. El hecho de comer y beber se vuelve itinerante y a deshora y mientras el estómago se llena, el bolsillo se aligera pese al beneficio de los precios populares.

Dentro de nada, la plaza del Rey se habilitará para la ocasión, ya ha salido en los periódicos, y dentro de nada en los casilleros a pie de artículo aparecerán los comentarios vituperantes de los de siempre que, como nadie los conoce, seguro se abrirán paso a codazos el primer domingo de Don Carnal para atrapar una ración de lo que sea.

Los tiempos críticos van pasado, pero el ramalazo dura demasiado  y tiene trazas de alargarse todavía más, porque nos lleva la delantera alejándose, perdiéndose en un futuro por el que no vuela el azar. El carnaval le canta a la realidad, a su crudeza, al desaliento que provoca y al pesimismo en que somete, pero el ingenio del letrista es capaz de pellizcar el corazón haciendo saltar la lágrima y la carcajada al mismo tiempo.

En estos días previos a las carnestolendas en los que el frío se ha dejado caer a conciencia, la calle, durante estos fines de semana, sólo se ha visto vacía por la noche, pero como el tiempo acompañará –si no fuera así tampoco importa- permanecerá atestada desde el mediodía hasta que la madrugada agrise el cielo de nuevo. Las máscaras y los disfraces serán fundamentales para darle color y aire de fiesta, porque durante unas horas la calle será el espacio de esparcimiento y solaz del ciudadano, por lo que se convertirá en un escenario cuyo telón y bambalina será humano, con cañón y luz cenital dirigida desde el mismo sol, calle que se disfrutará con desinhibición y espontaneidad. Si a ello añadimos la buena compañía y un plato de jamón, la unión es perfecta.

Nada que envidiarle a la de la feria gastronómica de Madrid, en la que el delicioso manjar se ha fusionado con la tradicional tortilla de patatas para imponerse a las recetas más creativas por lo atrevidas. Quince encuentros lleva ya y siempre sorprende no tanto por exceso como por su defecto. Hace algunas convocatorias se adoptó la frase “menos es más” de Mies van der Rohe, lema que suena a mundo de la moda y que este año ha sido desarrollado al pie de la letra por el equipo del restaurante Mina de Bilbao, con recetas elaboradas con un máximo de tres ingredientes que han sido verdaderas delicias para el paladar más exquisito.

En estos tiempos donde el color y las viandas conforman un conjunto agradable para la vista porque lo del paladar viene después, donde las recetas se sirven en pequeñas raciones –mijitas las llamarían nuestros antecesores- sobre salsas imposibles por su originalidad, es una osadía esta vuelta a los orígenes basada, sin duda, en abrir una rendija entre tanta saturación. Por eso se ha vuelto al huevo, la patata y el aceite, al jamón, al pan y a la mano. Tres ingredientes, no hacen falta más para disfrutar del color y el paladar al mismo tiempo tanto en la mesa más exquisita como en la barra de un chiringuito carnavalero, permítaseme la licencia del palabro. Disfrútenlos.

(Artículo publicado en: http://andaluciainformacion.es/hablillas/656001/jamon-y-tortilla-fusion/)



           Adelaida Bordés


jueves, 2 de febrero de 2017

El olor de la Cuaresma. Hablilla 712



          En estos días, el paseo diario ha dejado de ser pacífico y apacible para convertirse en desafío. El frío se dejó caer por La Isla. Quiso pasearse por nuestras calles para no olvidarse de ella ni olvidarnos. Ha sido el comentario general de esta semana pasada.

La meteorología suele ser tema recurrente, ése al que echamos mano cuando empezamos una conversación con quien acabamos de conocer o hace mucho que no coincidimos. Ciertamente no recordábamos tal bajón mercurial, aunque el pasado invierno nos sorprendió una nevisca en plena tarde. Las fotos no sólo corrieron sino que saltaron de un teléfono a otro mostrando tan insólita estampa. Si la Alameda se parecía a un muestrario de colores, las azoteas no se quedaban atrás. Nunca antes habíamos visto montoncitos de nieve sobre las macetas o junto a ellas, ni en los pretiles, ni en los alféizares de las ventanas. Incluso en algún tendedero se agruparon los copos resbalando, segundos después, para unirse a los otros. Tarde Inolvidable, tal vez irrepetible, pero muy ligada a aquel artículo de Pemán titulado Nieve en Cádiz, una postal escrita que todo articulista debería revisar de vez en cuando.

          El frío acobarda cuando el movimiento no consigue que el calor lo reduzca, sin embargo la obligación de la rutina nos lo ha presentado de distinta forma. Nada más asomar la cabeza a la calle, se nos ha pegado como si fuera hielo en polvo, el mismo que teníamos cuando respirábamos. Era como una gasa que nos tapaba la nariz y la boca, que nos dificultaba incluso la acción de caminar por el cansancio, porque no nos entraba el aire. Pero al girar en la esquina, en las inmediaciones de la Alameda, el frío se impregnó con el olor del clavo que estos días vuela por las mañanas, la especia señera de la Semana Santa, indicadora del final de la Navidad. Y lo desagradable se esfumó.

Es frecuente ver pasar los cartuchos de papel blanco cubiertos por la mano que los soporta, asomando por el bolsillo, continentes de los roscos trenzados, saquitos que esconden los dedos caprichosos y gamberros que los buscan y rompen su redondez para satisfacer el capricho con pellizcos. El aroma de clavo volará hasta el domingo de resurrección pero antes de que llegue se fundirá con el incienso. Ambos se batirán en duelo sin perseguir la victoria, porque no habrá ganador, porque cada uno ocupa su lugar. El del clavo es la pastelería y el del  incienso, el de las tiendas de ropa y mercerías, de donde saldrá antes de que el miércoles de ceniza nos recuerde lo que somos y en lo que nos convertiremos entre las tiras de serpentinas, puñados de papelillos y platos de arroz con leche.

Los puristas o los que presumen de serlo ni habrán leído este texto, habrán pasado la página motivados por el título. Los entendidos se habrán llevado las manos a la cabeza por tal disparate y no habrán pasado el primer párrafo. Los curiosos se atreverán a comparar estos renglones con la sinestesia, el tropo que une dos imágenes que pertenecen a distintos campos sensoriales. Quien los firma no lleva otro afán que el de entretener, de abrir un paréntesis de tres minutos escasos, suficientes para echar la mente a volar. Como ha volado hoy el olor de la cuaresma.



          Adelaida Bordés Benítez, 29 de enero de 2017
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