Club de Letras UCA (Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras)
Director: Profesor de la UCA Dr. José Antonio Hernández Guerrero
Coordinación del blog:
Antonio Díaz González
Ramón Luque Sánchez

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clubdeletras.uca@gmail.com


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sábado, 7 de enero de 2023

Hallazgo

 




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Día inacabado,

cambio de viento,

itinerario en marcha,

cambio de estación también.

Digo que estamos de tránsito:

por calles cruzadas,

desorientada en una ciudad grande en la que se habla otro idioma.

/JIAR/, “hiar”, deduje: aquí.

Era el hallazgo cuando el joven puso su dedo en el punto del mapa donde mi hija y yo nos encontrábamos.

 

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Una melodía de un niño, incansable y repetida sobresale del ambiente. Canta en agudo como un mantra. Está alegre. No sé qué dice, pero canta entusiasta, sin vergüenza, desinhibido en la burbuja de algún juego. ¿Cómo sé que está espléndido a rebosar de gozo? Quizás porque noto un cimbreo de ilusión en el aire. Es que estoy contenta, es que sonrío, es que lo busco desde la terraza y no lo veo. Pero está porque siento su amplitud en mí.

 

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Quedábamos los viernes por la noche. El personal del Ayuntamiento, había colocado una carpa para que los jóvenes hiciéramos la botellona. Era un llano amarillo con monstruos mercantiles bellos y rugientes en el costado. Compañeros de clase, de otros institutos, otros muy guapos y piratas y no tan jóvenes, no estudiantes, vendían alguna sustancia para que la desinhibición no fuera un riesgo. Era mi noche. Nuestra noche: dos amigos y una amiga. Descubrimos en aquella temporada aspectos repetidos en otras ciudades: bolsas con cerveza y licores; frutos secos; risas desinhibidas. Las calles regadas de gente animosa. El pulso acelerado de las motos iba y venía; imprudencias… la luna cruzando los edificios. También descubrimos que la sensación de cruzar los límites es elástica. Volvíamos a ser niños juguetones cuando tocábamos los timbres de las casas y corríamos a escondernos. Aguantar la respiración detrás de un coche equivalía a aguantar la risa como si un globo fuera a explotar lleno de agua. Luego nos contagiábamos de nuestras risas hasta la carcajada comunitaria, tonta, al ver que las luces de las ventanas se encendían molestas. A veces desaparecían los chaquetones de los compis y los móviles que aparecían al día siguiente en la mesa del profesorado. El caos era evidente. Una madrugada esperamos a Jaime a que se aproximara a la puerta de su casa. Nos escondimos en la obra de enfrente, detrás de un muro de ladrillos intermitentes. Cuánta excitación. Nos agenciamos un altavoz básico, de juguete, que deformaba la voz. Te crees que no existimos, ya verás… ven aquí…venimos a por ti… Giró a un lado la cabeza, luego al otro lado. No atinaba a meter la llave.  Tocó el timbre. Temblaba su voz cuando gritó: ¡Abre papá! Así espantábamos la madurez tenebrosa. No nos descubrieron. Ahora no hace falta cubrirnos el rostro con medias, ni ponernos un uniforme negro, ni escondernos para gastar bromas de este tipo. Nos cruzamos por la calle, nos palmeamos las manos con un golpe nostálgico. Nos abrazamos. Cada uno conduce algún vehículo, trabaja, desarrolla proyectos variopintos, estudia… mientras tanto, el llano amarillo vuelve a aglutinar a chicos y chicas el fin de semana, en la carpa que pone el Ayuntamiento para la botellona y nosotros nos mostramos fragmentados por la vida adulta.

 

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La mujer casada se levanta a la misma hora, del mismo lado de la cama, se pone zapatillas bordadas de saltamontes. Están ancladas al suelo de barro porcelano. Sobre la mesa de la cocina, el sol de verano ilumina el pan del desayuno, pero ella no ve la belleza del bodegón de la pared. Viene y va con los platos, coge algo que alguien le pide, pide que se quite la televisión, pero no le hacen caso. Habrá barrido, habrá hecho la cama, se habrá quedado mirando el poster nuevo que su hijo ha colocado enfrente del escritorio, ¿Quién será éste con tantos tatuajes? Ordenará el sofá y la ropa, otra vez quitará el polvo a los muebles, la comida se está haciendo y pondrá una ensalada. Había puesto el mantel, los cubiertos, los platos, los platos llevados por sus dos manos mordidos por la mejor sonrisa. No solo eso, sino que le piden algo más cuando está de pie. Mientras, el bodegón la mira. Está esperando a ser mirado por ella.  Porque se sentaría frente a él y tendría todos los alimentos a mano. Es más, el saltamontes también está esperando a que flexione un poco las rodillas, tome impulso y se eleve para sentir el cosquilleo de la altura y el aleteo de las alas.

 


                       Josefina Núñez Montoya

 

 

sábado, 11 de junio de 2022

CLAUSURA DEL CURSO 2021-2022. Centro Documental “José Luis Cano”(Algeciras), 31 de mayo de 2022

 

CLAUSURA DEL CURSO 2021-2022

 

Centro Documental “José Luis Cano”(Algeciras), 31 de mayo de 2022.

        

 


A las 6 de la tarde nos encontramos para nuestro acto de clausura en el Centro Documental, donde nos recibió Josefina Núñez, tanto a los que llegamos en autobús desde la Bahía de Cádiz y Jerez como al resto de compañeros que residen en distintas localidades del Campo de Gibraltar. A los miembros del Club de Letras se nos unieron varios amigos con un interés compartido: el gusto por la lectura y la escritura.

 

         Vernos y escucharnos de nuevo -de cerca, en persona- fue motivo de mucha alegría porque en esta ocasión con el reencuentro celebrábamos muchas cosas: primero, el haber vencido (algunos con dificultades y dolorosas pérdidas) los intentos de esta enfermedad por incomunicarnos; segundo, el poder culminar un nuevo curso del Club de Letras, que ha vuelto a ilusionarnos impulsando que nos escuchemos, leamos y escribamos, aunque sea a través del filtro de nuestros ordenadores y, finalmente, el reconocimiento público de la brillante trayectoria literaria de nuestra compañera y amiga Josefina Núñez Montoya.

 

         El acto comenzó con la bienvenida por parte de Miguel Vega, representante de la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Algeciras. Contestó Agustín Fernández (que dirigió el desarrollo de esta clausura debido a la condición de homenajeada de Josefina, que habitualmente realiza esa labor en esta casa algecireña) agradeciendo la acogida del Ayuntamiento en un lugar tan cómodo y bien dotado de los medios necesarios.

 

         La clausura en sí se dividió en dos partes: las intervenciones desde la mesa presidencial, centradas en la figura de Josefina Nuñez de tres personas expertas y amigas: José Antonio Hernández, Gely Ariza y Nuria Ruiz.

 

         Abrió este turno José Antonio Hernández Guerrero, profesor de la Universidad de Cádiz y director del Club de Letras, que nos advierte de que su valoración será necesariamente subjetiva debido a la afectividad que le une a la autora. Con esta premisa nos habló en concreto de las novelas de Josefina “Irene y Nitocris” y “La casa 50”, que considera dos obras importantes debido a algunos elementos que definen –y ahora sí, objetivamente- a las buenas creaciones; primero, la capacidad para despertar nuestro interés, a pesar de la distancia en el tiempo y el espacio, planteando los problemas cotidianos que preocupan al lector; y segundo, la propuesta hecha a cada uno de nosotros para que no perdamos la esperanza de alcanzar una felicidad y bienestar razonables, frente al deterioro derivado del inevitable paso del tiempo.

 

A continuación nos hablaron de la escritora homenajeada Gely Ariza, doctora en Pedagogía y docente y Nuria Ruiz, directora la revista de artes y letras “Hércules” y gestora cultural. Estas dos escritoras y amigas de Josefina Núñez contaron su experiencia común en el grupo de Literatura “Infusiónate”, un elemento de dinamización cultural de la comarca campogibraltareña. Ambas contribuyeron al desarrollo de este homenaje aportando cariñosamente varios detalles sobre diversos aspectos humanos y literarios de la obra de Núñez Montoya, así como numerosas vivencias comunes.

 

         Cierra este turno de intervenciones la propia Josefina, que contesta emocionada a las palabras escuchadas y además nos regala un breve y entrañable recorrido por la historia del Club de Letras, al que está vinculada desde su fundación. Lo considera un espacio estimulante, amistoso y enriquecedor en el que sigue aprendiendo cada viernes.

 

Con un fuerte aplauso de reconocimiento a la escritora algecireña se cerró esta primera parte del encuentro. Queda constancia además de este acto en la prensa local, que recogió la noticia:

 

https://www.europasur.es/algeciras/club-letras-cadiz-homenaje-josefina-nunez_0_1688533370.html

 

         El segundo bloque de intervenciones estuvo protagonizado por los que asistimos como público a este homenaje. Por un lado escuchamos textos dirigidos directamente a Josefina por Pepa González, Luisa Niebla, Adelaida Bordés, Ramón Luque, Nando Vázquez (que no pudo asistir pero fue escuchado gracias a Ramón Luque) y Paco Herrera (presente, pero que cedió la lectura de su trabajo a Gely Ariza).

 

         Por otra parte se oyeron textos de creación propia a cargo de Paqui Sánchez, Cristóbal Moreno, José Manuel Misea, Ricardo Carpintero Yayo Gómez, Juan Salvador Corral, Alfonso Pavón, Pepi Roldán, Antoñín Diaz, Eugenio Barriola, Manuel Bellido, Paco Benítez, Irene Villar y Agustín Fernández.

 

 

         Todos los textos leídos se irán publicando en el Blog de nuestro Club de Letras

http://clubdeletrasuca.blogspot.com

 

quedando así disponibles para quién los quiera descubrir o volver a disfrutar.

 

       


El encuentro terminó con un magnífico rato de aperitivos compartidos y diálogos amistosos en la terraza al aire libre de un bar cercano, con una sorpresa final: la actuación del dúo “Jarabe de Arte”, formado por nuestro compañero Antoñín Diaz (voz) y José Luis Morilla (guitarra), que cerraron esta tarde tan agradable versionando canciones de Leiva (“Monstruos”) Joan Manuel Serrat (“Esos locos bajitos” y “Aquellas pequeñas cosas”), Quique González (“Vidas cruzadas”) y Alberto Cortez (“Mi árbol”).

 



No pudo haber mejor final para un encuentro, homenaje y clausura de curso.

 

¡Volveremos a encontrarnos en el curso que viene!

 

 

Reseña y fotos por Agustín Fernández Reyes.

domingo, 29 de mayo de 2022

Lunes. Homenaje a Adelaida Bordés, Centro de Congresos de San Fernando, 12-5-2022

 

Lunes


 

La noche se repite. El joven palpa las llaves en el bolsillo del interior de la cazadora. Fue un flash rápido: el olor a ron con ginebra y el humo llegaría al dormitorio de sus padres. Pero está incapacitado como para realizar otra tarea que no sea introducir la llave en la cerradura. Después de varios intentos se felicita como si hubiera abierto una caja fuerte. El padre al oírlo, se visualiza con las muelas apretadas, cogiendo a su hijo por el hombro, empujándolo por el pasillo. Tambaleos y monosílabos de borracho hasta sentarlo en una de las sillas del comedor; verterle whisky por la boca como si fuera un detergente líquido, pero sin suavizante. Fue la primera intención. Pensó que vomitaría como lo había visto en algunas películas. Vomitaría la insensatez. Su mujer, que nota que su marido se va a levantar, lo coge del brazo. Mañana hablas con él, le dice mientras le busca la mano debajo de los pliegues de la sábana. Están atentos a los ruidos que traspasan los tabiques, que imantan golpes metálicos del pasado de otro hijo.

 -Hay que cambiar de táctica, le replica el padre.

El joven sigue el pasillo. Se saca una manga de la cazadora. Pierde el equilibrio y desplaza la fotografía de su hermano de la pared. Cierra la puerta y siente la instantánea del aire seguro. El pantalón se resiste. Se ayuda con la alternancia de las piernas como cuando era pequeño, dejándolo arrugado en el suelo. La cama recibe su cuerpo de un golpe. Bocabajo. Durante unos minutos el joven siente la pesadez de los muslos, el esfuerzo al inhalar aire, el descanso del rostro ladeado y el hilillo de saliva que se desliza por la comisura de la boca hasta la anestesia general.

 

…

 

El martes anterior, la madre había ido a la cita tutorial con paso ligero y con el estómago contraído.

-Disculpe la tardanza  –se excusó la tutora mientras ponía una carpeta encima de la mesa. La abrió por el señalador fluorescente.

La clase vacía condensa el sudor ajetreado de los jóvenes. Se observa en la pizarra digital un esquema de palabras en mayúsculas: complejidad, intertextualidad, exageración… A la profesora le hace falta peinarse. Amablemente le habló de las posibilidades artísticas de su hijo y del sentido del humor que a veces asomaba. Esa última apreciación le asombró. Desde el accidente de su hermano, tiene hundido el pecho y contesta con monosílabos. Escapismo, es otra palabra que lee en la pizarra.

…

El lunes ordena la semana, se dijo la madre que se levantó activa. Quiere componer la ilusión de la normalización.  Su marido desayuna en el puerto con los compañeros de trabajo y les preguntará por sus hijos adolescentes. Pero sus comentarios no lo dejarán calmado. Sólo habrá escuchado otras historias de hijos e hijas que infringen los horarios, que no colaboran en las tareas de casa, que ruedan por la ciudad sin casco.  Su hijo ha pagado para tener un interrogante tatuado en la nuca y él no lo sabe, ni su madre tampoco.  A estas horas su madre prepara un bocadillo y el café para su hijo. Llegará tarde al trabajo, llegará tarde al instituto. Entra en la habitación, sube la persiana, y él responde con un grito exagerado tirándole el estuche de la férula. No puede ser que otro día faltes a clase, le reprende la madre que se siente blanda y acobardada. Cómo referirle además que la habitación apesta a tabaco y que su otro hijo vuelve implacable al territorio acotado por el escapismo y la hipérbole, y ella vuelve a doblarse por la cintura sin aliento, quebrada, otra vez quieta.



             Josefina Núñez Montoya

             24/04/2022

martes, 17 de mayo de 2022

Nacimientos

 


 

Nacimiento 1


Me veo por primera vez un lunar en la punta del dedo índice. Me restriego el dedo con saliva, luego con jabón, me lo seco. Sigue ahí. Es una estrella en mi cuerpo, me digo. Pero mi hija interrumpe mi hallazgo.

-Me parece que el parto de Venus ha empezado, me dice.

La perra araña la alfombrilla queriendo hacer un boquete. Jadea a la vez que rompe el empapador. Mi hija se sienta a su lado sobre el taburete. La acaricia y le habla con una dulzura maternal. La observa. Sabe que después del primer cachorro debe nacer el segundo antes de veinticinco minutos, si no, debemos llamar a la veterinaria. Venus se tumba, jadea,luego silencio. Una pequeña cabeza aparece por el orificio.  Mi hija sigue las instrucciones. Con los guantes de látex nota que se expulsa el cuerpo y ayuda con un suave tirón. La lengua de Venus lame al cachorro, se come su envoltura y los líquidos derramados. Es una estrella en el suelo.

 



Nacimiento 2


Mi sobrino se quita el chaquetón. Cuelgo los dos en la percha de la entrada. Llevo la maleta a su cuarto. Me pide agua. Se la doy. Pongo a calentar el tomate para los espaguetis. No deja el vaso mientras recorre la casa.

-Hay más fotografías de mis hermanos que mías –me dice cuando vuelve a la cocina y me da el vaso vacío.

Ha comenzado una modesta tutoría.

-Realmente enmarco las que me dan- respondo.

Cuando estamos en el estanque cercano y él serpentea trozos de migas de pan a los patos, le hago fotos con el móvil. Pulso el clic con el dedo del lunar: de medio cuerpo –que se vean sus manos;  de su rostro alegre; con el cuerpo inclinado, abierto a la observación y al descubrimiento, justo cuando el ánsar le da un picotazo.

 


Nacimiento 3


-Con la hélice del barco. Esta mañana cuando fui a pescar -me responde él.

Se deshace en la boca, sabe a él, jugoso. Es un voraz con la boca abierta y los ojos son lunares como estrellas.

-¿Es grave la herida? -le pregunté

-Ya estuve casado, no necesito a nadie más en mi vida.  Ya he contestado demasiadas preguntas.

Se me agrió el dulzor del voraz. Por eso nado y braceo. Sé que no debo irme tan lejos. El anzuelo está más adentro y sé que no sabré a voraz si lo muerdo. Me siento como él. Debajo del mar todo es borroso aunque perciba el azul intenso como una sábana que asfixia. Pero mi cuerpo es una estrella hundida que no me permite quedarme ahí.



                    Josefina Núñez Montoya. 170422

lunes, 26 de abril de 2021

El gas argón


Vivo en el noveno piso. Me gusta sentarme junto a la ventana.  Cuando la cierro ahora, la luna no figura doble en el cristal. Desaparece la intersección de los círculos. Afuera hace frío. Es un buen invento el doble cristal: aislante de los ruidos; absorbe el calor en los meses fríos y no permite la entrada del ardimiento del calor. También es seguro. Porque los intrusos paralizarán sus intenciones además de por la altura, por la resistencia a romperse con los golpes.

Me recuerdo respondiéndole a mi amiga Marisita -pequeña como yo- que podré entrar en el servicio de las chicas cuando vengan los papeles. Lo importante para mi era llevar la falda del uniforme y que mi madre me peine con dos trenzas. Hay diferencia entre llamarse Jesús y María Jesús. Vino una psicóloga y le preguntaron a mis compañeros de clase que si yo era niño o niña. ¿Y usted qué es? ¿Investigadora o jueza? En aquella época el doble acristalamiento se construía en algunos países del Norte. Más avanzados. El aire deshidratado o el gas argón se introduce a presión entre ellos consiguiendo una distribución equitativa. Según su color se clasifican en verde, ámbar o transparente. Es beneficioso para el ser humano mostrar el color del cristal de sus ventanas y sentirse bien en su propia casa. Saqué en claro que era niña por dentro, niña a medias por fuera.

Suena un mensaje. Él viene en camino. Por eso abandono la lejanía de la carretera, la cúpula de la iglesia que parece de oro y el roce de las ruedas de afuera. Desde la ventana me siento yo misma, niña por dentro, niña por fuera, y la única luna me lo repite con su redondez.

Después del bachillerato me operarán, -guardaba esperanzas. Por eso seguí sepultada en la apariencia de mi ropaje de mujer, mi documento de identidad y mis exitosas notas. No es un lugar para vivir la soledad íntima ni la duda de los demás. En aquella época, detesté la palabra “maricón”, “gay”, “trans”... “Climatil”. Así se le llamó a la marca con la que el primer fabricante comercializó este producto. Pero, ya que existe, la nombran o ¿la nombran porque existe desde su creación? Dar el paso a denominar las cosas es salir del cautiverio para conquistar la libertad. Luego, no omitirse. Aun así, la intersección de los círculos de la luna se manifiesta en el doble cristal de la ventana. Me operarán cuando termine la carrera, volvieron a decirme, volvieron a atrasar la inmunidad, volvieron a alargar la esperanza. El orgullo es algo que se construye poco a poco para mantenerse en pie como la prótesis que da apoyo y protege al sistema locomotor. Por eso yo no quería un espejo grande en mi habitación que me enseñara que, debajo del vestido estaba el sujetador de las hormonas y las braguitas de elástico y que debajo de ellas, estaba la esencia del tormento.

El argón comprimido que le oculté a mi primer novio lo están liberando ahora las abejas libres que desplazan con sus alas las partículas de azufre y crean leyes de miel. No pude contener su mano. Ocurrió tan rápido. Nuestro último curso de la carrera de Historia, nuestro último brindis de menta con hielo, en un pub nocturno como otras veces ¡Por dios! ¿Quién iba a suponer que del beso y la caricia pasaría a tocar mi sexo? Ojos de alarma. Boca decepcionada. Estampida de antílopes. ¡Por un bulto en la entrepierna! Además, era pronto para poder recibir de él la comprensión a mi secreto. Me operarán dentro de unos días, le rogué que se quedara. Pero él quiso no amar a quien amaba. 

Ahora sí, con otro novio, la luna se perfila única y entera. Ella le coge su mano, la besa y la dirige a donde estaba el bulto de la entrepierna. No ha sido fácil, le dice. Duele de otra manera. La herida cicatriza con capacidad de regeneración a su lado. 

Afuera hace frío, el ruido ha cesado. Pongo a calentar las empanadillas de pisto y la sopa de verduras mientras pongo la mesa como a mí me gusta: con una vela que huele a vainilla y los posamanteles de cáñamo. Sigo mirando la completitud de la luna con la ventana cerrada que abandono cuando oigo abrirse la puerta del piso.



        Josefina Núñez

martes, 7 de julio de 2020

Esplendor




Esplendor            

Inspirado en Catulo “el pajarito muerto”.

 

A vosotros que sois mis amigos y mis cómplices poéticos, os quiero contar que si bien, se ensañaron con nuestro hermano hasta quitarle la vida, que tanto le gustaba cantar y deleitar con el piano, que se encargaba de los verdes con sus emociones y difundió las canciones alegres que los niños cantaban cuando salían de la escuela, que nos emocionó con historias de pasión desmedida por la libertad, tan reales como universales y que juró dedicar su vida al arte y a la diversidad,… una fuerte corriente de aire limpio, eleva su voz difuminándola como un paraguas por nuestras neuronas por todo el mundo.

Resuenan sus melodías más allá de lo audible; marca un lazo transparente de pasos por donde hacernos únicos; inunda el instante al ser entendido:

“-Contad mi triste historia a los niños que pasen ¡Yo soy la Libertad porque el amor lo quiso!

-Yo era…  ¡Oh fauce maravillosa la del ciprés y su sombra!... Yo fui… la luna estaba de broma diciendo que era una rosa…pero no soy…ante una vidriera rota coso mi lirica ropa.

-Mañana te escribiré una carta con verso y demás golondrinas…”

Así pues, contaros, a vosotros de palabras sensibles, que sus metáforas han sellado lo que quiso decirnos haciéndolo permanente en nosotros que lo leemos.

 

Josefina Núñez Montoya

 

 

 


domingo, 10 de mayo de 2020

No te quiero en mi vida




No es que no crea en los fantasmas, es que no les hago hueco en mi cabeza, porque quererse meter, quieren hacerlo. Lo necesitan, porque si no ¿cómo existirían? Algunos vienen de fuera otros de dentro. Inconsistentes. Traslúcidos, gruñones, resbaladizos, ocultos, pero de insistente presencia. Tal vez, gruñones por tu ignorancia. Supongo que tienen que ver con la fantasía, de ahí su nombre ¿comprendes?

Sé que me asustaba la oscuridad de pequeña, más por los posibles sustos que por otra razón; que  mi tata hablaba con su madre por las noches como si estuviera viva; que mi amiga me dice –calla, no hables de los muertos que te aparecerán por la noche-. Incluso, cuando tuve mis desvelos después del divorcio, cuando empecé a dormir sola, yo misma me reprendía diciéndome: ¿Qué haces, pendiente del manillar de la puerta? Anda déjate de tanta pamplina y piensa en los buenos momentos del día.




              Josefina Núñez

sábado, 9 de mayo de 2020

Sófocles, insustituible




Me sugiere…

Si tuviera que valorar al hombre, tendría que usar el plural de hombres y mujeres, porque es justa la reivindicación de estas últimas a  ser nombradas. No solo porque todo ser humano nace de ella sino porque la deuda contraída con ellas debe ser reestablecida.

Como es el valor más sublime de nuestra condición: la equidad, que esta palabra incluya la elección; la condición suprema de propósitos; libertad de expresión, de culto, seguridad y eliminación de la pobreza, en todo hombre y en toda mujer. (Algo de algún discurso)

Seguimos avanzando en las inmersiones del conocimiento, desde los océanos profundos y desconocidos a los lejanos horizontes, más allá de las estrellas, más allá de la célula.

Seguimos – “infatigables”- oficiando los sectores de sustento: primario, secundario y terciario, cuidando de sus límites con las fuerzas encontradas de intereses, hacia el equilibrio que declamaban personas sabias, sujetando las tirantas de una cama elástica. Sostenibilidad, en la mesa de tres patas donde todos nos sentamos a comer, a dialogar, con el firme propósito de conseguir la práctica más conveniente para el futuro.

Seguimos errantes de ideas e imaginación, pensamiento e imaginación, “alado de pensamiento”, construyendo y destruyendo y reconstruyendo sin ser del todo igual al momento siguiente. Es condición humana proteger a los desvalidos y vulnerables. Los niños, los ancianos, los inmigrantes, los pobres,… nos revelan nuestra condición humana. ¡qué sabiduría! No es solo el dominio de la palabra, o de la invención, sino también la mirada invisible empática; el gesto generoso del respeto y la conquista general de la acción solidaria, lo que conforman nuestra dignidad humana.

Seguimos con propósitos compartidos, en general, paradojas. La tierra está herida y nosotros dentro, con un paraguas invertido de varas legales para protegerla-nos. La agujeran unos poderosos insolentes e ignorantes que creen que la vida continuará con el papel virtual.

Pero aquí estamos, aquí seguimos, erguidos, con la energía de la ingenuidad de la infancia, la osadía del joven y el amor responsable de la madurez.


               Josefina Núñez

viernes, 8 de mayo de 2020

A ver cómo le va a mi hijo




Vuelvo a mirar de nuevo la pulcritud de la mesa de cristal; los trazos del peñón pintado sobre la tela de seda colgado en la pared; el orden por colores y tamaños de las toallas; las entrañables fotografías que se suceden en el marco digital. Aplico mi observación con exactitud en cada detalle del moderno apartamento donde vive mi hijo a medida que voy impregnándolo de buenos deseos. Me encuentro con menudencias y objetos asombrosos de los nuevos tiempos que al intentar cogerlas las atravieso por no ser yo de este mundo.

Nunca he dormido en sábanas de lino que tanto aprecian las chicas que se acuestan con él. Lavadas y un poco almidonadas cada viernes por Flora, que habla igual que limpia, de forma melodiosa, con acento propio de los países del Este. Tampoco existía antes de mi muerte, el robot de cocina que una vez programado se activa como una olla al fuego y, sin cocinero. ¡Qué ingenio! Como el equipo de trabajo de mi hijo que no para de inventar materiales químicos para mejorar el revestimiento de los edificios.

Hoy mi hijo ha dejado las persianas bajadas y con esta penumbra he podido salir de ese diario que guarda en el cajón de la mesa. En él escribió con nostalgia: “si pudieras estar aquí, y me vieras, madre, estarías orgullosa de mí”. Como era su deseo me he obligado a quedarme unos días de raciocinio en su casa; deambular como si volviera a caminar con las dos piernas; darle compañía cuando lee antes de dormir, y mirarlo, mirarlo con amor, pareciendo poder apartarle el pelo de la frente, o queriendo que sienta el beso que le doy cuando regresa del trabajo o cuando se va a acostar. Su textura y el calor de su cuerpo en el que penetro cuando lo abrazo es como un recuerdo hecho realidad de color nacarado y olor a tomillo, pero inexistente si salgo de esa intencionalidad imaginaria.

Sin embargo, me resulta novedoso este sentir que no siento sino que presiento, mientras los golpecitos de lluvia en el cristal actúan como teclas de un piano, que solivianta al vecino, que se ha puesto a correr con su silla de ruedas como poniéndola a prueba. Antes asomé la cabeza traspasando la pared y lo vi manejándose con destreza y armonía de la cama a la silla. Y luego cómo se preparaba el desayuno. La lluvia ha debido de inquietarlo. Voy a ver. Tiene como un circuito establecido.  Muy despejado el suelo y organizada la estancia. A su altura todo: los interruptores, encimeras, microondas, colgadores. Está usando sus fuertes brazos para rodar por un ocho espacial. Va y vuelve como en una carrera. Alucino. Suda. Me gusta este tipo independiente y autónomo que hace deporte en su casa. Muy bien. Volveré a verte luego, antes de marcharme, cuando entre de nuevo en el diario de mi hijo, concretada en la palabra deseo.




                Josefina Núñez

miércoles, 22 de abril de 2020

Ulises confinado (6) Día del libro 23-4-2020. Saltando con Homero.




Con tantos estímulos externos para imaginar,
será lo más potente las letras que contiene un libro y,
serán más consideradas las artes de la creación y la didáctica.

En este cuento, quiero suponer a una joven como protagonista, que pudiera ser yo misma, porque…

¿qué adulto no contiene una adolescencia en su interior,
marcha bajo el abrigo del crecimiento,
lanza a sus amigos reflexiones  ingenuas,
o se lamenta de que la vida no sea más larga y la salud tan frágil?

 Delante de la gran pantalla del ordenador que mi padre me ha dejado usar excepcionalmente, conecto con la profesora y mis compañeros de instituto. Los veo con movimientos cortados como si fuera una suma de fotografías en ráfaga. La aplicación zoom.us es el espacio del océano. Siento regocijo al escuchar las importantes voces de Andrés y de Pura, de Zoe y de Izan… Todas sus opiniones y comentarios se traducen en ingeniosas expresiones que me hacen olvidar la cúpula invisible y temerosa que nos aísla. Nos reunimos una vez a la semana para corregir las respuestas de los ejercicios y la aclaración de las dudas. Es ese orden, con el actual deseo de darnos empujones jugando al baloncesto, enlazar los chistes ingeniosos a las palabras serias, estirar el tiempo después de clase… lo que envuelve de alegría y de ilusión, mi espera.


Aun así, estoy siendo consciente de un nuevo anhelo que se ha incorporado a mi vida. Si en principio fue una lectura obligatoria, ahora es una llamada agradable y fuente de inspiración. En mi cuarto, al fondo de la casa, donde nadie me perturba después de almorzar, me recuesto y el adhesivo fluorescente en la página, me abre el sartal a una asombrosa aventura.

Resultó, que dos meses después, tal vez años, hoy mismo, escribí inspirándome en aquel libro de La Odisea:

¾¡Háblame recuerdo! háblame de aquel hombre de multiforme ingenio que, después de destruir el mal que azotaba al mundo, anduvo errando por él durante cinco años. Vio numerosas ciudades y conoció las costumbres de muchos pueblos y padeció en su ánimo grandes desengaños en cuanto que, procuraba ayudar a salvar vidas y dar crédito a la razón ante tanta conjetura. Más, aun así, no pudo librarlos de las creencias mágicas antiguas ni de los miedos oscuros como deseaba. Todos siguieron sus propias locuras. ¡Insensatos! De tanto ponerse al sol y contemplarlo, se quedaron ciegos y cogieron una insolación.

Aquel hombre multiforme, quiso volver a su casa.
Deseaba demostrar los afectos a los cercanos,
recogerse entre las sábanas íntimas y delicadas de su hogar,
sentir los pliegues de la vida cotidiana.
Pero a pesar de extraviarse entre pantanos,
esquivar dos veces las heridas infectadas,
remontó su promesa con los nuevos compañeros de viaje que
compartían con él las demostraciones equilibradas de la naturaleza,
el control de los defectos y los excesos, y
perseguían el mismo objetivo: el de llegar a casa.


           Josefina Núñez Montoya

martes, 14 de abril de 2020

Adaptación del texto “Teogonía” de Hesíodo




Las Musas me transfieren a su mundo
Los saltitos de rana de las musas




En Grecia hay un monte majestuoso llamado Helicón, desde donde se divisa la circular de un mar por donde brotan otras islas. Allí habitan nueve deidades que protegen a las ciencias y a las letras.

De ellas quiero hablaros por el amor que me infunden la belleza y su bondad. Nada persiguen de fama o tesoro, ni ser o menos sabias que otros. A ellas les gusta danzar con sus pies delicados en torno a una fuente de violáceos reflejos en la que lavan su piel suave antes de subir a la cumbre del monte.

Porque allí se reúnen para cantar con deliciosas voces y cimbrear sus pies al compás de la melodía.

Partiendo de allí, envueltas en densa niebla marchan al abrigo de la noche, lanzando al viento sus maravillosas voces, emitiendo himnos a los poderosos pobladores, a los votados y a los heredados, a las mujeres activistas y distinguidas, a los adolescentes rebeldes de zapatillas de deporte, a los bellos de ojos glaucos, a los cuerpos de seguridad que abarca el lugar, a los curiosos niños, a los sabios enseñantes, al respetado creyente, a aquellos de retorcida mente, de arrogancia y codicia explícita. Y cómo no, al espacioso Océano, a la noche negra y a lo continuo de la naturaleza.

Ellas precisamente enseñaron una vez a Hesíodo un bello canto mientras apacentaba sus ovejas por aquel lugar.

He retenido durante entonces su mensaje que aún no he llegado a comprender, a la espera de que, un día de tanto pensarlo, descubra su regalo, como ha de suceder en la mente humana.

En el primer contacto me cantaron: “¡Pobladores del campo, solitarios, de triste indefensión! Sabemos decir muchas mentiras con apariencia de verdades; y sabemos, cuando queremos, proclamar la verdad”

 Así dijeron aquellas musas que imantaron mi atención.

Luego, en la segunda acción, me dieron un cetro después de cortar una admirable rama de florido laurel. Me infundieron voz inspiradora –espiritual- para celebrar el futuro y el pasado y, me encargaron valorarlas al principio y al final de mi pensamiento.

Mas, no sé por qué me detengo en este episodio apesadumbrado que me atiborra la cabeza con tanto interrogante. ¿A qué me detengo con esto en torno a la encina o la roca? 



  Josefina Núñez Montoya

lunes, 6 de abril de 2020

Ulises confinado (5)




COMENTARIO A “ODISEA”

Había disfrutado con vivacidad del programa “imprescindibles” sobre la vida y obra de Emilio Lledó, filósofo y hombre relevante que focaliza la literatura clásica como medio útil para entender el mundo y mejorarlo.  Entre muchas definiciones etimológicas que mencionó, aclaraciones de textos como el de la caverna de Platón, y destacó al héroe de Ulises. Agucé el oído aún más porque hacía un rato que había escrito sobre él en uno de mis relatos. ¡Qué coincidencia! Resaltó en el programa televisivo la mitológica elección de un hombre que por primera vez pudo elegir entre la inmortalidad de los dioses, quedándose en la gruta con la hija de Zeus y, la finitud humana, cuyo valor absoluto contiene el amor a Penélope, a su tierra y a sus frutos.

Por otra parte, he de confesar que durante mi estancia en la residencia de Torretavira, -último año con tal fin, hoy conservatorio- había una escueta biblioteca, de la cual me llevé como recuerdo y con la intención de leer dos libros de la literatura clásica. Los que me llamaron la atención y la intención, por su parecido físico ya que eran de la misma editorial, forma y tamaño y, por su renombrada importancia. Estaban protegidos por un forro transparente muy esmerado. Seguramente hecho por una de las monjas “Hija de la Caridad”, a las que llamamos indistintamente “Hermana”. Por supuesto los leí y los disfruté con asombro porque tenían una belleza especial y unas enseñanzas aún vigentes. Tanto la Ilíada como la Odisea fueron libros alumbradores de reflexión y de disfrute espiritual.

Dicho esto,  aparece esta otra coincidencia: una solicitud, una propuesta de observación y reflexión hacia el texto con el que se inicia la Odisea. Lo que aumenta la coincidencia.

 ¡Cómo empieza “La Odisea”! Lo había olvidado. Cuánta fuerza invitadora de conocer en un primer párrafo. Pocos inicios retengo como grandes obras. Ahí está “En un lugar de la Mancha…” o “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…” “Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a un persona grande.” Me hago el propósito de retener éste. Merece la pena.

El canto I de “La Odisea” empieza con una petición, un ruego. “Hablame” ¿Quién está interesado en conocer tan especial hombre? “Cuéntanos” tal vez sean varios los que realizan la petición en boca de uno. Yo también quiero saberlo. Me contagia la curiosidad. Este Ulises ha de ser especial porque los dioses lo retienen en su memoria.  Se deduce que el solicitante es de la casa de los dioses. Merecerá la pena acercase a su historia. Parece importante.

Nace un deseo de volver a revivir lo que sintió la primera vez que escuchó su historia. Conocía de sus actos u aventuras. Es el deseo de volver a sentir lo que ya sintió, aumentado por la espera de ser contado nuevamente.

¿Y qué había sentido este solicitante para desear volver a escuchar la historia de Ulises?

Nace el deseo de volver a experimentar el pulso del asombro ante la diferencia con su mundo. La mente se abre. A través de Ulises el solicitante de la historia es capaz de aprehender la naturaleza humana. A través de sus actos es capaz de comprender los aspectos singulares e identitarios del ser humano. Y produce en él, una abertura del pensamiento hacia las semejanzas y diferencias de los “Hombres” con los dioses. (Incluso la distinción con el mundo animal.

Por otra parte, el solicitante desea volver a experimentar un pulso de la experiencia del riesgo, la heroicidad, el juego con la muerte, del amor. A través del salto de la imaginación. Ella es capaz de hacer vivir en el que escucha la historia con avidez y deseo, lo que Ulises vive, siente, y  experimenta. Acercarse a Ulises es acercarse a sensaciones, pensamientos y acciones. Es experimentar a vida, como si él las ejecutara al oírlas. O sea, saber los detalles de sus aventuras; hacerlo cercano a través del relato con la imaginación, posibilita acomodar y ajustar la experiencia de Ulises a las propias necesidades. La imaginación es la impulsora del sentir vital que proviene de lo externo, en este caso, la palabra, que llena huecos, con la activación del pulso interno.

¿Y qué pudo sentir detrás de la acción?¿cuáles son las cualidades del ser humano? ¿qué es la vida que se aprecia más que la eternidad?

Ulises era un hombre y reaccionaba como tal. Por sus actos se le conocía. Inteligente y adaptativo

Fue capaz de ordenar e intervenir en lo que era malo para su pueblo destruyendo Troya. Peregrinó, fue errante y conoció la pérdida de destino, abandonándose a las circunstancias; comprendió la diversidad de costumbres y seres humanos; se expuso a los peligros del mar; liberó a sus compañeros, los ayudó, aunque no pudo evitar que perecieran por su propia insensatez, falta de prudencia, de razón, o buen juicio. Deseaba volver porque conocía el amor y la lealtad a su pueblo… todas estos elementos constitutivos del ser humano asombraban al solicitante de la historia, los hacía desear, y empujaba a su imaginación a poderlos vivir –o acercarse al pulso de la vida-, a través de las palabras.

La creencia de la existencia de un orden superior, cosmo, Dios, o dioses, define el valor de la trascendencia. Los dioses le instaron –decretaron- a que siguiera cumpliendo con su trabajo, con su deber en su patria.

Neptuno se sintió ofendido con Ulises por rechazar el máximo de los regalos: la eternidad o tal vez porque no tiene la opción de elegir y poder conocer la vida terrenal... mientras que los demás dioses lo compadecieron. También los lectores nos acercamos al conocimiento de la cultura mitológica a través de las actitudes de los dioses. Les adjudicamos sentimientos humanos.

En conclusión, este texto despierta el pensamiento en el lector y conmueve. Indagar en las aspiraciones y esencia del ser humano es un enigma, al cual nos podemos aproximar por los actos que realizamos y la coherencia con sus creencias. El deseo, es sentirse vivo. En él se incluye la curiosidad, el asombro, el aprendizaje, la empatía, las decisiones, etc. que tanto llama la atención a los dioses porque ellos carecen de la muerte.




             Josefina Núñez Montoya
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