Club de Letras UCA (Cádiz, Jerez de la Frontera y Algeciras)
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lunes, 14 de mayo de 2018

Textos homenaje a Miguel Hernández en San Pablo de Buceite (4-5-18)


CARTA QUE PABLO NERUDA ESCRIBIÓ EN PARÍS, EN OCTUBRE DE 1960, PARA CONMEMORAR EL 50 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE POETA DE ORIHUELA

Seleccionada por AGUSTÍN FERNÁNDEZ


Recordar a Miguel Hernández, que desapareció en la oscuridad, y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor.

Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela, cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra.

No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía, sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando.

Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra!

¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!”

Pablo Neruda





MIGUEL, SU FIRMEZA

Por FRANCISCO HERRERA

1942, Miguel HERNÁNDEZ, poeta, prisionero de guerra, le imponen escribir un himno para glorificar a sus carceleros, vencedores de esa guerra, a cambio de su libertad, él rechaza escribirlo, incluso a pesar de su precaria salud.

Su ideología y principios son más fuertes, aceptarlo le suponía salir de ese estado de miseria, hambre, piojos, y , sobre todo, poder estar con su esposa e hijo de pocos meses.

Darse por vencido, es lo último que haría, prefiere antes, estar en cárceles inmundas, sin saber cuál sería su destino, y decidió ser fuerte y resistir hasta dónde sus fuerzas le alcanzaran.

Su motivación vital era escribir, escribir y para ello empleó hasta restos de papeles destrozados, que hoy se conservan, y allí, a pesar de su triste situación, escribió el bellísimo y a su vez trágico poema “Nana de las cebollas” dedicado a su pequeño hijo.

“En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba”

Miguel murió en esa cárcel en un triste duelo, el tiempo hizo de esta poderosa acción una victoria para la libertad del pensamiento, demostrando que no hay cárceles para la fuerza de las ideas y la creatividad, y que llevó consigo Miguel, el sello de la firmeza por encima incluso de la vida. Hoy Miguel Hernández Gilabert, es el Poeta del pueblo.




POEMA PARA ELLOS

Por LEONOR MONTAÑÉS

Me invadió una pena inmensa,
como si todas las penas contenidas
fluyeran al mismo tiempo.

Me paralizó la imagen aquella,
la muerte manipulada,
la muerte a destiempo.

Me ciñó las entrañas un puño
de rabia, y una hoja fría
me rasgó el alma.

Cuerpos sin carne, solo huesos.

Cuerpos enterrados sin llantos,
sin consuelo, sin ataúdes incluso,
solo su miedo,
y la impotencia,
y la injusticia,
y el terror como juez,
y el hermano como verdugo.

Cuerpos cubiertos con cal y tierra,
arrojados al pozo negro del olvido forzado.

Muertos trenzados a otros muertos.

Ahora, que el tiempo ha devorado
la mueca de dolor en sus rostros,
parece que una sonrisa complacida,
nos recibe.

Son los huesos que gritan, ya sin miedo,
desde su distancia infinita.





NOSTALGIA

Por CARMEN ORCERO


Recordar a Miguel Hernández me sabe a nostalgia. Decir su nombre es como si me acurrucara junto a la adolescencia, cuando mis convicciones eran de barro y apenas sabía deletrear la palabra libertad.

Desde entonces, he sentido cada uno de sus versos lacerándome el alma, abocándome al tacto de la carne talada, al sabor de la sangre de la cebolla y a los besos florecidos sobre las almohadas. Cuántas veces, en todo este tiempo, he querido ser llorando el hortelano de una ausencia que me ha herido como un rayo. Cuántas veces, como él, también yo he sentido que empiezo a morir de punta a punta.

Sirva este homenaje al poeta y a todos sus niños yunteros, porque tengo que celebrar que un día, en Orihuela, su pueblo pero no el mío, Miguel nació con tres heridas para enseñarme a llorar con un verso.






SEXO EN INSTANTE

Seleccionado por ENRIQUE ROJAS

1
A un tic-tac, si bien sordo, recupero
la perpendicular morena de antes,
bisectora de cero sobre cero,
equivalentes ya, y equidistantes.
Clama en imperativo por su fuero,
con más cifras, si pocas, por instantes;
pero su situación, extrema en suma,
sin vértice de amor, holanda espuma.

2

¡Al polo norte del limón amargo
desde tu arena azul, cociente higuera!
Al polo norte del limón subiera,
que no a tu sur, te subo sim embargo.
Colateral a tu almidón, más largo,
aquél amaga de otra y una esfera.
A dedo en río, falta anillo en puente:
¡cómo ha de vadearte netamente!

Miguel Hernández, de “Perito en lunas”






OLIVOS NEGROS
Por CRISTÓBAL MORENO

(Homenaje a Miguel Hernández y a tres vecinos residentes -a la fuerza- en una fosa común.)

Olivos con raíces de huesos; huesos con corazones de plomo; plomo, acebuches y huesos pintados con sangre española, y por la muerte arremolinados.

¡Cómo tu Rayo, Miguel Hernández, que no cesa!, aún no ha cesado mi conformada memoria: de tus poemas, de tu sentencia, ni de tu cárcel. Presa tu muerte por la tuberculosis de España, fuiste librado de un entierro en cuneta sin césped, cuando rugía plomo ardiendo con lava de odio. Volcán bajo olivos negros de muertos sin guadañas, que esperan digno entierro adornado con flores de invernadero en cualquier cementerio sembrado de espadañas, y no en fosas que a la humanidad empañan. En cementerios, en cunetas, en fosas o al aire libre; enterrados por la fuerza de la muerte, de la sinrazón: asesinato cruel de una España a otra España, que hoy, con lágrimas aún enrojecidas, se lavan las manos en las mismas blancas palanganas.

Ay!, madre, que por esa curva yo no quiero pasar. ¡Qué no, que no quiero yo, sentir a la muerte!. Sentirla, sentirla..., y sentirla rota en su vida sola. Sentirla llorando, asida a sus rojos huesos. Carabelas..., comiendo tierra obrera: española, jimenata y sampableña. Te enterraron sin apellidos y te mataron con ellos..., María. Sola de sentimientos y acompañada de muertos y balas machacadas. Frasquita Oliver García, bajo el olivo está tu alma perforada y rota. Estás junta a esas otras dos, abrazadas, al miedo enredadas. Manuel Reyes: sin reino y de dos reinas rodeado. Algo te dejaron.

¡Que no, que no quiero oir matando a órdenes de fuego! ¡Ay!, madre, por esa curva de acebuches y olivos negros, bajo El Llano de los Algarrobos, carretera de San Pablo, dehesa de Buceite, yo, llorando, por ese lado, por esa cuesta, pasar no quiero, pues tres gritos muertos me llaman, sedientos de amor y de flores. Gritos faltos de familia, fallidos en su muerta vida. Esas voces me dicen, que salvo yo, ya nadie oye sus llantos olvidados, y enmarañados entre raíces secas de colorada savia. ¡Madre..., yo por allí, no quiero pasar!. ¡Qué no quiero sentir, tres veces a la muerte llamar! ¡Qué no, que no quiero yo, por esa curva pasar, ni por la carretera ni por la vía!, pues Frasquita, Manuel o María, ni siquiera sabían, el porqué siguen allí enterrados, ni el motivo por el que morían.





EN UN CHARCO DE SANGRE

Por MARIBEL SÁNCHEZ


Que no te alcen la voz,
que no te silencie nadie.
Que someter con yugos y golpes
es cosa de hombres cobardes.

Huye, huye lejos donde su ira,
Jamás pudiese alcanzarte.
Huye, sin mirar atrás,
Y sin sentirte culpable.
No escuches sus lloros ni súplicas
Que su dolor no te engañe.

El que de verdad te quiere,
no usa látigos para amarte
ni  palos, ni puños, ni navajas
ni empujones, ni amenazas,
ni insultos para dañarte.

No ocultes tus moratones.
No tienes de qué avergonzarte.
Huye, huye donde él no lo sepa
que ningún amor se merece,
yacer, en un charco de sangre.




LLEVO UN MILLAR DE VERSOS EN MI MALETA

Por PAQUI SÁNCHEZ

Llevo un millar de versos en mi maleta como único equipaje. Sueño con llegar a la capi tal. Dejo la estrechura mental de cualquier pueblo. Los provincianos leen poca poesía.

Aquí me siento atrapado. Quiero andar mi camino, como diría Machado. Soy poeta: he de abrir puertas. Tomo el tren que me llevará a mi futuro. Lejos, probaré suerte.

Al menos, como último intento, lanzaré mis palabras al aire. Por si alguien quisiera leerlas. Quizá le alegren el día, o le hagan ver de mejor color la vida. Quizá le sirvan para creer en su persona, y restaurar la ilusión.

Vaciaré mi maleta y la llenaré de nuevo. Volveré a ensayarlo. Es lo que quiero hacer: Dar esperanza con mis poemas.



HABLANDO A SOLAS
Por PEPI ROLDÁN
Caminando a ciegas
entre velos de silencio.
En la calle a solas.
Mis palabras al aire.

He perdido la noción  del tiempo.
Las ideas me aturden.
Honda herida que no cierra
y el pensamiento más hiere.

A tientas,
al abismo de la tarde.
Cuanto más camina el día
más larga la noche se hace.

Mi soma en la oscuridad.
La luz de la tarde azota mi frente.
No encuentro mi realidad.

Cuando resbalan las sombras
y muere la luz del día.
Cuando se van los recuerdos
y la cordura te olvida.

Cuando el hoy y el mañana,
el pasado y el presente
amalgaman un instante
en la cubeta del alma,
todo vuelve oscuridad.

Los sueños, las alegrías,
las ilusiones perdidas.
La voz de la aurora,
el silencio del atardecer.

Carcoma que mutila
sueños y libertad.
La ansiedad, que no deja respirar.

En un instante
el mundo abate a tus  pies.
Alma sin cuerpo,
materia asolada
en el escalón del viento.
Nimbos que enfrentan
titanes y gnomos
a un mismo tiempo.





UNA IMAGEN
Por ROSA MARRUFO

Una imagen tuya en la pequeña pantalla de mi teléfono móvil. Rememoro momentos tristes de tus últimos meses de vida.
En lo mas recóndito de mi alma resurgen inquietos sentimientos de dolor y angustia reprimidos. Desde que te ausentaste tres heridas en mi no sanan:

-      Tu muerte, largo tiempo esperada.
-      Tu vida, truncada por tan cruel mal
-      Tu amor,de mis tres heridas, la peor. Tu muerte en mis brazos. Tu postrero beso: recuerdos que se atenuarán con el tiempo. Olvidaré tu enfermedad. Recordaré los felices e íntimos momentos pasados juntos.

Pero… ¿Y el amor? ¿cómo curar su herida?

El amor no muere nunca, es mas fuerte que la vida y la muerte, duele como herida sangrante que no cicatriza nunca, que parece curarse pero al menor roce vuelve a sangrar.

Tu amor estará siempre en mi y mi herida no se cerrará nunca.

No hay lugar ni persona que no me recuerde a ti, ni amor comparable al tuyo.

Padezco tu inevitable ausencia.


Quisiera absorber la distancia que nos separa, sentir tu presencia protectora.

Tu imagen me consuela y conforta.

¡Tu imagen me acompaña!

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