Presagio
Vetusta
es la rama que me sostiene, aunque se cimbree,
al
regreso del vuelo diario en busca de alimento,
cuando
casi no quedan granos después de la siega,
una
vez recogidas las mieses en su ciclo temporal,
de otear los campos hasta extenuarme y embolarme.
Acógeme
libre, en movimiento, sin dudar un instante,
aunque
no pueda mi pituitaria percibir los olores
tardíos
e inesperados, los vivo; los aromas ascienden,
se
tornan más sensibles desde arriba, llegan vibrando;
mi
cuerpo se contorsiona para identificarlos, percatarme.
A
las aves que no vuelan entretienen sin abrumarlos,
apenas
sin consciencia, de conciencia estéril y yerma,
lentamente,
sacudidos por la inercia, los mueven;
forman
parte de la utilería de la vida, ufanos están.
Tiempos
repletos de ocasiones confusas, deliberadas,
carentes,
aunque ausentes, son virtuales y expandidas;
cuando
despiertes, verás lo que te has perdido sin saber.
Creías
estar alerta y expectante, a pesar de estar durmiente;
no
cabe explicación a tu ceguera; te cubría un velo, quizás.
Solo
el que busca tendrá, el que quiera ver, verá.
Isabel Canales
1 comentario:
magnifico y dislocado poema para tocar nuevas tecla en la poesía,. Adelante. Francisco Herrera
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